El Papa León XIV condenó el debilitamiento del multilateralismo internacional y el mayor uso de la fuerza en un discurso a diplomáticos en el Vaticano, el viernes 9 de enero.
También dijo que los Estados deben respetar los derechos humanos fundamentales, como la libertad religiosa y la libertad de expresión, y cumplir el derecho internacional humanitario, en el discurso más extenso de su pontificado hasta la fecha.
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“La diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados. La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende”, dijo a embajadores y otros representantes diplomáticos ante la Santa Sede en el Palacio Apostólico. Actualmente, 184 Estados tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede.
“La paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo”, continuó el Pontífice. “En cambio, se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio. Esto compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica”.
El Santo Padre pidió que la preocupación por el bien común de los pueblos prevalezca sobre “la defensa de intereses partidistas” en medio de tensiones en aumento, señalando en particular a Venezuela, para la cual reiteró un llamado a “que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos”.
León enmarcó su discurso, parte del saludo anual de Año Nuevo al cuerpo diplomático, dentro de la obra de filosofía cristiana de San Agustín de Hipona De Civitate Dei (Ciudad de Dios).
“La Ciudad de Dios no propone un programa político. En cambio, ofrece valiosas reflexiones sobre cuestiones fundamentales relacionadas con la vida social y política, como la búsqueda de una convivencia más justa y pacífica entre los pueblos. Agustín también advierte de los graves peligros para la vida política que entrañan las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del líder político”, dijo el Papa.
Además calificó Ciudad de Dios, escrita en el siglo V, como altamente relevante para el tiempo presente, marcado por una migración generalizada y el “profundo reajuste de los equilibrios geopolíticos y los paradigmas culturales”.

Derechos humanos en “cortocircuito”
León lamentó lo que llamó un “cortocircuito” de los derechos humanos en el mundo hoy, especialmente el derecho a la vida.
“Es necesario reafirmar con fuerza que la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano. Una sociedad sólo está sana y desarrollada cuando protege la sacralidad de la vida humana y se esfuerza activamente por promoverla”, dijo.
También señaló la restricción del derecho a la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad religiosa y el derecho a la vida en favor de otros “pretendidos nuevos derechos”, de modo que “el propio marco de los derechos humanos está perdiendo su vitalidad y dejando espacio para la fuerza y la opresión”.
“Esto ocurre cuando cada derecho se vuelve autorreferencial y, especialmente, cuando se desconecta de la realidad, la naturaleza y la verdad”, añadió.
Persecución de cristianos
El Papa León dijo que la persecución de cristianos es una de las crisis de derechos humanos más extendidas hoy, con más de 380 millones de creyentes en todo el mundo sufriendo niveles altos o extremos de discriminación, violencia y opresión.
Recordó a las víctimas de la violencia por motivos religiosos en Bangladesh, en la región del Sahel, en Nigeria, y a quienes fueron asesinados o heridos en el atentado terrorista contra la parroquia de San Elías en Damasco en junio.
El Pontífice también denunció “una forma sutil de discriminación religiosa contra los cristianos” que tiene lugar incluso en países de mayoría cristiana en Europa y las Américas.
“Allí, a veces se les restringe su capacidad de proclamar las verdades del Evangelio por razones políticas o ideológicas, especialmente cuando defienden la dignidad de los más débiles, los no nacidos, los refugiados y los migrantes, o promueven la familia”, dijo.
León también pidió respeto por la libertad de otras comunidades religiosas y el rechazo de todas las formas de antisemitismo.

El significado de las palabras
El Santo Padre también habló sobre los debates en torno al significado de las palabras y cómo están ligados a ataques contra la libertad de expresión.
“Redescubrir el significado de las palabras es quizás uno de los principales retos de nuestro tiempo. Cuando las palabras pierden su conexión con la realidad, y la realidad misma se vuelve discutible y, en última instancia, incomunicable”, dijo.
“También debemos señalar la paradoja de que este debilitamiento del lenguaje se invoca a menudo en nombre de la propia libertad de expresión. Sin embargo, si lo analizamos más detenidamente, ocurre lo contrario, ya que la libertad de expresión está garantizada precisamente por la certeza del lenguaje y el hecho de que cada término está anclado en la verdad”, señaló.
Dijo que es doloroso ver cómo el espacio para una auténtica libertad de expresión se reduce rápidamente, especialmente en Occidente.
“Al mismo tiempo, se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que, en un intento por ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan”, dijo.
Una consecuencia de esto, dijo León, es que la libertad de conciencia, otro derecho humano fundamental, está siendo cada vez más cuestionada por los Estados.
La libertad de conciencia, que “establece un equilibrio entre el interés colectivo y la dignidad individual”, permite a las personas “rechazar obligaciones legales o profesionales que entran en conflicto con principios morales, éticos o religiosos profundamente arraigados en sus vidas personales”, como el servicio militar, el aborto o la eutanasia.
“La objeción de conciencia no es rebelión, sino un acto de fidelidad a uno mismo”, subrayó.
La vida y la familia
El Papa León instó a los Estados a proteger la institución de la familia como “la vocación al amor y a la vida” manifestada en la “unión exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre” e implicando un “un imperativo ético fundamental para que las familias puedan acoger y cuidar plenamente la vida por nace”.
Al señalar la creciente prioridad de elevar las tasas de natalidad, enfatizó la vida como un don que debe ser apreciado y dijo: “rechazamos categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo”, incluidos el aborto y la gestación subrogada.
Añadió que la Santa Sede también está preocupada por proyectos destinados a financiar la movilidad transfronteriza para aumentar el acceso al aborto y “considera deplorable que se asignen recursos públicos para suprimir la vida, en lugar de invertirlos en apoyar a las madres y las familias”.

Para los enfermos y los ancianos, “la sociedad civil y los Estados también tienen la responsabilidad de responder de manera concreta a las situaciones de vulnerabilidad, ofreciendo soluciones al sufrimiento humano, como los cuidados paliativos, y promoviendo políticas de auténtica solidaridad, en lugar de fomentar formas falsas de compasión como la eutanasia”, dijo.
El Pontífice subrayó la dignidad inalienable de cada persona y que los migrantes, como personas, tienen “derechos inalienables que deben respetarse en todos los contextos”.
“Renuevo la esperanza de la Santa Sede de que las medidas adoptadas por los Estados contra la criminalidad y la trata de personas no se conviertan en un pretexto para socavar la dignidad de los migrantes y los refugiados”, dijo.
Orgullo y amor propio
León recordó que, en la Ciudad de Dios de Agustín, el santo interpreta los acontecimientos y la historia según un modelo de dos ciudades. La ciudad de Dios se caracteriza por el amor incondicional de Dios y el amor al prójimo, especialmente a los pobres, mientras que la ciudad terrena “se centra en el orgullo y el amor propio (amor sui), en la sed de poder y gloria mundanos que conduce a la destrucción”.
“Mientras que San Agustín destaca la coexistencia de la ciudad celestial y la ciudad terrenal hasta el fin de los tiempos, nuestra época parece algo inclinada a negar a la ciudad de Dios su ‘derecho de ciudadanía’”, observó el papa.
“Sin embargo, como señala Agustín, ‘en hombres como éstos, que pretenden encontrar aquí abajo el sumo bien y conseguir por sí mismos la felicidad, el orgullo ha llegado a un tal grado de aturdimiento’”, dijo León. “El orgullo oscurece tanto la realidad misma como nuestra empatía hacia los demás. No es casualidad que el orgullo esté siempre en la raíz de todos los conflictos”.
Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa. Publicado originalmente en CNA.




