o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); tía como si todos los hombres de la India, todos los africanos fueran muy especiales para ustedes. Y le comentaba a la hermana hoy que me sentía como en casa. Me siento como en el Convento con las Hermanas como si estuviera en Calcuta con mis propias hermanas. Así me siento yo aquí mismo.

Y así estoy yo aquí hablando con ustedes, quiero que encuentren a los pobres aquí, antes que en ningún otro sitio en su propia casa. Y comenzar a amar allí. Sean la buena noticia para su propia gente. Y entérense sobre la situación del vecino de su casa- ¿Saben quiénes son? Tuve una experiencia extraordinaria con una familia hindú que tenía ocho hijos. Un caballero vino a nuestra casa y dijo: Madre Teresa, hay una familia con ocho hijos, no han comido desde hace tiempo, por favor haga algo. Así que tomé algo de arroz y fui inmediatamente. Y vi a los niños-sus ojos brillaban de hambre - no sé si alguna vez han visto el hambre. Pero yo lo he visto muy a menudo. Y ella tomó el arroz, dividió el arroz, y salió. Cuando volvió le pregunté - ¿A dónde fuiste, qué hiciste? Y aquella mujer me dio una respuesta muy simple: Ellos también tienen hambre. Lo que más me impactó fue que ella lo sabía y que eran una familia musulmana - y ella lo sabía. No traje más arroz esa noche porque quería que disfrutaran de la alegría de compartir. Pero allí estaban los niños, irradiando alegría, compartiendo la alegría con su madre porque ella tuvo amor para dar. Es ahí donde comienza el amor, como pueden ver, en casa. Y yo les quiero y estoy muy agradecida por lo que he recibido. Ha sido una experiencia preciosa y vuelvo a la India- espero estar de vuelta la próxima semana, el día 15- y seré capaz de llevar su amor.

Y sé bien que no han dado de su abundancia, sino que han dado hasta que les ha dolido. Hoy en día los niños pequeños que tienen tanta alegría-me sorprendió tanto - hay tanta alegría para los niños que tienen hambre. Los niños como ellos necesitan amor y atención y ternura, como ellos reciben tanto de sus padres. Así que demos gracias a Dios que nos ha dado esta oportunidad de conocernos unos a otros, y que este conocimiento mutuo nos ha ayudado a estar muy cerca entre nosotros. Y así seremos capaces de ayudar no sólo a los niños de la India y África, sino que seremos capaces de ayudar a los niños de todo el mundo, porque como saben nuestras Hermanas están en todo el mundo. Y con este premio que he recibido como premio de la paz, voy a tratar de hacer un hogar para muchas personas que no lo tienen. Porque creo que el amor empieza en casa, y si podemos crear un hogar para los pobres, creo que el amor se extenderá más y más.

Y seremos capaces de traer la paz a través de este amor comprensivo, ser la buena noticia para los pobres. Los pobres en nuestra propia familia en primer lugar, en nuestro país y en el mundo.

Para poder hacer esto, nuestras hermanas, nuestras vidas tienen que estar tejidas con la oración. Las hermanas tienen que estar unidas con Cristo para ser capaces de entender, para poder compartir. Porque hoy no hay tanto sufrimiento - y creo que la pasión de Cristo se revive de nuevo - estamos allí para compartir esa pasión, para compartir el sufrimiento de las personas. En todo el mundo, no sólo en los países pobres, porque he encontrado la pobreza de Occidente mucho más difícil de eliminar. Cuando recojo a una persona de la calle, con hambre, le doy un plato de arroz, un pedazo de pan, le he satisfecho. Le he quitado que el hambre. Pero una persona que se echada fuera, que se siente no deseada, no amada, aterrorizada, la persona que ha sido expulsada de la sociedad - esa pobreza es tan dañina y lo es tanto que me parece muy difícil de curar. Nuestras hermanas están trabajando entre ese tipo de personas en Occidente. Así que deben orar por nosotras para que seamos capaces de ser que una buena noticia para ellos, pero no podemos hacerlo sin ustedes, que tienen que hacer lo mismo aquí, en su país. Deben venir a conocer a los pobres, tal vez nuestra gente de aquí tiene cosas materiales, todo, pero creo que si todos miráramos en nuestros propios hogares, lo difícil es a veces ser capaces de sonreír a los demás, sabiendo que la sonrisa es el comienzo del amor.

Y así acojámonos siempre unos a otros con una sonrisa, porque la sonrisa es el comienzo del amor, y una vez que empezamos a amarnos unos a otros, naturalmente, queremos hacer algo. Así que les pido que recen por nuestras hermanas y por mí también por nuestros hermanos, y por nuestros colaboradores de todo el mundo. Para que permanezcamos fieles al don de Dios, para amarlo y servirlo en los pobres, junto con ustedes. Lo que hemos hecho hasta ahora no habría sido posible si no compartieran sus oraciones y sus dones en este continuo darse. Pero no quiero que me den de su abundancia, quiero que me den de lo que les duela.

El otro día recibí 15 dólares de un hombre que ha estado tumbado durante veinte años, y la única parte que puede mover de su cuerpo es su mano derecha. El único compañero que le gusta es el tabaco. Él me dijo: Yo no fumo durante una semana, y yo os envío este dinero. Debe haber sido un sacrificio terrible para él, pero hay que ver que hermosa forma de compartir, y con ese dinero compré pan y se lo di a los que tienen hambre, fue una alegría para ambas partes, el que estaba dando y los pobres que estaban recibiendo. Esto es algo que ustedes y yo seamos un don de Dios para que ser capaces de compartir nuestro amor con los demás. Y dejemos que sea como lo fue para Jesús. Amémonos unos a otros como él nos amó. Vamos a amarlo con un amor indiviso. Y la alegría de amarle a Él y entre nosotros se lo vamos a ofrecer ahora - que la Navidad está tan cerca. Mantengamos en nuestros corazones esa alegría de amar a Jesús. Y compartamos esa alegría con todos los que nos estamos en contacto. Esa irradiación de la alegría es real, pues no tenemos razón para no ser felices, porque tenemos a Cristo con nosotros. Cristo está en nuestros corazones, Cristo está en los pobres que conocemos, Cristo está en la sonrisa que damos y en la que recibimos. Hagamos este propósito: Que ningún niño no sea deseado, y también que nos encontremos entre nosotros siempre con una sonrisa, especialmente cuando sea difícil sonreír.

Nunca olvido a esos cerca de catorce profesores que hace algún tiempo vinieron de diferentes universidades de los Estados Unidos. Y llegaron a Calcuta, a nuestra casa. Hablábamos entonces que habían estado en la casa de los moribundos. Tenemos un hogar para los moribundos en Calcuta, donde hemos recogido a más de 36.000 personas sólo de las calles de Calcuta, y de ese gran número unos 18.000 han muerto con una muerte hermosa. Acaban de ir a la casa de Dios, y ellos vinieron a nuestra casa y hablamos del amor, de compasión, y entonces uno de ellos me preguntó: Madre, por favor, díganos algo que podamos recordar siempre, y yo les dije: Sonreíd unos a los otros, dedicad tiempo para estar junto a vuestras familias. Sonreíros mutuamente. Luego otro me preguntó: ¿Está usted casada?, a lo que contesté: Sí, y me resulta muy difícil a veces sonreír a Jesús, porque Él puede ser muy exigente en ocasiones. Esto es realmente algo verdadero, y ahí es donde viene el amor - cuando es exigente, y sin embargo, podemos dárselo con alegría. Así es como lo he dicho hoy, siempre he dicho que si no voy al cielo por otra razón, iré al Cielo por toda la publicidad, ya que la publicidad me ha purificado y me ha hecho sacrificarme y me hizo realmente dispuesta a ir al cielo. Creo que esto es algo importante: tenemos que vivir la vida muy bien, tenemos a Jesús con nosotros y nos ama. Si pudiéramos recordar que Dios nos ama, y que tenemos la oportunidad de amar a otros como Él nos ama, no en grandes cosas, sino en las cosas pequeñas hechas con gran amor, Noruega se convertiría entonces en un nido de amor. Y qué hermoso será que de aquí se construyera un centro de paz. Que de aquí partiera la alegría de la vida del niño que aún no ha nacido. Si ustedes se convierten en una luz ardiente de paz en el mundo, entonces realmente el Premio Nobel de la Paz será un regalo del pueblo noruego.

¡Qué Dios les bendiga!

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