El Papa León XIV ha recibido esta mañana en el Vaticano a los capitanes regentes de San Marino, considerado el país más antiguo del mundo, fundado a inicios del siglo IV por el diácono San Marino, de quien el pequeño Estado toma su nombre.

Se trata de la primera reunión oficial entre el Pontífice, Matteo Rossi y Lorenzo Bugli, encargados de garantizar el orden constitucional y representar al país, el tercero más pequeño de Europa después de la Ciudad del Vaticano y Mónaco.

Recibe las principales noticias de ACI Prensa por WhatsApp y Telegram

Cada vez es más difícil ver noticias católicas en las redes sociales. Suscríbete a nuestros canales gratuitos hoy:

La República de San Marino, situada en los Apeninos italianos, fue fundada el 3 de septiembre del 301 d.C., fecha en la que se considera que murió el santo. 

Llegado para evangelizar a la península itálica en el 275 d.C., San Marino se vio obligado a huir al Monte Titano, donde construyó una ermita para vivir como monje. Con el tiempo se fue formando una comunidad que más tarde dio lugar a la República que lleva su nombre.

En el Concordato entre la Santa Sede y la República de San Marino, se reafirma al santo como su fundador y patrono. Además, la fiesta de su fundación y la de su santo protector se celebran el mismo día.

Tras reunirse a puerta cerrada con el Papa León XIV este 12 de enero, los mandatarios fueron recibidos en la Secretaría de Estado, donde se pusieron de relieve “las excelentes relaciones bilaterales existentes, así como la contribución de la Iglesia en la sociedad sanmarinense”.

Según precisó la Oficina de Prensa de la Santa Sede, durante la reunión se detuvo la atención en las crisis internacionales en curso, en particular en el conflicto en Ucrania, en la colaboración en el ámbito de la diplomacia multilateral y en la importancia del diálogo interreligioso en la promoción de la paz.

El Papa Benedicto XVI visitó la República de San Marino en junio de 2011. En una de sus homilías se refirió a la historia de evangelización del país, obrada por los santos Marino y León, creando una cultura y una civilización “centradas en la persona humana, imagen de Dios y por esto portador de derechos precedentes a toda jurisdicción humana”.

Además, Benedicto XVI destacó que la riqueza de San Marino es la fe que sostiene a esta civilización y cultura, por lo que alentó a promover y defender este patrimonio fundamental ante los diversos desafíos de la sociedad contemporánea como el hedonismo.