Desde Roma, donde participará del consistorio extraordinario convocado por el Papa León XIV para los días 7 y 8 de enero, el Arzobispo de Córdoba (Argentina), Cardenal Ángel Sixto Rossi, ofreció detalles sobre las actividades de los próximos días y compartió una reflexión de año nuevo. 

En diálogo con Radio Mitre, el cardenal comentó que tuvo que sortear algunas dificultades antes de llegar finalmente a Roma, ya que la ciudad de Córdoba sufrió un fuerte temporal de granizo que provocó daños en el aeropuerto. 

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Alojado en la casa de la Compañía de Jesús en Roma, orden de la que es miembro, el Arzobispo de Córdoba indicó que la convocatoria del Papa es diferente a la de un consistorio ordinario, en el que se crean nuevos cardenales. 

En esta oportunidad, los cardenales de la Iglesia se reunirán para abordar diferentes temas, aunque reconoció que no conoce la agenda en detalle, anticipando que luego podrá compartir lo que allí se converse. 

En el marco de su viaje a Roma, el Cardenal Rossi asistirá a la ceremonia de cierre del Año Jubilar, que se celebrará este martes 6 de enero, día de la Epifanía del Señor, en la plaza de San Pedro. 

Se trata de una convocatoria mundial, y el cardenal precisó que “en este caso seguramente están convocados todos, no sé cuántos puedan venir, pero bueno, la invitación es a todos”, por lo que anticipó que habrá unos 200 cardenales. 

El año viejo debe apagarse para que el año nuevo pueda brotar 

En el inicio del año 2026, el Cardenal observó: “Se nos impone el comienzo de año, y cada año que comienza tiene algo de renacer, algo nuevo, algo comienza, algo se estrena, y eso para el corazón, para la psicología, para nuestro espíritu es liberador”. 

Por eso, citando a San Pablo, aconsejó una actitud: “Dejando lo que queda atrás, me lanzo hacia adelante”, pero aclaró que no es un olvido “amnésico”, sino del corazón, para “dejar atrás lo que de ingrato pudo habernos sucedido”.  

“Aunque en realidad no es nada más que pasar la página en el almanaque”, reconoció que algo termina, ya que “el año viejo debe apagarse para que el año nuevo pueda brotar”. 

“En este inicio de año, nuestros sueños, nuestros deseos, nuestras creencias se unen a la de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que, a lo largo y ancho de todo el mundo, en fin, anhelamos un tiempo más tranquilo, sobre todo un mundo más en paz”, frente a tanta guerra y tanta injusticia. 

Finalmente, tomando las palabras de un amigo benedictino, expresó: “El próximo año no quiero que me traiga nada, lo único que quiero es que no se lleve nada. Que no se lleve el techo que me protege, el plato que me alimenta, la manta que me abriga, ni la luz que me ilumina”. 

“Que no se lleve la sonrisa de mis seres amados, la buena salud que es mi tesoro. Que permanezca la amistad, la compañía, los abrazos y los besos. Que no se lleven mis sueños ni los pedazos de mi corazón formado por personas que llevo siempre dentro de mí”, anheló. 

“Que podamos realmente, en lo personal, cada uno sentir que algo comienza y animarse a ponerle nombre, ¿qué es lo que tiene que terminar en mí, qué es lo que tiene que nacer en mí y en el mundo?”, cuestionó finalmente el purpurado argentino.