La Arquidiócesis de Panamá inauguró una gruta de la Virgen de Lourdes, ante una gran cantidad de fieles que se dieron cita el 1 de febrero, al inicio de la novena previa a la fiesta mariana que la Iglesia celebra cada 11 de febrero.

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El domingo 1 los fieles iluminaron con sus velas la noche de Panamá, liderados por el arzobispo local, Mons. José Domingo Ulloa, quien presidió el evento en los exteriores del templo de Nuestra Señora de Lourdes en la localidad de Carrasquilla en la capital panameña.
Según señala una nota de la Arquidiócesis de Panamá enviada a ACI Prensa, la gruta es similar a la Massabielle (Francia), donde la Virgen se apareció a Santa Bernadette Soubirous en 1858 y se presentó a sí misma como la Inmaculada Concepción.

La gruta, señala la nota, será “un espacio permanente de oración y encuentro con Dios, al que los fieles podrán acudir en todo momento para encomendar sus intenciones, elevar plegarias por los enfermos y encontrar consuelo espiritual bajo la protección maternal de la Virgen María”.
Mons. Ulloa precisó que esta gruta “no es solo piedra y cemento”, sino que “signo visible de la cercanía de Dios y de la ternura de María, Madre que camina con sus hijos, especialmente con quienes atraviesan situaciones de dolor, enfermedad o fragilidad”.

El arzobispo dijo también que, al igual que en la gruta de Massabielle, donde ahora está el Santuario de la Virgen de Lourdes, Dios sigue manifestando su gracia y recuerda que “la esperanza brota cuando el corazón se abre con fe y confianza”.
Al concluir la celebración, el arzobispo encomendó a toda la Iglesia en Panamá a la intercesión de Nuestra Señora de Lourdes y pidió que esta gruta “sea un hospital del alma, una escuela de fe y un hogar de esperanza”.

Los consagrados de Panamá renuevan sus votos
El 2 de febrero, día de la presentación del Señor, los consagrados de la Arquidiócesis de Panamá renovaron sus votos, en el marco de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebra en la Iglesia en la fiesta de la presentación del Señor.
La Misa fue presidida por Mons. Ulloa, con una gran cantidad de asistentes que realizaron una peregrinación desde el Convento de Santo Domingo de Guzmán hasta la Catedral Basílica Santa María la Antigua, donde se ofició la Eucaristía.

La celebración se realizó bajo el lema “Vida consagrada, ¿para quién eres?”. En su homilía, el Arzobispo de Panamá resaltó que “la vida consagrada ha sido lámpara encendida cuando otros no sabían cómo llegar” y que con su entrega generosa, la consagración a Dios de muchos “se ha hecho carne, de manera concreta y fecunda, en la historia de nuestra Arquidiócesis de Panamá”.
Hablando de las consagradas que luchan contra la trata de personas, el prelado resaltó que “allí donde otros no quieren mirar, ellas han mirado; donde otros callan, ellas han alzado la voz; donde la dignidad es pisoteada, ellas han defendido la vida y acompañado procesos de sanación”.

La hermana Ana Chávez Acosta, religiosa con más de 40 años en la Congregación Misionera de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, expresó su alegría por renovar sus votos y animó a los que disciernen su vocación, diciéndoles que “el Señor nunca se cansa de esperar, y su respuesta trae una lluvia de bendiciones para la familia, la sociedad y toda la Iglesia”.
Digna Esperanza Hernández, miembro de la Congregación Franciscana de María Inmaculada, destacó que la renovación de votos es “renovar el corazón y reencontrarnos como una gran comunidad, con diversos carismas y espiritualidades, unida en un solo objetivo: Jesucristo, presente en la Eucaristía, que nos llena de paz y amor”.





