Sobre la oposición tradicional, Trump señaló que figuras como María Corina Machado no tendrían, a su juicio, suficiente apoyo o respeto interno para liderar por sí solas el proceso, lo que refuerza la idea de que la arquitectura política de la transición será diseñada fundamentalmente desde Washington.
Mensaje al resto de la región
Las declaraciones posteriores a la operación incluyeron también mensajes dirigidos a otros gobiernos latinoamericanos.
Trump acusó al presidente de Colombia, Gustavo Petro, de tener “molinos” y “fábricas” de cocaína que abastecen el mercado estadounidense, y advirtió que “tiene que cuidar su trasero”.
Sobre Cuba, la definió como una “nación fracasada” y sugirió que su situación será objeto de futuras decisiones, con una retórica de “ayuda al pueblo” similar a la aplicada a Venezuela.
Rubio recordó que buena parte del aparato de seguridad de Maduro estaba infiltrado por agentes cubanos, presentando la caída del venezolano también como un golpe indirecto a La Habana.
En conjunto, el mensaje buscó presentar la operación no sólo como un ajuste de cuentas con Maduro, sino como una demostración de fuerza destinada a disuadir a otros gobiernos percibidos como hostiles de “jugar” con Washington.
Lo que no sabemos (todavía)
Aunque el relato oficial es muy detallado en lo operativo, hay aspectos clave aún opacos o basados sólo en la palabra de la Casa Blanca:
No hay, por ahora, verificación independiente de la escala exacta del despliegue (número y tipo de aviones, alcance del uso de fuego en territorio venezolano, balance real de víctimas locales).
Tampoco se conoce el número de combatientes venezolanos muertos o heridos durante la incursión ni el daño preciso en infraestructura en Caracas.
No hay detalles públicos sobre el marco jurídico interno que se invocó para autorizar una operación de esta magnitud en un país con el que Estados Unidos no estaba oficialmente en guerra.
La duración y la forma concreta de la administración estadounidense de Venezuela siguen sin un calendario claro, así como el diseño institucional de la eventual “transición” que dice buscarse.
Lo que sí está claro, a partir de las propias palabras de Trump y de sus principales funcionarios, es que la operación no fue presentada como una acción puntual y aislada, sino como el primer movimiento de una etapa nueva: una etapa en la que Washington combina la captura de un líder acusado de narcotráfico, la toma de control de una infraestructura petrolera estratégica y la reafirmación explícita de una doctrina de hegemonía en el hemisferio occidental.
Artículo generado con asistencia de Inteligencia Artificial y revisado y editado por periodistas de ACI Prensa antes de su publicación.
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