El 7 de febrero la localidad almeriense de Huércal-Overa acoge la beatificación del venerable P. Salvador Valera Parra, conocido como el “cura de Ars” español, en una ceremonia presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del dicasterio de las Causas de los Santos.
La fase diocesana de la causa de canonización de este presbítero español se desarrolló entre 1991 y 1996. Trasladada a Roma, fue declarado venerable en el año 2021. Desde entonces, se estudió un posible milagro realizado por su intercesión en el Memorial Hospital de Rhode Island, en Providence (EE UU).
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El 14 de enero de 2007, nació el pequeño Tyquan Hall en estado crítico: apenas sin pulso, con dificultades para respirar y con muy poca frecuencia cardiaca. Durante una hora, se le aplicaron los protocolos médicos establecidos para estas ocasiones, sin que hubiera mejoría.
El médico que atendía al recién nacido era el español Juan Sánchez-Esteban, natural de Huércal-Overa, lugar de nacimiento del próximo beato. Ante la situación pronunció una sencilla oración: “Cura Valera, he hecho todo lo que ha sido posible; ahora te toca a ti”.
Poco después, cuando estaba a punto de comunicar la muerte del bebé a sus padres, el pequeño comenzó a recuperarse, respirando y latiendo con normalidad. Pese a lo crítico de sus primeros momentos tras el parto, que podrían haber derivado en afecciones como parálisis cerebral o discapacidades físicas o cognitivas, Tyquan Hall creció sano.
“No escribió nada, no fundó nada”
Salvador Valera Parra nació el 27 de febrero de 1816 en Huércal-Overa en el seno de una familia pobre y falleció en el mismo lugar que le vio nacer y donde fue párroco el 15 de marzo de 1889, poco después de cumplir 49 años de sacerdote.
Estudió en el Seminario de san Fulgencio de Murcia, en la Diócesis de Cartagena, a la que entonces pertenecía su parroquia. Ordenado a los 24 años, ejerció su ministerio en las parroquias de Alhama de Murcia y Cartagena hasta que en 1868 regresa como párroco a su pueblo natal.
Repartía su comida y vestidos, cuidaba enfermos, auxiliaba moribundos, en especial durante una gran epidemia de cólera que sucedió en aquellos años. El recuerdo de su solicitud pastoral se ha perpetuado desde su fallecimiento en las casas de su pueblo, de donde es natural el Obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán.
Junto a los obispos de Almería, Mons. Antonio Gómez Cantero y Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, han publicado una carta conjunta con motivo de la beatificación en la que destacan su humilde servicio.
“Nuestro Cura Valera era un hombre que, aparentemente, no hizo nada extraordinario. No escribió nada, no fundó nada, no se recuerdan ninguno de sus sermones, pero su presencia, manifestada en las historias mantenidas en el tiempo, nos lo muestran como un párroco entregado a su pueblo, en fidelidad, en humildad, y cuidando a sus fieles desde la caridad”, describen los prelados.
Esa viuda sencilla, añaden, “hablaba de Dios iluminando las tinieblas de los distintos rostros del sufrimiento y la desolación política, social y religiosa” de la época, especialmente azarosa en la historia de España.
De él destacan que “su entrega no conocía horarios”, que “su predicación sin gran elocuencia llegaba al corazón de sus oyentes” y que “celebraba la Santa Misa con una devoción que conmovía a quienes participaban”.
Asimismo, los prelados subrayan que su santidad se manifestó “en la fidelidad cotidiana vivida con sencillez y austeridad” que era fruto de “una libertad interior que le permitía vivir centrado en lo esencial. No necesitaba nada más que a Cristo para ser feliz”.




