Un teólogo crítico de Humanae Vitae, una atea proaborto, dos rabinos y varios musulmanes son algunos de los nuevos miembros de la Pontificia Academia Para la Vida, unos nombramientos que el organismo del Vaticano ha defendido a través de un comunicado.

Estos nuevos miembros, creados por el Papa Francisco el 15 de octubre, han generado cierta polémica y por ello la entidad se ha visto obligada a dar explicaciones. 

Cabe destacar que el reconocido médico católico José María Simón Castellvi, presidente Emérito de la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos, criticó este 19 de octubre el continuo nombramiento de “académicos abortistas, defensores de la eutanasia en algún grado o detractores de la Humanae vitae” como miembros de la Pontificia Academia para la Vida, y lamentó que “alguien convenció al Santo Padre de ello”.

Por su parte, en el comunicado emitido en la tarde del 19 de octubre, la Academia Para la Vida defendió la necesidad de incluir “a mujeres y hombres con experiencia en varias disciplinas y de diferentes orígenes, para un constante y fructífero diálogo interdisciplinario, intercultural e interreligioso”.

“Por eso entre los académicos también hay no católicos: dos rabinos, un Académico sintoísta, musulmanes, un teólogo anglicano”, explicaron en el comunicado.

Sin embargo, en esta lista no citaron al teólogo francés Mons. Philippe Bordeyne, defensor de la bendición a parejas homosexuales y crítico de la Humanae Vitae de San Pablo VI, que pasará a formar parte del Consejo Directivo.

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Tampoco a Mariana Mazzucato, atea, defensora del aborto y promotora de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, que atacan explícitamente a la vida, la familia y los valores cristianos.

La Academia Pontificia para la Vida se definió como “un organismo de estudio e investigación” y aseguró que por ello es necesario “el diálogo entre personas de diferentes orígenes”.

También aclararon que “los nombramientos de los Académicos Ordinarios los hace el Papa” y que “antes de ser nombrados, los nombres propuestos o recomendados pasan por un procedimiento que implica la consulta al Nuncio Apostólico y a la Conferencia Episcopal de los países donde viven y trabajan los académicos”. 

“Esto también ocurrió en este caso y no hubo problema”, aseguraron.