Los 170 cardenales que participan en el consistorio extraordinario seleccionaron este miércoles- a propuesta del Papa- dos de los cuatro temas que en principio iban a discutirse para centrar sus conversaciones de este jueves, segundo y último día de esta cita eclesial que se celebra a puerta cerrada en el Vaticano.

Tras los saludos del Cardenal decano, Giovanni Battista Re, y la meditación que dirigió el Cardenal dominico, Timothy Radcliffe, el Papa anunció en primer lugar los cuatro temas sobre los que deseaba que reflexionasen: “la misión de la Iglesia en el mundo actual; el servicio de la Santa Sede, especialmente a las Iglesias particulares; Sínodo y sinodalidad, instrumento y estilo de colaboración; y liturgia, fuente y culmen de la vida cristiana”.

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Pero por la escasez de tiempo — han tenido menos de 48 horas a disposición— les pidió que eligiera sólo dos de ellos.

Después, los cardenales fueron divididos en 21 grupos diferentes para que pudieran conversar durante casi dos horas en mesas circulares y proponer al pleno los dos temas que consideraban más importantes. 

Los temas ganadores, según confirmó después el Vaticano, fueron: la cuestión del “Sínodo y sinodalidad” y la “Evangelización y carácter misionero de la Iglesia a la luz de la exhortación apostólica del Papa Francisco Evangelii gaudium”.

“Siento y experimento la necesidad de poder contar con ustedes”

Tras esa primera sesión, en que quedaron definidos los temas, el Papa lanzó un mensaje improvisado a los purpurados a los que pidió su apoyo para gobernar de forma colegial la Iglesia Universal.

“Siento y experimento la necesidad de poder contar con ustedes: ¡son ustedes quienes han llamado a este servidor a esta misión! Por tanto, quisiera decir que considero importante que trabajemos juntos, que discernamos juntos, que busquemos lo que el Espíritu nos pide”, aseguró el Pontífice.

También les animó a vivir este tiempo como una experiencia de comunión, discernimiento y renovación misionera de la Iglesia. 

“¡Gracias por estar aquí! Creo que es muy importante la participación de todos ustedes en esta experiencia como Colegio de Cardenales de la Iglesia”, señaló

El Papa destacó que el consistorio no es un ejercicio interno ni autorreferencial, sino un testimonio ofrecido a toda la Iglesia y al mundo. “No se ofrece solo a nosotros —no es para nosotros—, sino que se ofrece a la Iglesia y al mundo como testimonio de la voluntad y del deseo”, dijo, poniendo en valor el esfuerzo realizado por los cardenales al desplazarse desde distintos países para “venir a estar juntos y poder buscar juntos lo que el Espíritu Santo quiere para la Iglesia hoy y mañana”.

“¿Amamos y anunciamos a un Dios que pone de nuevo en camino?”

En su intervención, el Pontífice retomó también algunos pasajes de la homilía que pronunció en la basílica de San Pedro el día anterior, en la solemnidad de la Epifanía –justo después de cerrar la Puerta Santa– invitando a una reflexión profunda sobre la vitalidad eclesial. “Preguntémonos: ¿hay vida en nuestra Iglesia?”, planteó, para añadir: “¿Hay espacio para lo que nace? ¿Amamos y anunciamos a un Dios que pone de nuevo en camino?”.

El Papa advirtió contra el riesgo del miedo y del repliegue, evocando la figura de Herodes en el relato evangélico. “Herodes teme por su trono; se agita por lo que siente fuera de su control”, señaló, subrayando que “el miedo, de hecho, ciega”, mientras que “la alegría del Evangelio, en cambio, libera” y “sugiere caminos distintos de los ya recorridos”.

Al referirse al consistorio, el Pontífice lo describió como un signo concreto de la novedad de la Iglesia y de la acción viva del Espíritu Santo. “Este encuentro, para mí, es una de las muchas expresiones en las que podemos vivir verdaderamente una experiencia de la novedad de la Iglesia”, afirmó, antes de añadir: “¡Qué hermoso es encontrarnos juntos en la barca!”.

La razón de ser de la Iglesia “es anunciar el Evangelio”

El Papa agradeció asimismo las decisiones adoptadas en los trabajos de grupo y subrayó la importancia de no fragmentar los temas abordados. “No se puede separar un tema de otro”, señaló, insistiendo en que la Iglesia está llamada a no mirarse a sí misma, sino a ser misionera. “La razón de ser de la Iglesia no es para los cardenales, ni para los obispos, ni para el clero. Su razón de ser es anunciar el Evangelio”, afirmó con claridad.

En ese marco, destacó como ejes centrales del trabajo el Sínodo y la sinodalidad, junto con el documento magisterial Evangelii Gaudium. “Anunciar el kerygma, el Evangelio con Cristo en el centro: esta es nuestra misión”, subrayó.

Al concluir, el Pontífice agradeció nuevamente el servicio de los cardenales y los animó a continuar el diálogo y el discernimiento en las sesiones previstas para el día siguiente.

“Espero que cada uno de ustedes se sienta verdaderamente libre de comunicarse conmigo o con otros, y continuaremos este proceso de diálogo y discernimiento”, dijo, antes de despedirse con un sencillo saludo: “Buenas noches y nos vemos mañana por la mañana”.