El Papa Francisco explicó cuáles son los tres elementos que considera esenciales para la formación sacerdotal: el diálogo, la comunión y la misión. 

Su discurso tuvo lugar durante una audiencia en el Vaticano con la comunidad del Pontificio Colegio Norteamericano este sábado 14 de enero.

El diálogo

En primer lugar, el Papa Francisco señaló que en el tiempo de formación sacerdotal, “el Señor entra en un diálogo personal con vosotros”.

Y lo hace “preguntándoos ‘qué buscáis’ e invitándoos a ‘venir y ver’, a hablar con Él abriendo vuestro corazón y entregándoos a Él con confianza en la fe y en el amor”.

Para el Papa Francisco, este diálogo consiste en “cultivar una relación cotidiana con Jesús, alimentada sobre todo por la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la ayuda del acompañamiento espiritual y la escucha silenciosa ante el Sagrario”. 

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Según expuso a los seminaristas, es en estos momentos “de relación familiar con el Señor cuando mejor podemos escuchar su voz y descubrir cómo servirle a Él y a su pueblo con generosidad y de todo corazón”.

La comunión

A continuación, el Papa Francisco destacó que “el camino de la formación sacerdotal exige una comunión constante: ante todo con Dios, pero también con los que están unidos en el cuerpo de Cristo, la Iglesia”. 

Más tarde, invitó a los presentes a mantener los ojos abiertos "al misterio de la unidad de la Iglesia, manifestada en su legítima diversidad, pero vivida en la unicidad de la fe”.

Además, les animó a aprender durante su periodo en Roma del “testimonio profético de la caridad que la Iglesia, particularmente aquí en Roma, expresa a través de sus actos concretos de compartir y de ayuda a los necesitados”. 

La misión

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El Santo Padre destacó asimismo que “siempre que Jesús llama a hombres y mujeres, lo hace para enviarlos, en particular a los más vulnerables y a los marginados de la sociedad, a quienes no sólo estamos llamados a servir, sino de quienes también podemos aprender mucho”. 

En ese sentido, aeguró que “la gente de hoy necesita que escuchemos sus preguntas, sus angustias y sus sueños, para que podamos acompañarla mejor hacia el Señor, que reaviva la esperanza y renueva la vida de todos”.

Por último, esperó que sean “siempre signos de una Iglesia que sabe salir al encuentro, compartiendo la presencia, la compasión y el amor de Jesús con nuestros hermanos y hermanas”.