Un día después de su histórica visita a la isla griega de Lesbos, donde se encontró con cientos de refugiados en un campamento, el Papa Francisco hizo un breve balance en el rezo del Regina Coeli.

Francisco agradeció “a cuantos han acompañado con la oración la visita que realicé ayer a la isla de Lesbos, en Grecia” y explicó que “a los prófugos y al pueblo griego les he llevado la solidaridad de la Iglesia”.

El Santo Padre señaló que en la visita “hemos visitado uno de los campos de refugiados. Venían de Irak, Afganistán, Siria, África… de muchos países. Hemos saludado a unos 300 de estos prófugos, uno a uno, los tres”.

“Muchos de ellos eran niños, algunos de ellos, de esos niños, han asistido a la muerte de sus padres y compañeros. Algunos de ellos han muerto anegados en el mar”.

Pero Francisco narró con especial detalle el caso de un refugiado que le contó su dramática historia:

"Quiero contar un caso particular, de un hombre joven, no tiene ni 40 años. Lo he encontrado ayer con sus dos hijos. Él es musulmán y me ha contado que estaba casado con una chica cristiana. Se amaban y respetaban ambos, pero por desgracia esta chica fue degollada por los terroristas porque no quiso negar a Cristo y abandonar su fe. Es una mártir. Ese hombre lloraba mucho”.

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Francisco también recordó que junto a él estuvieron el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Arzobispo Jerónimo, “como signo de la unidad en la caridad de todos los discípulos del Señor”.

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