25 de marzo de 2022 - 2:29 PM | ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 25 de marzo de 2022 2:53 pm

Confesarse es dar a Dios la alegría de volver a levantarnos, asegura el Papa

POR ALMUDENA MARTÍNEZ-BORDIÚ | ACI Prensa

El Papa Francisco recibe la absolución de sus pecados en la ceremonia penitencial. Crédito:Vatican Media
El Papa Francisco recibe la absolución de sus pecados en la ceremonia penitencial. Crédito:Vatican Media

El Papa Francisco ha presidido este viernes la ceremonia penitencial “24 horas para el Señor”, un evento que ha concluido con la histórica consagración de Ucrania y Rusia al Inmaculado Corazón de María y en el que el Papa ha asegurado que “confesarse es dar al Padre la alegría de volver a levantarnos”.

Según los datos ofrecidos por la Santa Sede, dentro de la Basílica de San Pedro se encontraban alrededor de 2.000 personas, y desde la Plaza de San Pedro unas 3.500 personas seguían la ceremonia.

En la confesión es Dios el que acude a nosotros 

En la homilía de la ceremonia penitencial, coincidiendo con la Solemnidad de la Anunciación del Señor, el Santo Padre aseguró que “con demasiada frecuencia pensamos que la confesión consiste en presentarnos a Dios cabizbajos”.

“Pero, para empezar, no somos nosotros los que volvemos al Señor; es Él quien viene a visitarnos, a colmarnos con su gracia, a llenarnos de su alegría. Confesarse es dar al Padre la alegría de volver a levantarnos”, aseguró.

El Santo Padre animó así a redescubrir el don del perdón y a no descuidar el sacramento de la Reconciliación, el que definió como el “Sacramento de la alegría”. 

“Si tus pecados te asustan, si tu pasado te inquieta, si tus heridas no cicatrizan, si tus continuas caídas te desmoralizan y parece que has perdido la esperanza, no temas. Dios conoce tus debilidades y es más grande que tus errores”, dijo a continuación el Papa Francisco”, señaló.

El Pontífice aseguró que la Virgen María acompaña a todos los fieles y destacó su entrega a Dios. Explicó que a Ella “le fue suficiente ese no temas, le bastó la garantía de Dios. Se aferró a Él, como lo queremos hacer nosotros esta tarde”.  

“Porque a menudo hacemos lo contrario: partimos de nuestras certezas y sólo cuando las perdemos acudimos a Dios. La Virgen, en cambio, nos enseña a comenzar desde Dios, con la confianza de que así todo lo demás nos será dado”, señaló. 

Una guerra atroz

El Santo Padre pasó a continuación su mirada sobre la guerra en Ucrania, “en estos días siguen entrando en nuestras casas noticias e imágenes de muerte, mientras las bombas destruyen las casas de tantos de nuestros hermanos y hermanas ucranianos indefensos”. 

“La guerra atroz que se ha abatido sobre muchos y hace sufrir a todos, provoca en cada uno miedo y aflicción”, lamentó el Papa. 

Asimismo, aseguró que “nosotros solos no logramos resolver las contradicciones de la historia, y ni siquiera las de nuestro corazón. Necesitamos la fuerza sabia y apacible de Dios, que es el Espíritu Santo. Necesitamos el Espíritu de amor que disuelve el odio, apaga el rencor, extingue la avidez y nos despierta de la indiferencia”. 

“Es necesario obtener del perdón de Dios la fuerza del amor, ese mismo Espíritu que descendió sobre María”, subrayó el Papa.  

A continuación, explicó que “si queremos que el mundo cambie, primero debe cambiar nuestro corazón. Para que esto suceda, dejemos hoy que la Virgen nos tome de la mano”. 

“Contemplemos su Corazón Inmaculado, donde Dios se reclinó, el único Corazón de criatura humana sin sombras. Ella es la ‘llena de gracia; y, por tanto, vacía de pecado; en ella no hay rastro del mal y por eso Dios pudo iniciar con ella una nueva historia de salvación y de paz. Fue allí donde la historia dio un giro”, defendió el Papa.  

Asimismo, explicó que “Dios cambió la historia llamando a la puerta del Corazón de María. Y hoy también nosotros, renovados por el perdón de Dios, llamemos a la puerta de ese Corazón”. 

“En unión con los obispos y los fieles del mundo, deseo solemnemente llevar al Corazón Inmaculado de María todo lo que estamos viviendo; renovar a ella la consagración de la Iglesia y de la humanidad entera y consagrarle, de modo particular, el pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que con afecto filial la veneran como Madre”. 

“No se trata de una fórmula mágica” 

En su homilía, el Papa aseguró que “no se trata de una fórmula mágica, sino de un acto espiritual. Es el gesto de la plena confianza de los hijos que, en la tribulación de esta guerra cruel e insensata que amenaza al mundo, recurren a la Madre, depositando en su Corazón el miedo y el dolor, y entregándose totalmente a ella”. 

“Es colocar en ese Corazón limpio, inmaculado, donde Dios se refleja, los bienes preciosos de la fraternidad y de la paz, todo lo que tenemos y todo lo que somos, para que sea ella, la Madre que nos ha dado el Señor, la que nos proteja y nos cuide”, dijo el Santo Padre. 

Por último, el Papa aseguró que “los labios de María pronunciaron la frase más bella que el ángel pudiera llevar a Dios: ‘Que se haga en mí lo que tú dices’” y destacó que “la aceptación de María no es pasiva ni resignada, sino el vivo deseo de adherir a Dios, que tiene ‘planes de paz y no de desgracia’”.  

Es la participación más íntima en su proyecto de paz para el mundo. Nos consagramos a María para entrar en este plan, para ponernos a la plena disposición de los proyectos de Dios”. 

“La Madre de Dios, después de haber pronunciado el sí, afrontó un largo y tortuoso viaje hacia una región montañosa para visitar a su prima encinta. Que Ella tome hoy nuestro camino en sus manos; que lo guíe, a través de los senderos escarpados y fatigosos de la fraternidad y el diálogo, por el camino de la paz”, concluyó el Santo Padre. 

Al finalizar la homilía, y antes de consagrar Rusia y Ucrania al Corazón de María, el Papa Francisco se acercó a los confesionarios para impartir el sacramento de la Reconciliación a algunos fieles y religiosos, y también recibir la absolución de sus pecados de parte de un sacerdote. 

Etiquetas: Basílica de San Pedro, El Papa Francisco, Vaticano Papa Francisco, Guerra en Ucrania, Consagración de Rusia y Ucrania, Ceremonia penitencial

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