¿Cómo se escucha un bombardeo a gran escala? ¿Qué se siente estar en medio del fuego? Después del 3 enero, todos en Caracas, la capital de Venezuela, son capaces de responder a estas preguntas, que quizá nunca se habían cruzado antes por sus mentes.
Y es que Venezuela jamás había sufrido un ataque militar extranjero directo en el sentido clásico de una invasión. Todo cambió el sábado 3 de enero, cuando 150 aeronaves militares estadounidenses irrumpieron el cielo caraqueño para ejecutar la Operation Absolute Resolve (Operación Resolución Absoluta), que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
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Anoche en Caracas grabaron como suena un misil. Que heavy. pic.twitter.com/DlzfC6EfPd
— Juan Pablo González 🇻🇪 (@Juanegron) January 4, 2026
Cerca de las dos de la madrugada, incontables y temibles explosiones interrumpieron el sueño de millones. El silbido de las bombas, el rugir de los cazas de combate y de los helicópteros, las bolas de fuego y de humo dominaban el panorama de la ciudad. Una familia del este de Caracas —los Berti— fueron, junto a sus vecinos, testigos principales del caos.
Sobrevivir “es obra de un milagro”
Una cosa es despertar por el ruido relativamente lejano de aviones y bombas, y otra muy distinta es hacerlo por el estruendo demoledor de un proyectil que cae a menos de 20 metros de tu habitación.
Elena Berti, de 78 años, dormía sola en su casa cuando un proyectil cayó en el patio de su casa durante los bombardeos. Elena vive en un pequeño vecindario cercano a una zona conocida como El Volcán, en donde se encuentran antenas que fueron parte de los blancos a los que apuntó el poder de fuego estadounidense.
La fuerza de la explosión fue devastadora. “¡Mi casa se destruyó, mi casa se destruyó!”, fue lo único que Elena atinó a decir por el teléfono a su hija, Patricia Salazar, que solo pudo llegar a asistir a su madre horas después, cuando ya era de día y había pasado el peligro.
Video de una casa en la urbanización La Boyera, en Caracas, durante el ataque a las antenas ubicadas en El Volcán en la madrugada del 3 de enero de 2026.
— Francisco Marín Maurera (@franciscoamarin) January 4, 2026
Fue uno de los primeros blancos, probablemente para cortar las telecomunicaciones del régimen durante la operación. pic.twitter.com/OfyJjSxrG3
“Ella siempre duerme con un Rosario detrás de su almohada y siempre tiene en la mesa de noche cantidad de santos, hay algunos que perdieron la cabeza lamentablemente. Yo digo que ella es obra de un milagro, así como mis tíos que viven arriba”, aseguró Salazar en entrevista con ACI Prensa.
Dos grandes ventanales, ubicados sobre la cabeza de Elena, volaron en pedazos. Un gran pedazo del espaldar de su cama, de madera pesada, también se rompió. Varias puertas y paredes fueron destruidas. La cocina quedó casi irreconocible. Hay daños tan significativos en la estructura de la casa, que es necesario demoler una gran porción.
Pero a Elena no le pasó absolutamente nada.

“En la mañana ella me empieza a mandar las fotos, bien fuertes, la casa destruida y yo lo único que le escribí es la frase de la Novena del Abandono, que la he estado leyendo que dice: Oh Jesús, yo me entrego a ti, me abandono a ti, ocúpate Tú de todo”, recuerda Patricia conmovida.
“Diosito nos va a ayudar, es Él que salvó a mi mamá y a mis tíos, que han podido morir perfectamente porque bueno, ¿cuáles son las probabilidades de que un misil, americano además con toda esa potencia te venga a caer en el jardín de tu casa y destruya, para decir poco, la mitad de tu casa? Los vidrios cayeron de tajo, completos, la pudieron picar en dos. No te puedo decir que pasó, pero definitivamente un milagro se obró”, expresó.

Seis metros menos y “hubiera sido un desastre”
Ventanas y puertas de casas a más de 200 metros del punto de impacto fueron destruidas. Casi toda la urbanización quedó afectada, no sólo en daños materiales, sino también a nivel psicológico.
En el segundo piso de la casa de Elena, en una vivienda separada, vive su hermano Arturo. Esa noche se quedó despierto hasta muy tarde: había estado leyendo en la sala de su casa, que terminó siendo el sitio más afectado por la explosión, hasta pocos minutos antes del proyectil.
“Al ratico oigo un silbido largo y al final un impacto, una explosión fenomenal, una cosa impresionante. Se movió todo, se movió la cama. Sentí que se movió el edificio, se reventaron todos los vidrios, la cama toda llena de vidrio”, relató Arturo Berti.

Inmediatamente intentó resguardarse junto a su esposa, sin saber exactamente qué había sucedido. Arturo aseguró que quienes han escuchado la historia y visto los videos de la explosión no se explican cómo lograron salir con vida.
“Tiene que ser un milagro, es algo impresionante. Si hubieran sido seis metros menos, cae dentro de la casa y no sé qué hubiera pasado, hubiera sido un desastre. Por supuesto, yo creo mucho en Dios, siempre he creído en Dios, en la Virgen y en José Gregorio. Es así, fue la mano de Dios”, dijo al borde de las lágrimas.
“¿Tú no crees en Dios?”
Justo al lado de la residencia Berti viven Gracia Mónaco y su hija, Ana María Campos. Los daños de su casa se concentraron en sus dos habitaciones. Mientras estaba en su cama, una esquirla abrió un gran agujero muy cerca de Ana María.
En medio del humo y los escombros, se dirigió al cuarto de su mamá, que ya no tenía ventanas. Los marcos estaban doblados de manera pronunciada y las paredes se agrietaron violentamente. Ana María estaba en estado de shock, muy angustiada.
En ese momento, la fe de Gracia se ancló a una pequeña imagen de la Santísima Virgen, que recién había colocado en su mesa de noche, pocas horas antes de los bombardeos. En medio de la incertidumbre, dirigió unas palabras de consuelo a su hija:

“Ana María, ¿tú no crees en Dios? Ella se queda en silencio y yo le digo: Esta Virgen que está aquí, hace dos días no estaba. Yo la encontré en el closet donde la había guardado y dije: La voy a poner otra vez, aquí está. Yo la tengo aquí al lado de las fotos de mis padres que ya fallecieron y que son para mí lo más importante después de mis hijas”, contó Gracia.
“Yo le dije: Aquí explotó mi ventana, entraron escombros, yo sufrí el momento, pero esta Virgen se mantuvo aquí sin moverse, sin caerse y para mí eso significa algo. Tienes que creer en eso, que Dios existe, que nos acompaña, que nos salvó”, añadió.
El sobresalto y los nervios de Ana María se aligeraron gracias a las palabras de fe de su madre, que la conmovieron.

“Entonces mi mamá me dice: Mira, Ana María, esta Virgen yo la tenía guardada y la saqué. Vieras cómo quedó esa Virgen: Intacta, ni se cayó. Todo lo demás se había caído y la Virgen siguió en pie. La tenía en la mano y la puso al lado de donde estaba y me dijo: ¿Tú no crees en Dios, no tienes fe? Me conmovió esa verdad, que por un momento lo había dejado todo en la parte humana y me olvidé de Él por unos segundos, en el sentido de que me dejé impresionar y angustiar”, dijo.
Gracia, su hija, la familia Berti y todos sus vecinos son la prueba de la fe inconmovible del venezolano, aún en las condiciones más adversas, abundantes especialmente en los últimos 25 años, pero que después de todo y de tanto no se ha quebrantado.
“Esto para mí es importante, es vital porque yo tengo fe y la fe me acompaña todo el tiempo. Por eso yo le digo a ella que hay que creer siempre, no eventualmente. Dios está con nosotros siempre, en todo momento y en toda circunstancia”, concluyó Gracia.
Los Berti han iniciado una campaña de recaudación donde cualquiera puede colaborar en la reconstrucción de su casa. El que lo desee también puede donar materiales de construcción para la casa de Gracia Mónaco y la de los demás vecinos.






