El Obispo Mons. Juan Ignacio Arrieta, secretario del Dicasterio para los Textos Legislativos y miembro del Opus Dei, explicó a ACI Prensa de qué manera el Concilio Vaticano II cambió el Derecho de la Iglesia. 

En primer lugar, aclaró que el Código de Derecho Canónico existe “para dar unidad a la Iglesia, que está en cinco continentes y en culturas muy diversas”.

El origen del Derecho en la Iglesia

“La Iglesia necesita un Derecho, y aunque es una sociedad espiritual y peregrina en la tierra y en la historia, tiene que regirse, y por ello desde el principio se han establecido normas”, señaló el Obispo.

Añadió además que el Derecho de la Iglesia “tiene unas características muy especiales”.

En cuanto a sus orígenes, Mons. Juan Ignacio Arrieta explicó que “San Pío X, en 1918 vio la necesidad de sintetizar toda una serie de leyes que estaban muy repartidas y era un caos aplicarlas, y así sirvieran para todo el mundo”.

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Dentro de este Código, existen las pautas de “cómo se celebran los sacramentos, cuál es el poder de la jerarquía, cómo se dirige una Universidad o colegio católico…las materias eclesiásticas que sirven para publicar en todo el mundo a través de un código sencillo”, señaló.

“La Ley sigue al ser”

Preguntado acerca de la razón por la que Juan XXIII vio la necesidad de renovar dicho Código en 1919, el Obispo español aclaró que “la Ley de la Iglesia sigue al ser de la Iglesia”.

Además, apuntó que el Concilio Vaticano II no hizo cambios en lo esencial, sino que sobre todo “profundizó en muchas cosas”.

Juan XXIII vio que esas leyes habían quedado obsoletas, por lo que había que acomodar el Código según las nuevas reglas y los nuevos conceptos que trajo el Concilio”, aclaró.

La influencia del Concilio Vaticano II

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“El Concilio Vaticano II cambió el modo de presentarse la Iglesia, la forma en la que la Iglesia se presenta en la sociedad”, aseguró Mons. Arrieta.

En este sentido, señaló que antes del Concilio la Iglesia se presentaba como un Estado o Monarquía y sus cambios trajeron sobre todo “una reflexión sobre el episcopado y la estructura del gobierno de la Iglesia”.

“El primer cambio es que la Iglesia ya no se presenta como un Estado moderno, sino en base a la Teología”, aseguró.

Con el Concilio, “se funda lo que es el ser propio de la Iglesia, que es una Comunión de Diócesis, donde los pastores, que son los obispos, están unidos entre sí y a su vez al Papa”.

Explicó además que “el Derecho ya no se concibe como algo que hace la autoridad, sino como un reflejo de lo que producen los sacramentos”.

En cuanto al cambio en los derechos de los fieles, señaló que el Bautismo da a los fieles unos derechos, “donde el fiel ya no es un mero receptor de la actuación de la jerarquía, sino que es además una persona que tiene que ser activo, con derechos y deberes”. 

“Los pastores deben explicar bien a los fieles que estos derechos que tienen en la Iglesia no son como los derechos políticos que tienen en un país para votar al que quieren, sino que los derechos del fiel dentro de la Iglesia son para edificar la Iglesia”, aclaró.

“La jerarquía tiene el deber de dirigirla, orientarla, dar los sacramentos…pero el deber de realizar la misión de Cristo la tenemos todos los fieles”, aclaró.

El espíritu de colegialidad

Los cambios en el Código de Derecho Canónico se hicieron a partir de “un espíritu de colegialidad”, lo que Mons. Juan Ignacio Arrieta explicó como aquello que hace referencia al “Colegio de los sucesores de los Apóstoles, que son los obispos”.

Todos los que somos miembros del Colegio tenemos deber de actuar en ‘colegialidad’. Tengo que decir las cosas en sintonía con los demás miembros del colegio”.

“Y esto tenemos que hacerlo todos los obispos, incluido el Papa, que también es un obispo. El deseo de Jesús es que vayamos todos en la misma dirección”, defendió. 

Esta colegialidad, apuntó, no debe confundirse con “sinodalidad”, ya que la sinodalidad hace referencia, sobre todo ahora, a un concepto que se puede expresar en términos de participación. 

“Yo creo que la sinodalidad que busca el Papa es poner ‘en armas’ por así decirlo, a los fieles cristianos para que sepan que hay que tomarse en serio el Bautismo, para hacer apostolado, para hacer la Iglesia y para ser testigos de Cristo”, concluyó.