El Papa Francisco dijo hoy que “promover el reconocimiento de la dignidad de toda persona es una responsabilidad constante de la Iglesia: es la misión de continuar en el tiempo la cercanía de Jesucristo a todo hombre y mujer, especialmente a los más frágiles y vulnerables”.

En el marco del Día Mundial de las Personas con Discapacidad, el Papa Francisco recibió en el Vaticano a un grupo de discapacitados. 

Durante su discurso, dijo que “acoger a las personas con discapacidad y responder a sus necesidades es un deber de la comunidad civil y eclesial”.

Para el Papa Francisco, cada vez que  la comunidad cristiana transforma la indiferencia en proximidad, “cada vez que la Iglesia hace esto y transforma la exclusión en pertenencia, cumple su misión profética”.

A continuación, el Santo Padre defendió que “no basta con defender los derechos de las personas, sino que es necesario trabajar para responder a sus necesidades existenciales, en sus diferentes dimensiones, corporal, psíquica, social y espiritual”. 

“Todo hombre y mujer en cualquier condición en que se encuentre, es portador no sólo de derechos que deben ser reconocidos y garantizados, sino también de necesidades aún más profundas”, explicó. 

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En esta línea, el Papa Francisco aseguró que “generar y mantener comunidades inclusivas  significa eliminar toda discriminación y satisfacer concretamente la necesidad de cada persona de sentirse reconocida y de sentirse parte”. 

“No hay inclusión si falta la experiencia de fraternidad y comunión mutua. No hay inclusión si se queda en un eslogan, en una fórmula que se utiliza en el discurso políticamente correcto, en una bandera de la que hay que apropiarse”, denunció el Papa Francisco.

Por ello, el Papa dijo que “hay que garantizar el acceso de las personas con discapacidad a los edificios y lugares de reunión, hacer accesibles los idiomas y superar las barreras físicas y los prejuicios”.

Aunque aseguró que “esto no es suficiente”, y animó a  “promover una espiritualidad de comunión, para que cada persona se sienta parte de un cuerpo, con una personalidad propia e irrepetible”. 

“Sólo así cada persona, con sus limitaciones y dones, se sentirá animada a hacer su parte por el bien de todo el cuerpo eclesial y por el bien de la sociedad en su conjunto”, dijo el Papa Francisco.

Además, pidió que  la “inclusión” sea “un objetivo de la acción pastoral ordinaria”.

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“La Iglesia es la casa de todos, el corazón del cristiano es la casa de todos, sin exclusión.  Debemos aprender esto. A veces estamos un poco tentados de ir por el camino de la exclusión”, lamentó el Santo Padre.

“En este tiempo, en el que escuchamos diariamente boletines de guerra, vuestro testimonio es un signo concreto de paz, un signo de esperanza para un mundo más humano y fraterno, para todos”, concluyó.