Hace unos años, la parroquia del Buen Suceso en Madrid (España) puso en marcha una pastoral de apoyo al duelo perinatal, para acompañar a los padres de hijos fallecidos en el periodo de vida gestacional o poco después del parto.  

El acompañamiento espiritual culmina en la fiesta de la Presentación del Niño en el Templo, que este año se ha celebrado también en otras dos parroquias de la Archidiócesis de Madrid (San Alberto Magno y Santa María de la Merced, en Las Rozas), la parroquia de Nuestra Señora de la Bonanova en Barcelona, la de San Braulio en Zaragoza y la de San Antonio de Padua en Algeciras.  

Recibe las principales noticias de ACI Prensa por WhatsApp y Telegram

Cada vez es más difícil ver noticias católicas en las redes sociales. Suscríbete a nuestros canales gratuitos hoy:

Las velas con los nombres de los hijos fallecidos se colocan ante el altar, junto al libro de la presentación en el templo. Crédito: Nicolás de Cárdenas /ACI Prensa.
Las velas con los nombres de los hijos fallecidos se colocan ante el altar, junto al libro de la presentación en el templo. Crédito: Nicolás de Cárdenas /ACI Prensa.

Mariana y Archibald conforman un joven matrimonio que, hace unos meses, compartía con alegría la noticia de que estaban esperando un hijo. Sin embargo, la providencia tenía otros planes: "Perdimos a nuestro hijo a las nueve semanas de gestación. Fue muy doloroso y muy triste porque era un niño muy esperado y sobre todo muy querido”, explica Mariana a ACI Prensa.  

Cuando descubrieron la propuesta de esta pastoral de acompañamiento al duelo perinatal "fue como una caricia del Señor que nos acompañaba en el dolor”, resume.  

Al concluir la Misa en la que han presentado a su hijo Juanito en el templo, como hicieron José y María con Jesús, comparte que “ha sido un regalazo poder hacer cierto que él ha vivido, que su alma merece la pena. Al presentársela al Señor nos hemos quedado con muchísima paz de que está en los brazos de la Virgen y que nos está esperando para cuando lleguemos al cielo”.

Mariana y Archibald han presentado a su hijo Juanito, fallecido antes de nacer, en el templo. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.
Mariana y Archibald han presentado a su hijo Juanito, fallecido antes de nacer, en el templo. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.

“Mi hija Fátima vio a Inés en el cielo” 

Sara y Pablo están casados desde hace seis años. Junto a sus dos hijas vivas, han presentado este lunes en el templo a sus hijos Inés y José, fallecidos durante la gestación, la primera en el año 2024.  

“Ha sido todo un camino muy bonito, desde el 24 hasta ahora, y el día de hoy ha sido como un poco el culmen. Y ha sido bonito porque, gracias a Dios y a esta propuesta, hemos podido ver un bien en esos niños, y como que todo está bien hecho y es bueno”, explica Pablo a ACI Prensa.  

Esa mirada esperanzada no es ajena al sufrimiento y al dolor. 

"Hemos tenido que hacer un camino de ver dónde está el Señor en esto, qué sentido ha tenido la vida de nuestros hijos. Y ha sido muy bonito poder vivirlo ahora de esta forma, sin quitar todo el camino hecho, que también en el sufrimiento uno se encuentra al Señor y encuentra esa esperanza”, añade Sara, quien considera que la experiencia está siendo muy beneficiosa para su vivencia de la fe, como matrimonio y como padres.  

Sara y Pablo han hecho un camino para ver "dónde está el Señor en esto", tras fallecer sus hijos Inés y José. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.
Sara y Pablo han hecho un camino para ver "dónde está el Señor en esto", tras fallecer sus hijos Inés y José. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.

Sus hijas han vivido todo este proceso con gran naturalidad. Tanta, que la mayor, Fátima, fue la primera que supo que había muerto su hermana Inés. Fue durante un viaje en coche a Córdoba, tierra natal de Pablo. 

“De golpe mi hija empezó a señalar en el cielo a un punto fijo y a decir: ¡Es Inés, es Inés! Y nosotros: ¿Una nube con forma de bebé? No, no, es Inés [respondió Fátima]. A los cinco días me hice una ecografía, me confirmaron que no había latido. Pablo preguntó: ¿Cuánto tiempo lleva más o menos desde que ha fallecido? Y nos dijeron: Cinco días. Coincidía con ese martes en el que mi hija Fátima vio a Inés en el cielo”, relata Sara. 

Las 8 estaciones de luz de la octava antes de Navidad 

En este itinerario espiritual, impulsado por la funeraria especializada En vela, los padres son convocados una vez al mes a unos encuentros de oración basados en las lecturas previstas para la octava antes de Navidad, desde el mes de marzo hasta noviembre.   

Belén Moya, coordinadora de esta pastoral en la parroquia del Buen Suceso, explica a ACI Prensa que, tras una lectura, en grupos, hacen un ejercicio de “manducación, que es como ir repitiéndola, como si fuera masticarla para que vaya empapando, que vaya calando”.  

Tras unos diez minutos de silencio, los padres y madres pueden compartir lo que esta oración ha dejado en su corazón y, para terminar, rezan juntos a la Virgen. 

Aunque no es imprescindible acudir a todas las sesiones, la coordinadora lo recomienda vivamente pues “la palabra va abriendo luz en la grieta de tu corazón”. 

Belén Moya, coordinadora de la pastoral de la presentación en el templo en la parroquia del Buen Suceso. Crédito: Nicolás de Cárdenas
Belén Moya, coordinadora de la pastoral de la presentación en el templo en la parroquia del Buen Suceso. Crédito: Nicolás de Cárdenas

Al concluir estas sesiones a mediados de diciembre y en enero se tienen dos encuentros preparatorios para la Misa de la Presentación en el templo, en la que los padres llevan una vela con el nombre de sus hijos ante el altar.  

Así se culmina el proceso, “porque al estar en asamblea, invocando al Espíritu Santo con el sacerdote en el altar y presentar las velas de nuestros hijos, el Espíritu Santo derrocha gracias y empieza como una nueva manera de ver a esos hijos”, resume Belén Moya.  

El libro de la Presentación en el Tempo, donde quedan inscritos los hijos fallecidos. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.
El libro de la Presentación en el Tempo, donde quedan inscritos los hijos fallecidos. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.

Intercesores de sus familias 

Minutos antes de comenzar la ceremonia, el párroco de Buen Suceso, P. Enrique González Torres, recibe a ACI Prensa en su despacho. Está a medio revestir, con el alba puesta y tiene sobre su mesa el libro en el que quedan inscritos estos hijos, hoja a hoja, donde estampa su rúbrica.  

En la fiesta de este año, hay familias que han presentado, uno, dos, cinco y hasta siete hijos ante el altar, hasta completar el número de 52.

“Qué bonito es poder acompañar a estas personas, recibirlas en la comunidad, en la Iglesia, abrazarlas y acompañar este proceso, que no solamente es un proceso de duelo en el que ponemos nombre a la persona querida y fallecida y la sacamos del anonimato, del silencio, sino que, además creyendo en la intercesión de Cristo, en el poder de su sangre, creemos que se convierte en un intercesor por la propia familia”, detalla. 

Por eso es importante registrarlos, con su nombre y apellidos, incluso poniendo los nombres de quienes hubieran sido sus padrinos si hubieran sido bautizados.  

P. Enrique González, párroco del Buen Suceso en Madrid. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.
P. Enrique González, párroco del Buen Suceso en Madrid. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.

Llevar a los hijos al cielo 

El P. González recuerda que, en el bautismo, se reconoce que “el nacimiento verdadero no es dar a luz, sino dar a luz la vida eterna”, lo que es equivalente a decir que “la misión de los padres en esta tierra, a la luz de la fe, es llevar a los hijos al cielo”. 

“Nuestro destino es la vida eterna y solamente es un código binario, 0-1. Eternidad con Dios, y es el cielo, o eternidad sin Dios”, lo que permite al ser humano la libertad de acoger o rechazar a su creador, añade el párroco. 

Los niños no bautizados “no ha hecho ningún rechazo explícito”, pero sí tienen el pecado original propio de nuestra naturaleza caída. Así, surge la pregunta sobre cuál es su destino de eternidad.  

“Es necesario el bautismo para la salvación”, explica, pero también es cierto que un catecúmeno, que ha expresado su deseo de ser bautizado, si muere puede recibir exequias.  

De modo análogo, se puede decir de los bebés no bautizados, cuyos padres han expresado su voluntad de bautizarlos, que "Dios tiene mil caminos para derramar su gracia” de forma extraordinaria. 

Con la inscripción en el libro de la presentación en el templo, padres como Mariana, Archibald, Sara y Pablo, dejan constancia del deseo profundo del corazón que sostiene una esperanza: la de encontrarse de nuevo con sus hijos en la eternidad junto al Padre.  

El humo de las velas apagadas al término de la ceremonia se eleva al cielo. Crédito: Nicolás de Cárdenas /ACI Prensa.
El humo de las velas apagadas al término de la ceremonia se eleva al cielo. Crédito: Nicolás de Cárdenas /ACI Prensa.