23 de enero de 2026 Donar
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Las visitas ad limina tras bastidores: lo que sucede cuando los obispos del mundo llegan a Roma

Los obispos de Puerto Rico mantienen un encuentro con el Papa al concluir la visita ad limina/ Crédito: Vatican Media

La semana pasada comenzaron en el Vaticano las visitas ad limina Apostolorum, peregrinaciones oficiales a Roma que realizan todos los obispos del mundo, normalmente organizados por conferencias episcopales, para renovar su comunión con la Sede de Pedro.

La expresión ad limina Apostolorum procede del latín y significa “a los umbrales de los Apóstoles”. Durante estos días, los obispos visitan las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo, así como los distintos dicasterios del Vaticano, culminando la peregrinación con un encuentro con el Papa.

Obispos rezan ante la tumba de San Pedro durante su visita ad limina. Crédito: P. Miguel Silvestre

¿Cuándo se realizan?

Desde el punto de vista canónico, estas visitas deberían realizarse cada cinco años; sin embargo, en la práctica, suelen espaciarse cada siete u ocho años o incluso más, debido al elevado número de obispos y a diversas circunstancias. Entre ellas, la pandemia de la covid supuso un importante parón en el ritmo de las visitas, que también se suspenden durante los Años Jubilares.

El P. Miguel Silvestre, de la Obra de la Iglesia, tiene encomendada la misión de acoger a los prelados y facilitar, en la medida de lo posible, su estancia en la Ciudad Eterna. Se trata de un “cometido logístico” vivido con humildad, discreción y espíritu de servicio.

“Organizamos los horarios de los desplazamientos y acompañamos a los obispos a las diversas basílicas y a los encuentros en los distintos dicasterios”, explica el joven sacerdote español a ACI Prensa. 

Para el P. Miguel, el hecho de que los obispos puedan desplazarse de un sitio a otro con seguridad “supone para ellos un gran alivio y hace que la visita sea más ágil y confortable, ya que muchas veces no saben moverse muy bien por Roma o les resulta complicado”.

“Los que vivimos en Roma —añade— sabemos el caos que supone esta ciudad y, viniendo desde lejos, tener a alguien que te guíe y acompañe da mucha tranquilidad”.

El sacerdote remarca la relevancia de estos encuentros, donde se manifiesta “de manera concreta la comunión eclesial y jerárquica de todo el episcopado de un país, como Iglesias Particulares, entre ellos y con la Iglesia Universal, a través de su unión con el Santo Padre”.

El Papa León XIV junto a los obispos de Puerto Rico este 23 de enero. Crédito: Vatican Media

El origen de las visitas ad limina

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Aunque no consta una fecha específica sobre la institución de la visita ad limina, el P. Miguel precisa que muchos testimonios remontan su origen al siglo IV. 

En el siglo VI inició la obligación ad limina propiamente dicha, lo que posteriormente se extendió universalmente, con distintas regulaciones hasta quedar de manera establecida por el Derecho Canónico como existe hoy. “Fue San Juan Pablo II quien dio un impulso nuevo y renovado a este tipo de visitas de los obispos con el Santo Padre”, recuerda el P. Miguel.

¿Quién las organiza?

Los encuentros los organizan el Dicasterio de los Obispos y el Dicasterio de Evangelización, en la sección de Evangelización de los Pueblos, y en colaboración con todos los dicasterios. Según detalla el P. Miguel, “la estructura ha ido variando a lo largo de los siglos”.

Además, los obispos trabajan en diferentes documentos durante años que posteriormente mandan a los dicasterios, para después dialogar sobre los temas expuestos. “Es una manera de evaluar la situación de cada Iglesia particular, y después recibir consejos o ayudas por parte de los dicasterios, para seguir adelante llevando la misión que el Señor les ha encomendado a los obispos”, explica el P. Miguel, quien subraya que los prelados “salen muy agradecidos de estas reuniones”.

Prueba de ello es el testimonio de Mons. Alberto Figueroa, obispo desde 2022 de la Diócesis de Arecibo, en Puerto Rico. Este 23 de enero ha concluido su primera visita ad limina junto a ocho obispos de su país.

En conversación con ACI Prensa tras la reunión con el Papa León XIV, describió su experiencia como “sorprendentemente buena y hermosa”, reconociendo que “siempre hay nervios” al visitar la Santa Sede. 

Destacó también que la recepción en los dicasterios fue “absolutamente maravillosa”, donde encontraron un personal “dispuesto a escuchar”. Para el prelado puertorriqueño, el encuentro con el Papa fue “la guinda del pastel”.

¿Cuáles son los temas tratados?

Los temas tratados varían dependiendo de la situación del país y de la conferencia episcopal, como la evangelización, la situación del clero, las vocaciones, la situación social y política, los diferentes problemas o desafíos que están viviendo. 

Según detalló Mons. Figueroa, los obispos de Puerto Rico han tenido la oportunidad de trasladar los retos de la Iglesia en su país: “Tenemos una disminución en la natalidad muy fuerte, una emigración a Estados Unidos, también el hecho de la ideología de género y otros aspectos que afectan en todas partes”, explicó. 

Sin embargo, subrayó que “los católicos de allí siguen viviendo su fe, pues es cada vez mayor. La gente se siente comprometida con su Iglesia, ama a su Iglesia y está interesada en conocer los procesos que nos llevan a ser una Iglesia sinodal y misionera”.

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Visita ad limina de los obispos puertorriqueños. Crédito: Vatican Media

El esperado encuentro con el Papa

Respecto a su encuentro con el Papa León XIV este viernes, señaló: “nos ha enfatizado mucho en seguir trabajando muy, muy de cerca, con los temas de familia. Se ve que esto para él es una preocupación muy fuerte. Nos ha indicado que sigamos haciendo ese trabajo y tomando siempre en cuenta a la familia, su involucramiento, sus necesidades, la orientación que necesita la familia”.

“Fue muy cercano, escuchó con atención y fue evidentemente muy discreto en lo que comentó. Comprendía lo que le estábamos diciendo. Creo que la Iglesia realmente sigue siendo bendecida por el Señor a través del pontificado”, subrayó.

El prelado agradeció la acogida de la Obra de la Iglesia durante su estancia en Roma y aseguró que se siente “muy edificado: se han desbordado con todos nosotros de una manera fantástica”.

Por su parte, el P. Miguel reitera que, según su experiencia, lo que más agradecen los obispos es el encuentro con el Santo Padre. “Salen muy contentos, renovados, llenos de esperanza y confortados”.

¿Qué dificultades encuentran los obispos que llegan a Roma?

El P. Miguel subraya que Roma no es una ciudad fácil: “Las dificultades, sobre todo para los obispos que vienen de fuera y no han estudiado en Roma, pueden ser el idioma y a veces el frío, como en estos días para los obispos de Puerto Rico”. 

“Pero también es verdad que la mayoría se adapta muy bien, aunque el programa de la visita es muy exigente, con muchas reuniones y encuentros y acaban cansados”, comenta.

El P. Miguel Silvestre (izquierda), junto a los obispos de Eslovenia. Crédito: Cortesía de Tilen Vesenjak

Conociendo a más de mil obispos

En estos años de servicio, el P. Miguel ha podido conocer más de mil obispos. “Al pasar tantas horas con ellos, las anécdotas son muchas”, revela. 

El sacerdote de la Obra de la Iglesia narra a ACI Prensa algunas de las que más le “han llegado al corazón”: aquellas de los obispos de zonas de misión, en Amazonas, Papúa Nueva Guinea, o en algunas zonas de África.

“Las historias que cuentan son impresionantes, realmente. Hay obispos que tienen que navegar durante varios días en lancha para llegar a las comunidades más alejadas de sus diócesis. Otros que tienen caminar, a pie, durante horas y horas, para visitar comunidades en medio de la selva, donde no existen otro tipo de accesos por el tipo de terreno”. 

También recuerda la dureza de las vivencias de aquellos que viven en zonas de persecución contra los cristianos. “Obispos que han sufrido mucho en sus diócesis, viendo raptar a alguno de sus sacerdotes, viendo asesinados o sufriendo la guerra, o el hambre y la miseria de su gente. Incluso conozco a un obispo que fue secuestrado por narcotraficantes, y otro que estuvo en la cárcel”, revela.

Ante este panorama, el P. Miguel asegura sentirse “con la obligación de rezar por ellos y por sus diócesis, y de seguir ofreciendo mi vida por la Iglesia, especialmente por el Papa y por los Obispos”. 

“Creo que es algo que tiene que entrar en la conciencia de todos los cristianos: rezar por nuestros obispos, por todos, porque son los sucesores de los Apóstoles, las columnas de la Iglesia, y también necesitan nuestro apoyo, humano y espiritual”, concluye.

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