El Arzobispo de Valladolid (España), Mons. Luis Argüello, anima a anunciar el Evangelio, cuidar de la liturgia y ejercer la caridad para desagraviar las profanaciones eucarísticas, en una carta pastoral dirigida a sus diocesanos.
Después de realizar un sencillo acto de desagravio el pasado 3 de enero en el Monasterio de la Santa Espina de Valladolid, cuyo sagrario fue profanado por segunda vez el 28 de diciembre de 2025, Mons. Argüello analizas las posibles causas de un acto de esta naturaleza y propone varias actitudes al respecto.
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El prelado, presidente de la Conferencia Episcopal Española, considera que entre las causas de las profanaciones cabe pensar en la ignorancia de “no saber muy bien o no saber de ninguna manera lo que el Cuerpo de Cristo significa y lo que el Sagrario guarda y reserva”.
En segundo lugar, señala la superficialidad con la que se pueda celebrar la liturgia eucarística y, como tercera posibilidad, la de “un agravio más hondo o profundo, un ataque del misterio del mal, que supone lo que los Padres de la Iglesia llamaban ‘la fe de los demonios’”, que sólo sirve a los “perversos intereses ideológicos o de autobombo y vanagloria del propio Satán”.
Así, prosigue el prelado, surge una triple llamada: a testimoniar nuestra fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía; a anunciar que Jesús ha resucitado y “que el Señor está con nosotros y que lo está realmente en el Sagrario”; y a romper la superficialidad y “no vivir nuestra liturgia de una manera mediocre”, lo que, a su entender, constituye “un desafío mayor para nuestras comunidades”.
“Sí, hay una llamada grande a desagraviar cuidando la liturgia, disponiendo nuestro corazón para comulgar estando nuestra alma bien dispuesta”, enfatiza Mons. Argüello, al tiempo que insta a velar por “la manera en que nos acercamos a comulgar”, de tal forma que nuestros gestos expresen “que verdaderamente creemos que vamos a comulgar a Jesucristo resucitado”.
Asimismo, el prelado llama a “cuidar también nuestros cantos, nuestra presencia, nuestra manera de estar”.
“Una comunidad que ora y adora, que celebra y comulga, que expresa con su propia presencia y sus gestos, que acoge realmente a Jesucristo en su corazón", prosigue Mons. Argüello, ayuda a todos los presentes en el templo “a caer en la cuenta de que ahí, cuando celebramos la Eucaristía, pasa algo, mejor, pasa alguien, y este alguien se nos entrega y permanece con nosotros para nuestro bien”.
En referencia a una “manera ideológica o divisiva de celebrar la Eucaristía, estamos llamados a unir Eucaristía y vida” porque “mal desagravio haríamos si cuidamos mucho o que ocurre en el templo y, luego, descuidamos esas otras formas de presencia que Jesús Eucaristía nos permite descubrir” en los empobrecidos, los solitarios, los tristes, etc.
“Los comulgantes, quienes celebramos la Eucaristía y somos enviados a edificar y a ser signos de la paz que el Señor nos ha ofrecido, estamos llamados a hacer de nuestra vida una acción de gracias, un ejercicio eucarístico”, añade.
Este ejercicio se traduce en cuidar la fraternidad y “hacer de nuestras vidas un verdadero combate espiritual que vaya a las causas pecaminosas de todos los males de nuestro mundo”. En concreto, Mons. Argüello anima en estos días a sumarse a la campaña anual de Manos Unidas contra el hambre en el mundo.
“Desagraviemos, hermanos, anunciando el Evangelio, cuidando la liturgia y ejercitando la caridad”, resume el Arzobispo de Valladolid.



