El Cardenal Víctor Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, invitó a los fieles a dejarse “transformar” por el Señor durante su homilía en la toma de posesión de su título cardenalicio en Roma. 

El conocido como “Tucho” Fernández y considerado también como el “teólogo del Papa Francisco” tomó posesión de la Diaconía de los Santos Urbano y Lorenzo a Prima Porta en una Misa celebrada el domingo 3 de diciembre a las 11 horas (hora de Roma).

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El purpurado argentino fue creado cardenal por el Papa Francisco en el consistorio del 30 de septiembre de este año, poco después de comenzar su nuevo cargo al frente de uno de los dicasterios de mayor relevancia del Vaticano.

Al inicio de su homilía, el Cardenal Fernández destacó la importancia de la “armonía” dentro de las familias, al tiempo que invitó a los presentes a rezar para que el Señor “arroje luz” sobre aquello que “más necesitáis en este momento de vuestra vida”.

Tras unos segundos de oración personal, el prefecto del Dicasterio para la Fe reflexionó sobre las lecturas del día e instó a que la Palabra de luz “nos ayude a entender el sentido de nuestra vida y por qué vivimos”.

El Cardenal Víctor "Tucho" Fernández toma posesión de su título cardenalicio en Roma. Crédito: Elisabeth Alva/ACI Prensa
El Cardenal Víctor "Tucho" Fernández toma posesión de su título cardenalicio en Roma. Crédito: Elisabeth Alva/ACI Prensa

Confianza y atención

De la primera lectura, el Cardenal Fernández destacó dos palabras: confianza y atención. Afirmó, además, que “son dos cosas que nos ayudan a vivir en paz”.

En cuanto a la primera, puntualizó que se trata de “dejarnos transformar y conducir” por el Señor. 

En este sentido, invitó a los presentes a pronunciar “con el corazón” la frase “Tú, Señor, eres nuestro Padre”, y a mirar sin miedo a los ojos de Dios, quien nos invita “a tener una relación personal con Él”.

Animó también a los fieles a dejarse modelar por el Señor, pues Él “sabe mucho mejor que yo aquello que necesito”. De esta manera, aseguró, podrá “iluminar nuestra vida y transformarnos”.

Recordó que muchos santos son ejemplo de esta confianza en el Señor, como Santa Teresa de Lisieux o San Francisco de Asís. 


También resaltó que “hay personas que no se dejan transformar, y dicen: ‘Yo soy así, estoy bien así, ¿qué necesidad tengo de cambiar nada?’. Otros dicen: ‘Yo no cometo pecados graves, no soy tan vicioso como otros, ¿qué tengo que cambiar?’. Estas personas no son arcilla, son piedras duras que ni siquiera serán tocadas por el Espíritu Santo. Y entonces mueren aunque estén vivas, porque no crecen y no mejoran más, y mucho menos ofrecen algo nuevo al Señor”.

Más tarde, puntualizó que “los orientales, especialmente los budistas, nos invitan a ser como el agua, porque se adapta a cualquier recipiente, se suelta, y si entra en un vaso toma la forma de vaso, si entra en una botella toma la forma de botella, es flexible, es adaptable”.

A continuación, el cardenal señaló que debemos estar “vigilantes de lo que nos dice el Señor” para poder “saborear la vida”. 

Subrayó que “el Señor transforma nuestra vida y la hace más plena” y advirtió sobre la tentación del “idealismo”. En este sentido, aconsejó no pedir a Dios “ser perfectos”, sino tener el corazón atento para valorar las pequeñas cosas de la vida. “Para crecer se necesita vivir cada momento”, precisó. 

“En medio de la miseria y de la oscuridad hay muchas pequeñas cosas que son buenas, que son reales. Pueden ser imperfectas, pueden no ser el cielo, pero son reales. Despierta. Vive”, animó.

El purpurado afirmó que “el Espíritu Santo es capaz de llevar estos dos elementos" a nuestro interior e invitó a pedirle tener un corazón atento y a confiar en Dios. 

"El Adviento que comenzamos es tiempo de cambio, pero para que éste se produzca de verdad, pedimos al Señor un corazón confiado y atento".

A modo de conclusión, recordó que el Papa Francisco “nos propone ser una comunidad en crecimiento, atenta, que no se contenta con poco” e instó a trabajar para cumplir este llamado. 

Por último, invitó a los fieles presentes a mantener otro rato de silencio en oración para pedir al Espíritu Santo que “transforme nuestro corazón”, especialmente durante este Adviento, al que se refirió como “un tiempo de transformación”.

Título cardenalicio

Durante el consistorio, el Santo Padre asigna a cada cardenal una Iglesia de Roma, lo que se conoce como “título” Ello simboliza su participación en el cuidado pastoral del Papa por la ciudad. 

Todos los títulos están vinculados a la diócesis de Roma y a sus suburbios, representando así la unidad del colegio cardenalicio y su común colaboración con el ministerio pastoral del Santo Padre como Obispo de Roma.