El Papa Francisco recibió esta mañana en audiencia a los editores y colaboradores de la revista “Mondo e Missione” (Mundo y Misión) del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, que este año celebran su 150 aniversario.

Ante los presentes en el Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa Francisco recordó que “la revista nació para responder a una necesidad del pueblo de Dios: muchos querían leer las historias de los misioneros, sentirse cerca de ellos y de sus obras, acompañarlos con la oración”. 

Para el Santo Padre, el reto de esta revista “sigue siendo ir allí para dar a conocer la belleza y la riqueza de las diferencias, pero también las numerosas distorsiones e injusticias de unas sociedades cada vez más interconectadas y, al mismo tiempo, marcadas por graves desigualdades”.

En esta línea, el Papa subrayó que “ser la voz de los sin voz” es también una tarea primordial de esta publicación, que habla también “de quienes trabajan silenciosa y tenazmente desde abajo para construir un mundo diferente, trazando caminos de solidaridad y reconciliación en contextos marcados por la crisis o la violencia”.  

“Mostrar cómo el Evangelio, al encontrarse con pueblos y culturas diferentes, se nos devuelve cada día en su novedad y frescura. Y también crea diálogo y amistad con quienes profesan otras religiones, reconociéndose como hijos del único Padre. Por ello, le doy las gracias de manera especial”, dijo el Pontífice. 

A continuación, el Papa explicó que “los misioneros a menudo descubrieron que el Espíritu Santo había llegado antes que ellos” y que “los misioneros de ayer y de hoy se encuentran a menudo con la alegría y vida nueva que el Evangelio es capaz de generar”. 

Más en Vaticano

“Y una experiencia así no puede guardarse para uno mismo. En este sentido, es cada vez más importante dar voz a las Iglesias jóvenes y en crecimiento”, defendió. 

Más tarde, el Papa Francisco dijo que “en un mundo marcado desgraciadamente por tantas heridas” es importante “dar voz a la esperanza que el encuentro con Cristo siembra en la vida de las personas y de los pueblos”. 

“Decir a todos que un mundo mejor es posible cuando, siguiendo a Jesús, aprendemos a tender la mano a cada hermano y hermana”, aseguró.