22 de abril de 2020 - 8:46 PM

¿Por qué es importante reconocer y pagar por cine católico?

POR DAVID RAMOS | ACI Prensa

Imagen referencial / Sala de cine. Crédito: Julien Andrieux / Unsplash.
Imagen referencial / Sala de cine. Crédito: Julien Andrieux / Unsplash.

Mientras algunas personas creen que recurrir a la piratería de películas católicas es válido o exigen que los productos cinematográficos cristianos sean distribuidos gratuitamente, una conocedora de la industria explica por qué es importante que las personas reconozcan el valor y el costo del cine de fe y de valores.

Lucía González-Barandiarán, creadora y directora ejecutiva en Bosco Films, que ha distribuido en el mundo hispanohablante importantes películas sobre la vida de santos como San Maximiliano Kolbe y otros importantes personajes católicos, asegura a ACI Prensa que es importante “concienciar a la gente de la importancia” de valorar y estar dispuesto a pagar por ver cine católico.

Al responder a quienes dicen que el contenido católico debe ser distribuido gratuitamente, González-Barandiarán propuso un “ejemplo visual”.

“Cuando vamos a Misa, el sacerdote tiene un cáliz, un sagrario, tiene unas albas, unas vestimentas, una serie de cosas. Y es para hacer lo mejor y lo más hermoso que se puede hacer por una persona, que es celebrar la Eucaristía. Pero eso no implica que él no tenga que pagar por el cáliz o por el alba”, indicó.

Ni el sacerdote ni nadie, indicó, puede entrar a robar una tienda de artículos religiosos argumentando que “va a ser para algo bueno. Tampoco implica que el que no se ponga el precio en el escaparate, es gratis”.

“Las cosas que van para Dios tienen su coste y para que se sigan haciendo hay que pagarlas, como en el resto de las cosas”, señaló.

La directora ejecutiva de Bosco Films precisó que “hacer cine es muy costoso económicamente, y quienes quieren apostar por mensajes con valores y trasfondo católico saben en lo que se meten, saben que es bastante complicado conseguir recuperar los costos”.

“Lo normal en una película de ficción católica, es entre 1 y 4 millones de dólares las más pequeñas, y en torno a los 5 y 10 de producción intermedia”, señaló.

González-Barandiarán remarcó que “para aquellos que invierten su dinero en querer llevar las grandes historias, nuestras historias, resulta un esfuerzo grande poder hacerlo”, y lo hacen porque confían “en que son películas que no solo te entretienen sino que te transforman por dentro, que te ayudan, que pueden llevar a la salvación de muchas personas y también a la conversión de muchas otras”.

“Desde que estoy dentro de la industria te puedo decir que veo que las tendencias las marca el espectador, diciendo qué es lo que quiere ver. ¿Y cómo lo dice? Con lo que consume. Cada vez que una persona paga un ticket en cine, o paga el alquiler de una película online, lo que está diciendo es qué es lo que quiere ver. Y lo que quiere ver es lo que se hará”.

“Si triunfan series que hablan de los narcotraficantes y que incluso los humanizan, se van a seguir haciendo cada vez más series de narcos o de terroristas que cambian su punto de vista hasta el punto en que se conviertan en héroes, porque es lo que vende”, indicó.

Sin embargo, dijo, se obtendrá otro resultado “si resulta que la gente hace click o compra una entrada para ver una historia de un santo, o una historia repleta de valores, que no tienen por qué ser siempre religiosos. Por ejemplo, una película provida, o una película que te habla del valor de cada momento desde el principio hasta el final, o de la importancia de la inclusión de personas con discapacidad. Ese tipo de cosas también son valores católicos, valores humanos, valores cristianos”.

González-Barandiarán lamentó que hay quienes piensan que como “esto se ha producido para evangelizar, ‘yo tengo el derecho de verlo, de compartirlo, de subirlo a mi YouTube y de pasar un enlace directo en mi grupo de WhatsApp’”.

Indicó que por esta forma de actuar “los productores no van a poder recuperar lo que les ha supuesto contar estas historias, ni recibir lo que les toca por haber arriesgado”.

Además, señaló, “quien lo sube a YouTube recibe ingresos por publicidad. Es decir, no va a recibir los ingresos quien ha hecho esa película y tiene que recuperar, pero sí una persona que la ha robado, la ha subido y que va a recibir publicidad en YouTube sin ser su propiedad”.

También ocurre que las plataformas que permiten la difusión de contenido pirata ayudan al financiamiento de la producción de pornografía, advirtió.

“Esto es una realidad”, dijo, y apuntó a los anuncios que suelen aparecer en los sitios web de contenido pirata.

Ya en septiembre de 2019, con ocasión del estreno en México de la película provida Inesperado (“Unplanned”, en inglés), el P. Mario Arroyo, doctor en Filosofía por la Universidad de la Santa Cruz de Roma y catedrático de la Universidad Panamericana en Ciudad de México, advirtió que lamentablemente lo común de la piratería “nos puede anestesiar la conciencia”.

Sin embargo, precisó, “es una falta contra el séptimo mandamiento, una falta contra la justicia, no darle a cada uno lo suyo”.

“Los que estamos de acuerdo con el contenido de este tipo de películas de alguna manera tenemos también la responsabilidad de mantenerlas, la responsabilidad de que a través de nuestra pequeña contribución este tipo de actividades se sigan realizando”, dijo el P. Arroyo en esa ocasión.

Etiquetas: Cine, películas cristianas, películas, película católica, Película, cine católico

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