El Arzobispo Metropolitano de Piura, Mons. José Antonio Eguren, aseguró que el Señor de los Milagros, conocido también como “Cristo Moreno”, es el “mayor evangelizador o misionero” del Perú.

En su homilía al celebrar la Misa este 23 de octubre, en el que la Iglesia Católica celebra la Jornada Mundial de las Misiones, Mons. Eguren subrayó que “todos los bautizados y confirmados tenemos el deber de participar activamente” en la evangelización.

“Ahora bien, Jesucristo, nuestro Señor, es el primer y más grande Evangelizador. Él es el Evangelizador viviente en su Iglesia”, precisó.

“En el caso del Perú, no hay mayor evangelizador o misionero que el ‘Señor de los Milagros’, quien cada año sale a nuestro encuentro para anunciarnos la Buena Nueva del Evangelio que no es otra sino Él mismo: El Camino a recorrer, la Verdad a ensayar, y la Vida a vivir”, expresó.

Recordando el Evangelio de este domingo, que presenta la parábola del publicano y el fariseo, el Arzobispo de Piura animó a agradecer a Dios porque “la humilde y santificante experiencia religiosa del publicano, es la experiencia de una muchedumbre de fieles, que en este mes morado de Octubre, visitan primero a nuestro ‘Señor Cautivo de Ayabaca’, y luego acompañan al ‘Señor de los Milagros’ en la procesión”.

“Como el publicano, se mantienen a distancia, se golpean el pecho, se arrodillan, e incluso algunos, cuerpo en tierra, se arrastran, manifestando así su arrepentimiento”, destacó.

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“Con gestos de penitencia, que van desde vestir el hábito morado, ayunar, cantar, caminar descalzos, llevar sus sahumerios, rezar el rosario, y susurrar pocas pero sentidas palabras acompañadas de lágrimas, invocan del Señor su piedad y misericordia, su compasión y perdón, su amistad y comprensió”. 

Mons. Eguren aseguró que “son millones de nuevos publicanos, los que buscan al Señor en estos días, ‘mendigando’ su misericordia, presentándose ante Él con el corazón desnudo, reconociéndose pecadores en busca de su amor misericordioso”.

“Ellos representan lo que verdaderamente significa ser un creyente. A diferencia del fariseo de nuestra historia, no desprecian a nadie, sino que más bien viven la fraternidad, amándose y ayudándose los unos a los otros. Por eso se llaman entre sí ‘hermanos’”, explicó.

“Ante sus gestos de humildad, el Señor no se queda impasible, sino que les responde con su compasión y clemencia, con su gracia y amor”, aseguró.