Miles de peregrinos de todas partes del mundo participaron en la noche del 12 de octubre en una gran peregrinación en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. 

A la luz de las velas, los fieles recorrieron el corazón de la Basílica para celebrar la Solemnidad de su Consagración a la Virgen de Fátima, quien se apareció por última vez a los pastorcitos el 13 de octubre de 1917, cuando ocurrió “el milagro del sol”.

La hermosa procesión fue encabezada por el Obispo de Leiria y Fátima, Mons. José Ornelas, quien este jueves presidió una Misa en la que participaron numerosos peregrinos.

Respecto a la arquitectura de la Basílica, construida en el lugar de las apariciones, el Obispo destacó que “se abre como si abriera los brazos a los peregrinos llevándolos por el lugar de la revelación de María a los pastorcitos hasta el altar de Dios”.

Además, aseguró que el Santuario de Fátima se trata “de un lugar de encuentro y reafirmación de la fe e identidad cristiana” de miles de peregrinos que acuden hasta él cada día.

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“Así es como funciona el templo de Dios, con la participación de todos como hermanos”, subrayó Mons. José Ornelas. 

También aseguró que tras visitar el Santuario, los peregrinos no se van de la misma forma que llegaron, ya que “no se trata de un simple regreso a casa”. 

En esta línea, invitó a los presentes a ser “testigos y misioneros de la luz y de la fuerza y esperanza que el Santuario pone en sus vidas”.

“Nuestro encuentro nos permite continuar el camino de la vida, hasta el encuentro definitivo con el verdadero Santuario de la vida, que no tiene fin”, añadió el Obispo. 

“Este Santuario dedicado a María -continuó Mons. José Ornelas-, nos enseña a ser una misma Iglesia unida en la fe y a caminar juntos como Iglesia sinodal para llevar a Cristo al mundo”.

Destacó que los 3 pastorcitos eran “niños sin riquezas y sin escuela, pero con un gran corazón, parecido al de Dios. Así nos fortalece nuestra fe, que nos hace ser capaces de ser testigos del amor de Dios”.

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En este Santuario dedicado a la Virgen de Fátima, el Prelado explicó que “peregrinamos buscando la luz de su rostro, tierno y fuerte. Su disponibilidad para acoger la palabra de Dios, la cercanía a los más pequeños y necesitados”. 

“Que Ella moldee nuestros corazones, nos sane de nuestras debilidades y nos muestre el camino de la misión para llevar el gozoso anuncio de la Buena Noticia de Jesús a través de nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestra esperanza”, pidió a continuación. 

Por último, aseguró que esta Solemnidad “no es un memorial del pasado y de la historia de los pastorcitos, sino que tiene sentido como un lugar de encuentro para cada uno, para cada peregrino del mundo”.

Tras la Celebración Eucarística, se bendijo a los enfermos y posteriormente se concluyó con una peregrinación de despedida.