Insatisfacción con las posibilidades de crecimiento profesional, desconfianza hacia los equipos directivos e incluso denuncias de maltrato e injusticias en el ámbito laboral del Vaticano.
Ese es el panorama que dibuja una encuesta realizada por la Asociación de Empleados Laicos del Vaticano (ADLV) entre los trabajadores del pequeño Estado, llevada a cabo entre el 15 de diciembre y el 7 de enero y publicada en su sitio web.
Es el primer sondeo representativo realizado entre el personal que trabaja en los distintos organismos vaticanos, una iniciativa que saca a la luz una situación descrita como compleja y desalentadora, y que la propia ADLV —una suerte de sindicato interno, aunque sin reconocimiento formal— venía denunciando desde hace años, a menudo sin obtener respuesta.
La llegada del Papa León XIV ha despertado ciertas expectativas de cambio.Entre las primeras señales positivas señaladas por la ADLV figuran la intervención inmediata en el Tribunal Laboral (ULSA), la autorización del pago del bono vinculado al cónclave —que había sido suprimido— y los indicios de apertura hacia un posible camino de diálogo común.
Una muestra limitada, pero significativa
Al cuestionario respondieron 250 personas, de las cuales el 80 % son miembros de la ADLV. La Santa Sede cuenta con unos 4.200 trabajadores, pero la gran mayoría no están afiliados a esta asociación.