El devastador incendio del pasado 1 de enero en un bar de la estación de esquí de Crans-Montana, en Suiza, que dejó 40 víctimas mortales, en su mayoría jóvenes, no dejó indiferente al Papa León XIV, quien quiso sumarse al duelo con un telegrama enviado apenas un día después de la tragedia. Un gesto de compasión se materializó este jueves en una audiencia con los familiares de las víctimas.
El Santo Padre expresó personalmente esta cercanía durante la íntima audiencia que se llevó a cabo este 15 de enero en el Palacio Apostólico del Vaticano. Con semblantes tristes y rostros marcados por el cansancio y el dolor, padres, hermanos y amigos de los jóvenes que perdieron la vida mientras celebraban el Año Nuevo encontraron un leve alivio al escuchar las palabras sinceras y llenas de esperanza del Pontífice.
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Un momento de prueba de nuestra fe
Al inicio de su discurso, leído en italiano, el Papa expresó su gratitud por poder encontrarse con ellos. “Quería al menos tener la oportunidad de compartir un momento que, para ustedes, en medio de tanto dolor y sufrimiento, es verdaderamente una prueba de nuestra fe, es una prueba de lo que creemos. Uno se pregunta muchas veces: ‘¿Por qué, Señor?’”.
A continuación, el Pontífice describió con conmovedora claridad la situación que atraviesan estas familias: “Una de las personas más queridas para vosotros, más amadas, ha perdido la vida en una catástrofe de extrema violencia, o bien se encuentra hospitalizada durante un largo período, con el cuerpo desfigurado por las consecuencias de un terrible incendio que ha impactado el imaginario del mundo entero. Y todo ello en el momento más inesperado, en un día en el que todos se alegraban y celebraban para intercambiarse deseos de alegría y felicidad”.

¿Qué decir en una circunstancia semejante?
“¿Qué decir en una circunstancia semejante? ¿Qué sentido dar a tales acontecimientos? ¿Dónde encontrar un consuelo a la altura de lo que estáis viviendo, un alivio que no esté hecho de palabras vanas y superficiales, sino que toque en lo profundo y reavive la esperanza?”, se preguntó el Papa León XIV.
El Santo Padre aseguró que tan sólo existe una palabra adecuada capaz de acompañar en semejante dolor: “La del Hijo de Dios en la cruz —a la que hoy estáis tan cercanos—, que desde lo más hondo de su abandono y de su dolor gritó al Padre; ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’”.
Después de tres días en silencio —recordó— llegó la respuesta del Padre a la súplica del Hijo: “¡Pero qué respuesta! Jesús resucita glorioso, viviendo para siempre en la alegría y en la luz eterna de la Pascua”.
La fe ilumina los momentos más oscuros y dolorosos de la vida
A la luz de la esperanza de la resurrección, el Papa lamentó no poder explicarles por qué se les ha pedido a ellos afrontar una prueba semejante. “El afecto y las palabras humanas de compasión que hoy os dirijo parecen muy limitadas e impotentes. Por otra parte, el Sucesor de Pedro al que habéis venido a encontrar hoy os lo afirma con fuerza y convicción: vuestra esperanza no es vana, porque ¡Cristo ha resucitado verdaderamente!”.
Más tarde, el Pontífice afirmó con contundencia que “nada podrá separaros jamás del amor de Cristo, al igual que a vuestros seres queridos que sufren o que habéis perdido. La fe que habita en nosotros ilumina los momentos más oscuros y dolorosos de nuestra vida con una luz insustituible, que nos ayuda a continuar valientemente el camino hacia la meta”.
“Jesús nos precede en este camino de muerte y resurrección — añadió— que requiere paciencia y perseverancia. Estad seguros de su cercanía y de su ternura: Él no está lejos de lo que estáis viviendo; al contrario, lo comparte y lo lleva con vosotros”.

Dirigir vuestras lágrimas a la Virgen María
Al término de su discurso, el Papa les aseguró las oraciones de toda la Iglesia y la suya personal. “Vuestro corazón hoy está traspasado, como lo estuvo el de María al pie de la Cruz. Nuestra Señora de los Dolores está cerca de vosotros en estos días, y a ella os encomiendo”, dijo a continuación.
Por último, les invitó a “dirigir a ella sin reservas vuestras lágrimas y buscad en ella el consuelo materno que podrá daros. Como ella, sabréis esperar con paciencia, en la noche del sufrimiento pero con la certeza de la fe, a que amanezca un nuevo día; y volveréis a encontrar la alegría”.
Tras impartir la bendición apostólica, el Papa León XIV invitó a todos a unirse con ellos en la oración con un Padre Nuestro y un Ave María, creando un momento de recogimiento compartido en medio del dolor.
Al concluir, saludó personalmente a cada uno de los presentes, quienes se acercaron a León XIV con entereza. El Papa les dio la mano y les transmitió su pesar y cercanía a través de gestos de ternura y compasión.



