A pocos días del inicio de la segunda edición del Diálogo Nacional por la Paz, la Arquidiócesis Primada de México precisó que “dialogar no significa negociar la dignidad humana ni pactar con la impunidad”.
En el editorial publicado el domingo 25 de enero en su semanario Desde la Fe, bajo el título Escuchar para sanar: el diálogo como camino hacia la paz, la arquidiócesis capitalina subrayó que “hay dolores que marcan un antes y un después”, y se refirió al asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, ultimados cuando intentaban proteger dentro de su iglesia en Cerocahui, en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, al guía de turistas Pedro Palma, el 20 de junio de 2022.
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“Sin embargo, ese crimen no dio lugar a una respuesta de confrontación ni de violencia, sino a una convicción más honda: que la sangre de las víctimas no podía ser estéril”, aseguró.
“De ese dolor nació la decisión de convertir la indignación en una apuesta por la paz, que se construye cuando las comunidades vuelven a hablarse, cuando el Estado asume plenamente su obligación de garantizar seguridad y justicia, y cuando la sociedad deja de alimentar la violencia con indiferencia, normalización o miedo”, añadió la arquidiócesis, subrayando que “fue así que surgió el Diálogo Nacional por la Paz”.
Promovido desde la Conferencia del Episcopado Mexicano, el Diálogo Nacional por la Paz tiene el impulso de la Dimensión Episcopal para los Laicos, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México (CIRM) y la Compañía de Jesús (Jesuitas) México.
La primera edición de este diálogo se realizó del 21 al 23 de septiembre en la sede de Puebla de la Universidad Iberoamericana (IBERO), parte del Sistema Universitario Jesuita. Este año, el evento se realizará en la universidad jesuita ITESO en Guadalajara, Jalisco, del 30 de enero al 1 de febrero.
La Arquidiócesis Primada de México destacó que este segundo encuentro “convoca a más de mil participantes —académicos, especialistas, víctimas de la violencia, comunidades religiosas, representantes de gobierno, entre otros— y les propone asumir tres actitudes fundamentales: mirar, interpretar y actuar”.
En este marco, subrayó que “dialogar es construir juntos las condiciones para que la justicia sea posible y para que la seguridad no sea un privilegio de unos cuantos”.
“Desde su misión evangelizadora, la Iglesia propone la paz como una vocación: ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz’”, señaló, asegurando que “oramos para que el clamor nacido en Cerocahui no se diluya con el paso del tiempo, sino que se transforme en un compromiso nacional por escuchar, dialogar y actuar, hasta que la paz se convierta en una realidad”.





