Dos hermanos mexicanos que pagaron con su vida la defensa de su fe católica han comenzado oficialmente su camino a los altares. Se trata de José Eusebio Arnulfo de Jesús Sierra Vera y José Marcelino Anastasio de los Dolores Sierra Vera, laicos asesinados durante la Guerra Cristera.
Originarios de Guanajuato, los hermanos Sierra vivieron los últimos años de la Revolución Mexicana y el inicio de la persecución religiosa impulsada por el Estado, en las primeras décadas del siglo XX, un periodo marcado por una profunda convulsión social.
Recibe las principales noticias de ACI Prensa por WhatsApp y Telegram
Cada vez es más difícil ver noticias católicas en las redes sociales. Suscríbete a nuestros canales gratuitos hoy:
En ese contexto crecieron como campesinos, formaron sus familias y vivieron su fe hasta que su decisión de auxiliar y proteger al fraile agustino Elías del Socorro Nieves durante su ministerio clandestino los condujo a ser asesinados a los 30 y 33 años, respectivamente.
“La santidad no excluye a nadie”
El pasado 9 de enero se abrió la causa de beatificación de estos hermanos con una Misa celebrada en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, ubicada en la comunidad de Cañada de Caracheo, tierra natal de los hermanos Sierra, en la Diócesis de Celaya, Guanajuato.
Durante el acto se presentaron los documentos oficiales conocidos como el decreto de nihil obstat (nada impide), mediante el cual la Santa Sede certifica que no existen obstáculos para iniciar el proceso de beatificación de estos laicos, compañeros de Fray Elías del Socorro Nieves, quien fue beatificado por San Juan Pablo II el 12 de octubre de 1997.
Asimismo, se presentó al sacerdote maltés Josef Sciberras, de la Orden de San Agustín, como postulador de la causa.
El 24 de enero, el P. Adolfo Manzano León, párroco de Nuestra Señora de los Dolores, expresó a ACI Prensa su alegría por el inicio del proceso de beatificación, y destacó que el testimonio de los hermanos Sierra demuestra que la santidad “no excluye a nadie y se da sin importar las circunstancias de nuestras realidades”.
El sacerdote explicó que los hermanos Sierra eran laicos comprometidos, que vivieron en una época marcada por profundas dificultades sociales, económicas, políticas y religiosas, y que aun así “se mantuvieron firmes en la fe”.
Añadió que su testimonio representa un especial valor para la Diócesis de Celaya, ya que fortalece a los agentes de pastoral que “son atacados por su fe o están dudosos de entregarse al Señor en el servicio a sus hermanos”.
Según explicó el P. Manzano León, tras la apertura de la causa sigue una investigación seria y profunda sobre el contexto y la fama de martirio de los hermanos Sierra, a cargo del tribunal establecido por el Obispo de Celaya, Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma.
Asimismo, invitó a los fieles a orar para pedirle a Dios que “dé dos mártires para gloria de su Iglesia y honra de los miles de laicos que dieron la vida para defender nuestra fe, y por los laicos que hoy en día sirven en las comunidades parroquiales”.
¿Quiénes fueron los hermanos Sierra?
De acuerdo con una biografía compartida con ACI Prensa, José Eusebio Arnulfo de Jesús y José Marcelino Anastasio de los Dolores Sierra Vera nacieron en el municipio de Cortázar, Guanajuato, en 1894 y 1897, respectivamente.
Vivieron en la comunidad de Cañada de Caracheo, donde se dedicaban al trabajo del campo y a la venta de productos como leche, requesón y maíz.
Su vínculo con la Iglesia se fortaleció cuando en 1921 llegó a la comunidad el fraile agustino Elías del Socorro Nieves, con quien los hermanos Sierra entablaron una profunda amistad.
La vida de fe en la comunidad de Cañada de Caracheo y en todo el país se vio interrumpida en 1926, cuando el presidente de México, Plutarco Elías Calles, endureció los artículos anticlericales que contenía la Constitución de 1917, mediante la “Ley sobre delitos y faltas en materia de culto religioso y disciplina externa”, conocida también como “Ley Calles”, que imponía severas restricciones a la vida de fe.
Ante esta situación, el 31 de julio de 1926, los obispos mexicanos, con el visto bueno de la Santa Sede, rechazaron la “Ley Calles” y suspendieron el culto público en todo México. El gobierno federal respondió con una violencia más encarnizada contra los católicos.
En este contexto, Fray Elías del Socorro Nieves le pidió a la comunidad no responder con violencia y se refugió durante dos años en una cueva en el monte, desde donde continuó atendiendo clandestinamente a los fieles. Los hermanos Sierra asistían diariamente a la Eucaristía y le proporcionaban al sacerdote alimento y ayuda.
El 9 de marzo fueron capturados por haberle dado hospedaje al fraile, y al día siguiente fueron sentenciados a morir fusilados junto a su amigo sacerdote. Antes de morir pidieron confesarse. Ambos se negaron a arrodillarse ante los soldados, afirmando que “sólo lo hacían ante Dios”.
El 10 de marzo de 1928, los hermanos Sierra y el sacerdote fueron ejecutados. José Eusebio murió gritando “¡Viva Cristo Rey!”.




