El Obispo de Lurín y presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Mons. Carlos García, lanzó un mensaje directo sobre la corrupción que carcome las instituciones de su país y afirmó que "Dios quiere que el corrupto cambie y se convierta". 

Las palabras llegaron esta semana durante la visita ad limina Apostolorum que los obispos de las 46 jurisdicciones eclesiásticas de Perú realizan en el Vaticano.

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En entrevista con ACI Prensa, Mons. García denunció una corrupción que ya no se esconde en las sombras. "No se limita a ámbitos marginales, sino que alcanza también niveles altos de las instituciones". 

El prelado describió un panorama preocupante donde la corrupción está "orquestada" y "se da en diversos ambientes y grupos", erosionando sistemáticamente "el poder y la credibilidad institucional" del país. A ello se suma la violencia del sicariato, “que genera miedo e inseguridad en amplios sectores de la población”, aseguró. 

Este panorama, explicó el obispo, complica aún más la tarea evangelizadora en una sociedad que insiste en encerrar la fe entre cuatro paredes. "La Iglesia no puede quedarse callada ante estas situaciones de injusticia", subrayó. Para Mons. García anunciar el Evangelio significa llamar a la conversión personal y social, aunque incomode o genere rechazo.

“Esto nos cuestiona cómo evangelizar en un ambiente adverso”, aseveró. 

“Queremos ver la fe sin que se meta en la sociedad y en la verdad… Muchos dicen que no se meta en nuestras vidas privadas. Que no nos prediquen los mandamientos… . Pero ¿a qué queremos reducir la religión? Dios quiere que el corrupto cambie, se convierta”, planteó.

Junto a la corrupción y la violencia, el presidente del episcopado peruano enumeró otros retos urgentes, como la precariedad del sistema de salud, las deficiencias educativas, la desnutrición, el desempleo y la elevada informalidad laboral. 

Todos estos retos sociales están sobre la mesa en las reuniones que los obispos peruanos en bloque están manteniendo en los distintos dicasterios del Vaticano.

En este sentido, destacó que el Papa León XIV conoce de primera mano estas problemáticas, no solo por su experiencia como Obispo de Chiclayo y misionero en el Perú, sino también por su cercanía humana y pastoral al país. “Sabe cómo se vive y cómo se sufre en el Perú”, afirmó Mons. García, subrayando la importancia de que la Iglesia siga acompañando a quienes carecen de recursos.

Durante estos días, los prelados están compartiendo la realidad pastoral, social y eclesial del país con los distintos dicasterios y organismos de la Curia romana.

El momento más importante de la semana será este viernes, cuando tengan una audiencia privada con León XIV, un encuentro de especial relevancia histórica dada la estrecha vinculación del Pontífice con la Iglesia peruana.

La relación del Papa con el Perú

León XIV llegó a Perú como misionero en 1985, donde se estableció primero en Chulucanas. Tres años después regresó para desarrollar su labor pastoral en Trujillo. Allí sirvió durante más de una década. En 2015 fue nombrado obispo de Chiclayo y ocho años después, en 2023, el Papa Francisco lo designó prefecto del Dicasterio para los Obispos en el Vaticano. El Papa cuenta además con nacionalidad peruana.

Mons. García recordó que la elección del entonces Cardenal Robert Prevost como León XIV fue recibida en el Perú con “gran gozo y alegría”, especialmente en el contexto del Año de la Esperanza. 

A ello se sumó la sorpresa de que la visita ad limina se fijara para enero de este año, lo que obligó a las diócesis a preparar con rapidez los informes pastorales que recogen el trabajo de los últimos cinco a siete años.

“Ha sido un proceso intenso”, comentó García, destacando la riqueza de los encuentros mantenidos hasta ahora con los dicasterios vaticanos. “El diálogo ha sido fluido y profundo”, añadió..

“En este ambiente sinodal, nos hemos puesto a escuchar para saber discernir y saber cómo actuar”, explicó. Así, señaló, que lo más importante es poner a Cristo “en el centro de nuestra vida”. “Si no partimos de Él todo se derrumba”, manifestó.

La visita al Vaticano está marcada por una intensa vida litúrgica. Los obispos celebran cada mañana la Eucaristía en lugares emblemáticos: el lunes lo hicieron en la Basílica de San Juan de Letrán y el resto de días, en la Basílica de San Pedro, junto a la tumba del Apóstol San Pedro. 

“Pedimos luces, fuerza y fortaleza para responder, como pastores, a los retos que vive el Perú y para acompañar desde la fe a nuestros pueblos, que atraviesan múltiples dificultades”, afirmó.

El Obispo de Lurín ha participado ya en cuatro visitas ad limina, con cuatro pontífices distintos: San Juan Pablo II en 2002, Benedicto XVI en 2009, Francisco en 2017 y ahora León XIV. 

A su juicio, aunque cada visita es diferente, todas comparten el valor del diálogo fraterno con la Santa Sede y la posibilidad de afrontar, desde la comunión eclesial, los desafíos de cada momento histórico.

Mons. García destacó la evolución de estas visitas tras la reforma de la Curia impulsada por el Papa Francisco, que ha reforzado la escucha mutua entre el centro y las periferias de la Iglesia. “No se trata solo de recibir indicaciones, sino también de compartir la realidad concreta de cada país”, explicó.

La visita ad limina concluirá el sábado con una ceremonia en los Jardines del Vaticano, donde será entronizada una imagen de Santa Rosa de Lima, patrona de América. 

Para Mons. García, este gesto simboliza el sentido profundo de la visita: la llamada a la oración y la contemplación, la vivencia del sacrificio como expresión de amor y un amor profundo a la Iglesia y a los pobres, en quienes se reconoce el rostro de Cristo.

“Mirando a Santa Rosa, retomamos los retos que la llevaron a seguir a Cristo con radicalidad y a entregarse totalmente hasta el final”, concluyó el prelado.