El presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), Mons. Jesús González de Zárate, vivió horas de gran preocupación la noche del pasado sábado 3 de enero, cuando Estados Unidos lanzó una operación militar en Venezuela que incluyó bombardeos sobre instalaciones militares estratégicas y culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores.

Ha pasado casi una semana pero “una lectura global de los acontecimientos del pasado sábado y sus consecuencias resulta difícil, porque cada día aparecen nuevas informaciones y van desarrollándose nuevas dinámicas en torno a estos hechos, lo que nos aconseja tener prudencia y paciencia”, asegura en conversación con ACI Prensa.

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Admite que el modo de analizar las cosas el sábado en la mañana no fue el mismo que en la tarde, porque “surgieron muchos interrogantes” tras la rueda de prensa de Trump, en la que aseguró que su país gobernará Venezuela y descartó a la opositora María Corina Machado como líder.

“En la población surgen muchas interrogantes sobre el futuro inmediato”

Toda la comunidad católica vive ahora, como el resto del país, “una calma tensa”. “En la población surgen muchas interrogantes sobre el futuro inmediato”, asegura. 

El día de la intervención militar, por la tarde, la gente se echó a la calle y a los supermercados para proveerse de insumos, pero desde el domingo “se ha ido retomando progresivamente el tránsito de vehículos y las actividades laborales”, asevera.

Antes de que la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, que ha llamado a la cooperación con Washington, asumiera el poder este lunes como presidenta encargada ante la nueva Asamblea Nacional, siguiendo órdenes del Tribunal Supremo de Justicia, los obispos venezolanos emitieron un comunicado para expresar su cercanía y acompañamiento al pueblo venezolano.

"La fe nos da razones para vivir estos momentos difíciles confiando en el amor de Dios"

En sus oraciones, explica Mons. Zarate, están también “los familiares de quienes han sido heridos o han perdido la vida”. “A todos les decimos que la fe nos da razones para vivir estos momentos difíciles confiando en el amor de Dios, y con fortaleza y esperanza”, asegura.

Otra de sus preocupaciones son los 7,9 millones de venezolanos que han salido de su país buscando protección y una vida mejor, según datos de ACNUR.

“Los obispos venezolanos nos hemos pronunciado en muchas ocasiones sobre la realidad de la migración de millones de nuestros compatriotas a otros países. Es un tema que nos preocupa, sobre todo, porque en los últimos tiempos se han desarrollado políticas públicas que los afectan sensiblemente”, explica.

Más allá de estas consideraciones, el presidente de los obispos venezolanos prefiere no pronunciarse oficialmente sobre la situación política hasta que se pueda tener un panorama “más claro”.

"Los obispos hemos mantenido un constante seguimiento y discernimiento de los mismos, con espíritu de fe y en un clima de oración, iluminados por los grandes principios de la doctrina social de la Iglesia. Cuando tengamos una visión más integral y precisa, podremos pronunciarnos sobre ellos", añade.

En todo caso, adelanta que la visión de la Iglesia pasa por la petición del Papa de “garantizar la soberanía nacional” en el país.