COMENTARIO: La verdad importa, los medios importan y los seres humanos nunca son meros instrumentos — ni siquiera cuando el objetivo es culpable y la tentación de "hacer algo finalmente" es abrumadora.
Las noticias de este fin de semana procedentes de Venezuela cayeron como un trueno. El presidente Trump y su equipo describieron lo que parece ser una operación casi impecable como una acción de aplicación de la ley vinculada a acusaciones en Estados Unidos.
Sin embargo, Trump también habló en el lenguaje del control: que Estados Unidos dirigiría Venezuela hasta que esté "lista" para valerse por sí misma. También cuestionó la posición de María Corina Machado, una figura destacada de la oposición, sugiriendo que no es respetada por el pueblo venezolano.
Esa combinación —lenguaje de aplicación de la ley, lenguaje de tutela y un ataque público a la oposición— desencadenó reacciones previsibles. ¿Qué quiere decir Trump con "control"? ¿Tenía la autoridad para extraer a funcionarios venezolanos?
Algunos vitorearon. Otros condenaron. La mayoría de la gente eligió un bando antes de conocer los hechos. Los católicos deberían resistir este reflejo.
No porque seamos ingenuos ante el mal. No porque no entendamos las amenazas. Sino porque la Iglesia enseña algo inconveniente en un mundo adicto a las consignas y, hoy en día, a los resultados instantáneos: la verdad importa, los medios importan, y los seres humanos nunca son meros instrumentos —ni siquiera cuando el objetivo es culpable y la tentación de "hacer algo finalmente" es abrumadora.