La parroquia de San Marcelo, Papa mártir a quien la Iglesia celebra este 16 de enero, se fundó en el siglo XVI en Lima, una obra que nació de la mano de los 12 primeros agustinos que llegaron al Perú y de la que depende la iglesia de las Nazarenas, donde se conserva la sagrada imagen del Señor de los Milagros.
Rubén Cabello Huarcaya, sacristán de la iglesia de San Marcelo, tiene la misión de cuidar el templo y proteger las obras artísticas de la parroquia, cuyos orígenes se remontan a la comunidad agustina —a la que pertenece el Papa León XIV— que llegó al Perú en 1551 y que entonces inició la construcción de un claustro y un templo.
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“En este terreno se funda la provincia agustiniana de Nuestra Señora de Gracia, que es la provincia agustina que se encuentra en el Perú”, explicó Cabello a EWTN Noticias.
La Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Decana de América por ser la primera universidad del continente, fundada en mayo de 1551, usó temporalmente las instalaciones de la iglesia. Cabello señala que en la sacristía de esta parroquia se eligió, entre los cuatro evangelistas, a San Marcos como titular del centro de estudios.
Tiempo después, Santo Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de Lima que confirmó a Santa Rosa de Lima, y que es ahora patrono de los obispos latinoamericanos, fundó la parroquia de San Marcelo en 1585.
San Marcelo fue Papa entre los años 308 y 309. Tras la persecución contra la Iglesia, se dedicó a reorganizar las parroquias y acogió a los apóstatas que habían negado su fe por miedo.
Su firmeza espiritual permitió reconstruir la comunidad cristiana en un periodo de profunda crisis. El emperador romano lo condenó a realizar trabajos forzados cuidando animales. Murió mártir en el año 309 tras sufrir humillaciones y la intensa fatiga del destierro. Sus restos reposan en la iglesia de San Marcelo al Corso en Roma.
El P. Julio Rodríguez, administrador de la parroquia limeña, precisa que “el apóstata era el que renegaba de su fe. Y cuando pasaba, diríamos, ese momento duro, muchos también querían volver y él (San Marcelo) invitaba a aquellos que querían regresar a la iglesia a vivir una penitencia”.
Hoy la parroquia sigue abierta a todos. El P. Rodríguez resalta que “tenemos más que nada una pastoral de adultos que se bautizan, que se confirman y hacen su Primera Comunión. La gran mayoría viene por un tema de que se van a casar y necesitan el sacramento de la Confirmación. Y lo otro es que también acuden muchos para bautizar a sus hijos”.
Uno de los frutos vocacionales de esta parroquia es el Arzobispo de Ayacucho, Mons. Salvador Piñeiro, que era presidente del Episcopado Peruano cuando el Papa Francisco visitó el Perú en 2018.
“Mis padres se habían casado en la parroquia San Marcelo, me bautizaron, fui acólito desde los 7 años porque estábamos a una cuadra del templo. Fui catequista también en ella y al despedirme para ir al seminario se comprometieron a orar mucho por mí”, compartió el arzobispo con EWTN Noticias.
El prelado cuenta que cuando el Cardenal Juan Landázuri —Arzobispo de Lima entre 1955 y 1989— le preguntó dónde quería ser ordenado sacerdote, Piñeiro respondió que en su parroquia, “y fue un acontecimiento de comunidad, de barrio”.
Tras más de 30 años, la imagen de San Marcelo, que suele estar en lo alto del altar mayor, fue bajada para la veneración de los fieles. De aspecto imponente y rostro amable, lleva un báculo papal de tres cruces, tal como aparecen en las puntas de las torres de la iglesia.
El tiempo y los terremotos hicieron que la iglesia de San Marcelo sufriera modificaciones, reconstrucciones y restauraciones. Conserva aún retablos antiguos con la imagen de la Virgen de los Remedios.
La iglesia de las Nazarenas, donde se conserva la imagen del Señor de los Milagros, está ubicada a sólo unas cuadras de la parroquia de San Marcelo, a la que pertenece. Por eso los bautizos, confirmaciones y matrimonios que se realizan en la iglesia de las Nazarenas se registran en la parroquia marcelina.
El Señor de los Milagros, también llamado Cristo de Pachacamilla, Cristo Morado o Cristo Moreno es una imagen de Jesús pintada en una pared de adobe por un esclavo angoleño y que se conserva en su santuario en Lima.







