El Papa llamó este jueves 5 de febrero a eliminar “los prejuicios” y desarmar los “corazones” para robustecer la unidad de los cristianos.
Al recibir en el Palacio Apostólico del Vaticano a sacerdotes y monjes de las Iglesias ortodoxas orientales que participan esta semana en una visita de estudio organizada por el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, León XIV afirmó que las “diferencias históricas y culturales” de las Iglesias representan un “maravilloso mosaico” del patrimonio cristiano compartido.
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Cristo es la fuente última de "nuestra paz”
Del mismo modo, subrayó la necesidad de un compromiso concreto con la comunión lo que, según dijo, se traduce en “seguir apoyándonos unos a otros, para que podamos crecer en nuestra fe común en Cristo, que es la fuente última de nuestra paz”.
“Cuando eliminamos los prejuicios que llevamos dentro y desarmamos nuestros corazones, crecemos en la caridad, trabajamos más estrechamente juntos y fortalecemos nuestros vínculos de unidad en Cristo”, aseveró.
Para el Santo Padre, de este modo la unidad cristiana se convierte también “en fermento de paz en la tierra y de reconciliación de todos”.

Ante este grupo — que representan a las Iglesias ortodoxas armenia, copta, etíope, eritrea, malankara y siríaca— el Papa recordó que la Iglesia acaba de celebrar la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, subrayando su fundamento bíblico que fue tomado de la Carta de San Pablo a los Efesios, en la que el Apóstol subraya la importancia de estar unidos en la fe: “Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza a la que habéis sido llamados”.
El Patriarca de Constantinoplaa Atenágoras, pionero del ecumenismo
León XIV insistió en que el camino ecuménico pasa por una conversión interior, citando al Patriarca de Constantiplona Atenágoras, que se reunió con el Papa Pablo VI en Tierra Santa en 1964 marcando el primer encuentro entre los líderes de las iglesias Católica y Ortodoxa tras siglos de separación.
Así, citó su oración: “Estoy desarmado de la necesidad de tener razón, de justificarme juzgando a los demás, librando la guerra más dura, la guerra contra mí mismo”.
En su reflexión, el Pontífice también evocó la figura de San Pablo y su intensa actividad misionera, destacando cómo el Apóstol, que al fundar y visitar numerosas comunidades cristianas, “tomó conciencia de las particularidades de cada Iglesia, a saber, su etnia, sus costumbres, así como los desafíos y preocupaciones”.
El Papa señaló que San Pablo advirtió el riesgo de que las comunidades pudieran volverse “demasiado ensimismadas, centradas en sus propios problemas específicos”.
Por ello, añadió, “a lo largo de sus cartas, San Pablo se empeñó en recordarles que formaban parte del único Cuerpo Místico de Cristo”, animándolas a “apoyarse mutuamente y a mantener la unidad de la fe y de las enseñanzas que reflejan la naturaleza trascendente y la unicidad de Dios”.
Finalmente, el Papa subrayó el valor del intercambio mutuo entre las Iglesias al señalar que la vista ha sido también “una bendición para todos aquellos que os han encontrado aquí, permitiéndoles conocer mejor vuestras Iglesias”.




