El Arzobispo de Santiago y primado de Chile, Cardenal Fernando Chomali, envió una carta al presidente electo José Antonio Kast —quien asumirá el mando el próximo marzo— donde comparte las preocupaciones de la Iglesia en Chile ante los desafíos sociales, económicos y culturales.
Educación, salud y brechas sociales: urgencias del Chile actual
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En primer lugar, el purpurado compartió la urgencia de promover “una educación gratuita y de calidad para quienes lo requieran”, con profesores y directores de excelencia. Para ello, considera necesario “reivindicar la labor del profesor como la más excelsa de todas las profesiones”.
En este punto, el Cardenal observa que “el círculo vicioso de la pobreza se vence con educación, la que hoy es claramente desigual en calidad”, mirada que confirman los resultados de la PAES (prueba de acceso a la educación superior).
En la edición 2025 de la PAES se inscribieron 300.596 personas, con una asistencia del 85.8%. De ellas, 231.060 personas cumplieron los requisitos para quedar habilitadas para postular a las universidades del Sistema de Acceso.
"El sistema educacional chileno perpetúa la pobreza, mata los sueños de los jóvenes y empobrece los dones, talentos y habilidades que poseen”, advierte.
Por otra parte, menciona las falencias en el área de salud, “donde hay largas listas de espera de personas que requieren atención médica”, e incluso “muchas de ellas mueren esperando”, a diferencia de quienes cuentan con los recursos para atenderse en el sistema privado.
El Cardenal observa también una “brecha cada vez más abismante” entre los chilenos, y llama al próximo presidente a “promover mayor equidad y justicia”, ya que pese al crecimiento de las últimas décadas “aún son muchos los compatriotas sumidos en la pobreza con dificultades para vivir dignamente”.
Trabajo, familia y esperanza frente al futuro del país
En ese marco, llama al Estado a tomar “un rol más activo en la promoción de las pequeñas y medianas empresas y en la capacitación en todos los niveles, pues la formación es clave para acceder a mejores empleos y, con ello, a mejores ingresos”.
“Chile requiere más empresas que generen bienes y servicios para las personas, y menos especulación”, opina el Arzobispo de Santiago, llamando a “poner al centro de las políticas públicas al trabajador y su familia”, ante realidades como frustración, estrés y enfermedades mentales.
En ese contexto, pone como ejemplo la tendencia a desvalorizar los feriados religiosos, que refleja “cómo el crecimiento económico se valora más que el espiritual, humano y familiar”.
El Cardenal también propone revisar las políticas públicas en materia demográfica en Chile, en especial “promover la familia como el núcleo de la sociedad y la gran educadora de las futuras generaciones”, en un contexto de desesperanza, pesimismo e incertidumbre de los jóvenes respecto a su futuro.
“Dar claras muestras de apoyo a la familia es una política pública que nos urge en Chile”, considera. Según el prelado, cada hijo debe ser acogido, querido y no un peso frente a la incertidumbre respecto del futuro.
También comenta que, si en algo la Iglesia puede ayudar, es a generar una gran corriente de esperanza en la sociedad chilena, movidos por la convicción de la presencia de Dios en la historia humana.
El Cardenal también se refirió a las políticas migratorias: “Con las actuales tasas de natalidad y el aumento de la esperanza de vida, Chile no tendrá posibilidades de valerse por sí mismo para proveer algunos servicios. Es por ello que debemos generar una política migratoria que permita que quienes lleguen a Chile cuenten con una ciudadanía de primera clase”.
En ese marco, valoró el aporte que realizan los migrantes en el país, cuya presencia es clave para el desarrollo económico que se quiere promover en Chile para asegurar un futuro mejor.
En el contexto social, el purpurado marcó la necesidad de “promover en todas las personas un profundo sentido de solidaridad”, experiencia a la que se llega “de manera admirable a través de la fe”.
De lo contrario, advirtió, “tendremos un gran crecimiento económico, pero nos hallaremos cada vez más solos y será cada vez más difícil encontrarle sentido a la vida”.
Como ejemplo, el Cardenal Chomali mencionó los incendios en la región centro-sur de Chole, y observó: “Es notable apreciar como todo un país se levanta para ir en ayuda de los damnificados. Allí se percibe una sociedad con sólidas raíces cristianas que tiene como fundamento el amor a Dios y al prójimo como máxima expresión de fe”.
Deseando al presidente electo y a sus colaboradores “lo mejor”, el arzobispo expresó el anhelo de que “gobierne pensando siempre en el más débil, en el más desvalido, empezando por el niño que está por nacer y el enfermo terminal, así como por los migrantes, los encarcelados y enfermos que claman por una atención oportuna”.
Asimismo, pidió al Estado “comprensión y apoyo” a los chilenos; “una mano firme contra la delincuencia y el crimen organizado”; y políticas públicas adecuadas en educación desde la niñez.
Finalmente, aseguró “el apoyo de la Iglesia en todo lo que sea justo, bueno y verdadero”.




