En la madrugada del 2 al 3 de enero de 2026, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en Caracas y trasladarlo a territorio estadounidense para ser juzgado. 

A partir de las declaraciones públicas del presidente Donald Trump, de su secretario de Estado Marco Rubio, de su secretario de Guerra Pete Hegseth y del jefe del Estado Mayor Conjunto Dan Caine, esto es lo que, hasta ahora, podemos reconstruir:

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Objetivo central: capturar vivo a Maduro y a su esposa

En una conferencia de prensa desde Palm Beach, Trump y sus funcionarios describieron la operación como una misión de “aprehensión” para llevar ante la justicia a “dos personas acusadas”: Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. 

Ambos, según el relato oficial, fueron detenidos en su residencia en Caracas y embarcados posteriormente en el buque USS Iwo Jima, desde donde serían trasladados a Estados Unidos para ser juzgados, previsiblemente en Nueva York o Miami.

Trump subrayó que Maduro ya estaba acusado en la Corte del Distrito Sur de Nueva York por cargos de narcoterrorismo, que existía una recompensa millonaria por su captura y que la operación tenía como finalidad que se enfrentara a la justicia estadounidense.

La operación “Absolute Resolve”

El jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Kane, reveló que la misión fue bautizada como “Operation Absolute Resolve” (Operación Resolución Absoluta) y la describió como discreta, precisa y planificada durante meses. Según su relato, la operación involucró:

  • Más de 150 aeronaves de diversos tipos (cazas, bombarderos, aviones de inteligencia y vigilancia, helicópteros y drones).

  • Despegues coordinados desde unas 20 bases en tierra y mar repartidas por el hemisferio occidental.

  • Una fuerza de extracción compuesta por militares de distintos cuerpos y agentes de seguridad/justicia.

Los helicópteros que transportaron a la fuerza de asalto habrían volado a muy baja altura sobre el mar hacia Venezuela, protegidos por aviones de la Fuerza Aérea, la Armada, la Infantería de Marina y la Guardia Aérea Nacional. 

De forma paralela, y según el propio Kane, se activaron capacidades de los comandos cibernético, espacial y de inteligencia para “abrir un corredor” y desactivar defensas aéreas venezolanas para permitir la entrada y salida de las fuerzas militares sin ser derribadas.

Kane ubicó el momento clave de la orden presidencial a las 22:46 (hora de Washington) del día 2, y el arribo al complejo de Maduro a la 1:01 (hora de la Costa Este) del día 3. La exfiltración final de la fuerza y de los detenidos al mar se habría completado alrededor de las 3:29 de la madrugada.

Una incursión sin bajas estadounidenses

Tanto Trump como Kane insistieron en un punto: según su versión, no hubo ninguna baja estadounidense y no se perdió ningún equipo militar. Un helicóptero habría sido alcanzado por fuego enemigo, pero siguió operativo.

Según la descripción oficial, hubo fuertes enfrentamientos armados: los helicópteros recibieron fuego al llegar al área objetivo y respondieron con “fuerza abrumadora” en defensa propia; también se habrían producido varios incidentes de fuego defensivo durante la retirada. Aun así, la Casa Blanca presentó la operación como un ejemplo casi perfecto de coordinación y precisión militar.

Trump contó que Maduro intentó refugiarse en una habitación blindada de seguridad dentro de su residencia, pero que la rapidez de la fuerza de asalto le habría impedido cerrar la puerta. Según la versión presidencial, incluso si hubiera logrado atrincherarse, Estados Unidos tenía medios para volar esa puerta en cuestión de segundos. No hay, fuera de las palabras del presidente, una corroboración independiente de ese detalle.

El relato de la inteligencia previa

Kane describió un periodo prolongado de preparación de inteligencia. Habló de “meses” de trabajo de agencias como la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial (NGA, por sus siglas en inglés) para localizar a Maduro, estudiar sus rutinas, lugares de residencia, movimientos, hábitos cotidianos e incluso detalles menores (comida, vestimenta, mascotas). 

Esa fase tenía un doble objetivo: elegir un momento con un clima que permitiera volar y minimizar el riesgo tanto para civiles como para el propio objetivo, con la premisa declarada de capturarlo vivo para ser juzgado.

La operación se habría retrasado varias veces por la meteorología adversa, hasta que, ya pasada la Navidad y el Año Nuevo, se alinearon las condiciones para ejecutar la misión.

Cómo justifica Estados Unidos la operación

En sus declaraciones, Trump articuló tres justificaciones para la incursión militar:

  1. Narcotráfico y violencia en territorio estadounidense
    El presidente describió a Maduro como cabecilla de una red de narcotráfico de escala “colosal”, asociada a un “Cartel de los Soles” responsable, según sus declaraciones, de “inundar” Estados Unidos de drogas letales y causar la muerte de “cientos de miles” de estadounidenses a lo largo de los años.

    Además, acusó al régimen de haber vaciado cárceles y enviado a Estados Unidos a sus “peores y más violentos” presos, incluyendo miembros de la banda Tren de Aragua. A ese grupo lo responsabilizó de controlar complejos de apartamentos en Colorado, de mutilar a residentes que llamaban a la policía y de crímenes específicos, como el secuestro, agresión y asesinato de una niña de 12 años en Houston.

    Estas afirmaciones, en su versión, encajan en una visión de Venezuela como exportador deliberado de criminalidad (pandillas, narcotraficantes, enfermos mentales peligrosos) hacia Estados Unidos.

  2. Amenaza geopolítica y militar en el hemisferio
    Trump sostuvo que, bajo Maduro, Venezuela albergaba “adversarios extranjeros”, en alusión a Irán, Rusia y China, y adquiría armas ofensivas capaces de amenazar intereses y vidas estadounidenses. Afirmó incluso que esas armas se usaron la noche de la operación y potencialmente con colaboración de carteles que operan en la frontera de Estados Unidos.

    Trump consideró esto como una violación de principios históricos de la política exterior estadounidense, remontándose a la Doctrina Monroe —”América para los americanos”—, y subrayó que su gobierno pretende que no se vuelva a cuestionar “la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental”.

  3. Conflicto por los activos petroleros y “robo” de propiedades
    Otro eje central del discurso fue el petróleo. Trump denunció que Venezuela habría incautado y vendido petróleo, activos y plataformas que describió como “propiedad estadounidense” construida por empresas y capital de Estados Unidos.

    El mandatario calificó esa expropiación como uno de los mayores robos de propiedad estadounidense de la historia del país y la utilizó para justificar que, tras la operación, Washington no sólo derroca a un líder, sino que asume la gestión directa de la industria petrolera venezolana a través de grandes compañías estadounidenses, con la promesa de que los beneficios servirán para “reembolsar” a Estados Unidos y, en teoría, beneficiar también a la población venezolana y a la diáspora en Estados Unidos.

Administración temporal de Venezuela

Trump fue explícito al afirmar que Estados Unidos va a “dirigir” Venezuela durante una fase de transición. Habló de una administración temporal “segura, adecuada y juiciosa” y aclaró que, durante un periodo no definido, quienes estarían efectivamente al mando serían, en gran medida, los militares y altos cargos que lo acompañaban en la comparecencia.

Según su propia explicación:

  • Estados Unidos mantendrá una presencia en el país para “asegurar” que Maduro no sea reemplazado por otro liderazgo que, en su percepción, no tenga “el bien del pueblo venezolano en mente”.

  • Grandes petroleras estadounidenses invertirán “miles de millones” de dólares en reconstruir la infraestructura petrolera, descrita como obsoleta, dañada y peligrosa.

  • Esos desembolsos, aseguró, serán recuperados íntegramente vía explotación petrolera, insistiendo en que “no costará nada” al contribuyente estadounidense.

  • Los beneficios del petróleo, según su discurso, se repartirán entre tres destinatarios: la población venezolana, venezolanos exiliados o migrantes en Estados Unidos, y el propio Estado estadounidense en concepto de compensación por daños.

Trump no concretó plazo, pero reconoció que le gustaría que la fase de administración fuera “rápida”. Al mismo tiempo subrayó que la magnitud de la reconstrucción energética haría necesario un periodo prolongado.

El papel de la actual dirigencia venezolana y de la oposición

Tras la captura de Maduro, la vicepresidenta que había sido designada por él, Delcy Rodríguez, fue juramentada formalmente como presidenta interina, según Trump, quien dijo que Rodríguez está “esencialmente dispuesta” a hacer lo que Washington considere necesario para “hacer a Venezuela grande de nuevo”. 

Sobre la oposición tradicional, Trump señaló que figuras como María Corina Machado no tendrían, a su juicio, suficiente apoyo o respeto interno para liderar por sí solas el proceso, lo que refuerza la idea de que la arquitectura política de la transición será diseñada fundamentalmente desde Washington.

Mensaje al resto de la región

Las declaraciones posteriores a la operación incluyeron también mensajes dirigidos a otros gobiernos latinoamericanos. 

Trump acusó al presidente de Colombia, Gustavo Petro, de tener “molinos” y “fábricas” de cocaína que abastecen el mercado estadounidense, y advirtió que “tiene que cuidar su trasero”.

Sobre Cuba, la definió como una “nación fracasada” y sugirió que su situación será objeto de futuras decisiones, con una retórica de “ayuda al pueblo” similar a la aplicada a Venezuela.

Rubio recordó que buena parte del aparato de seguridad de Maduro estaba infiltrado por agentes cubanos, presentando la caída del venezolano también como un golpe indirecto a La Habana.

En conjunto, el mensaje buscó presentar la operación no sólo como un ajuste de cuentas con Maduro, sino como una demostración de fuerza destinada a disuadir a otros gobiernos percibidos como hostiles de “jugar” con Washington.

Lo que no sabemos (todavía)

Aunque el relato oficial es muy detallado en lo operativo, hay aspectos clave aún opacos o basados sólo en la palabra de la Casa Blanca:

No hay, por ahora, verificación independiente de la escala exacta del despliegue (número y tipo de aviones, alcance del uso de fuego en territorio venezolano, balance real de víctimas locales).

Tampoco se conoce el número de combatientes venezolanos muertos o heridos durante la incursión ni el daño preciso en infraestructura en Caracas.

No hay detalles públicos sobre el marco jurídico interno que se invocó para autorizar una operación de esta magnitud en un país con el que Estados Unidos no estaba oficialmente en guerra.

La duración y la forma concreta de la administración estadounidense de Venezuela siguen sin un calendario claro, así como el diseño institucional de la eventual “transición” que dice buscarse.

Lo que sí está claro, a partir de las propias palabras de Trump y de sus principales funcionarios, es que la operación no fue presentada como una acción puntual y aislada, sino como el primer movimiento de una etapa nueva: una etapa en la que Washington combina la captura de un líder acusado de narcotráfico, la toma de control de una infraestructura petrolera estratégica y la reafirmación explícita de una doctrina de hegemonía en el hemisferio occidental.

Artículo generado con asistencia de Inteligencia Artificial y revisado y editado por periodistas de ACI Prensa antes de su publicación.