La ciudad de Comodoro Rivadavia, en la provincia argentina de Chubut, vive días de conmoción tras el colapso del Cerro Hermitte, que afectó a cientos de familias. 

Tras el desplazamiento de tierras, que comenzó el domingo a la madrugada, puso a barrios enteros ante el peligro de colapso. Ante esta situación, el Municipio ordenó “autoevacuación inmediata” y declaró la emergencia geológica y urbanística. 

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Además de los colapsos en muros, techos y calles, el movimiento produjo roturas en instalaciones subterráneas de servicios como gas y agua, y el corte repentino de la electricidad durante la noche del desplazamiento. 

Ante lo repentino del colapso y la orden de desalojar inmediatamente las viviendas, muchos vecinos no llegaron a rescatar sus pertenencias. Los barrios más afectados son Sismográfica, El Marquesado, Los Tilos y Médanos. 

Tras lo ocurrido, el Obispo de Comodoro Rivadavia, Mons Jorge Wagner, llamó a la comunidad a unirse en oración y poner a disposición su solidaridad con las familias que quedaron sin hogar. 

“Comodoro está herido”, expresó el obispo al visitar las zonas afectadas, y llamó a los fieles a responder con oración, solidaridad y acompañamiento concreto para contener a las personas y renovar la esperanza ante lo sucedido. 

En nombre de la diócesis, el prelado envió palabras de cercanía a las familias que están viviendo "un momento de tanto dolor y tan difícil", recoge la agencia AICA

"La oración nos da la fuerza de Dios, que es siempre nuestro refugio y fortaleza, y también moviliza nuestro corazón hacia un amor concreto y solidario", expresó, al compartir una oración elaborada especialmente para acompañar esta circunstancia. 

Además de apelar a la ayuda material, Mons. Wagner señaló la importancia de la ayuda afectiva con escucha, presencia, acompañamiento y contención.  

El obispo destacó además la importancia no sólo de la ayuda material, sino también de la ayuda afectiva: la contención, la escucha, la presencia y el acompañamiento.  

En esa línea, pidió no permanecer indiferentes ante el clamor de quienes perdieron sus hogares y rezó para obtener la gracia de "no bajar los brazos y no perder la esperanza". 

A continuación, compartimos la oración ante la emergencia por el derrumbe: 

Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados... Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día (2 Cor. 4, 8-9.16). 

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos 
nos sentimos heridos y agobiados. 
Una vez más acudimos a Ti. 
para entregarte el dolor de tantas familias afectadas 
por las pérdidas materiales y afectivas 
por la incertidumbre y el desamparo. 

Dales Señor el abrazo de tu consuelo, 
la fortaleza en el ánimo, la fe perseverante,  
y la firmeza de espíritu en sus decisiones. 

Concede a nuestras autoridades 
la gracia de obrar con empatía y espíritu de servicio, 
liberados de cualquier otro interés,  
que no sea el de las familias afectadas. 

Concédenos a nosotros, comunidad creyente, 
el auténtico espíritu solidario, fruto del amor comprometido, 
que no abandone a los hermanos  
en su lucha por "empezar de nuevo". 

Que María, nuestra Madre,  
nos acompañe con su ternura, en estos días difíciles,  
y nos ayude a reconocer, con corazón agradecido 
los signos del amor de Dios, presentes en nuestra historia. Amén.