Por primera vez en su pontificado, el Papa León XIV recibió en el Palacio Apostólico del Vaticano a los prelados de la Rota Romana con ocasión de la inauguración del Año Judicial, destacando que la verdadera justicia requiere un equilibrio entre la rigurosidad de la verdad y la compasión de la caridad. 

En su discurso de bienvenida, Mons. Alejandro Arellano, decano del Tribunal de la Rota Romana, señaló que cada decisión judicial debe reflejar el respeto a la ley, la santidad de la justicia y la caridad hacia las personas, recordando siempre que “sólo Dios está ante nuestros ojos” como principio guía.

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Después de mostrar su aprecio por la función judicial que desempeñan, el Santo Padre dedicó un extenso discurso a reflexionar sobre la relación que existe entre la verdad de la justicia y la virtud de la caridad.

Tras recordar que “Dios es Amor y Verdad”, el Pontífice subrayó la “tensión dialéctica” entre la verdad objetiva y las solicitudes de la caridad, lo que puede conducir a “una peligrosa relativización de la verdad”. 

Audiencia en el Palacio Apostólico del Vaticano este 26 de enero. Crédito: Vatican Media
Audiencia en el Palacio Apostólico del Vaticano este 26 de enero. Crédito: Vatican Media

La caridad, motor de una justicia verdadera

En este sentido, explicó que “una compasión mal entendida, aunque aparentemente movida por celo pastoral, corre el riesgo de oscurecer la necesaria dimensión de comprobación de la verdad propia del oficio judicial”. 

Esto, según el Papa León XIV, sucede en particular en el ámbito de las causas de nulidad matrimonial, “donde podría inducir a deliberaciones de sabor pastoral carentes de un sólido fundamento objetivo”.

Por el contrario, también puede darse “una afirmación fría y distante de la verdad que no tiene en cuenta todo lo que exige el amor a las personas, omitiendo aquellas solicitudes dictadas por el respeto y la misericordia, que deben estar presentes en todas las fases de un proceso”, advirtió. 

Afirmó también que la verdad “debe iluminar todo el obrar” y realizarse en la caridad, el “gran motor que lleva a hacer la justicia verdadera”.

A la luz de las enseñanzas de San Pablo y San Juan, el Pontífice recordó a los miembros de la Rota Romana que su función es ser “cooperadores de la verdad”. También citó a Benedicto XVI para señalar que la caridad “debe ser comprendida, valorada y practicada a la luz de la verdad”.

Primer encuentro de los jueces de la Rota Romana con el Santo Padre. Crédito: Vatican Media
Primer encuentro de los jueces de la Rota Romana con el Santo Padre. Crédito: Vatican Media

Una contribución a la salvación de las almas

En este contexto, subrayó que su trabajo debe estar movido por un “verdadero amor al prójimo” y que su servicio a la verdad y a la justicia “es una contribución de amor a la salvación de las almas”.

El Santo Padre instó a ejercer una “rigurosa honestidad intelectual”, a buscar una “competencia técnica y una conciencia recta”, al mismo tiempo que remarcó que “el servicio a la verdad en la caridad debe resplandecer en toda la actuación de los tribunales eclesiásticos”. 

“Esto debe poder ser apreciado —agregó— por toda la comunidad eclesial y especialmente por los fieles implicados: por quienes piden el juicio sobre su unión matrimonial, por quien es acusado de haber cometido un delito canónico, por quien se considera víctima de una grave injusticia, por quien reivindica un derecho”. 

De este modo, indicó que “los procesos canónicos deben inspirar aquella confianza que proviene de la seriedad profesional, del trabajo intenso y cuidadoso, de la dedicación convencida a aquello que puede y debe ser percibido como una verdadera vocación profesional”. 

Para el Santo Padre, los fieles “tienen derecho a un recto y oportuno ejercicio de las funciones procesales, porque es un camino que incide en las conciencias y en las vidas”. Y advirtió: “Un enfoque meramente burocrático en un papel de tal importancia supondría un perjuicio evidente para la búsqueda de la verdad”.

Desde esta perspectiva, señaló que el juez se convierte “en operador de paz que contribuye a consolidar la unidad de la Iglesia en Cristo” y que el proceso judicial “es el instrumento indispensable para discernir la verdad y la justicia en el caso”. 

“No observar estos principios básicos de justicia —y favorecer una disparidad injustificada en el tratamiento de situaciones similares— constituye una notable lesión al perfil jurídico de la comunión eclesial”, advirtió.

A modo de ejemplo, indicó que en los juicios de nulidad matrimonial, incluso los más breves, hay que evaluar cuidadosamente los motivos de nulidad. Además, destacó que el proceso mismo debe confirmar si existe nulidad o si se necesita un procedimiento más completo. 

Por eso, el Papa destacó que es esencial estudiar y aplicar el derecho matrimonial canónico “con rigor y fidelidad a la enseñanza de la Iglesia”, ya que esto permite resolver los casos siguiendo la ley y los principios del derecho natural.

Al término de su discurso, el Santo Padre recordó a los jueces que están llamados a “custodiar la verdad con rigor pero sin rigidez” y a ejercer la caridad “sin omisión”.

“En este equilibrio, que es en realidad una profunda unidad, debe manifestarse la verdadera sabiduría jurídica cristiana”, concluyó.