En una serie de ataques aéreos llevados a cabo entre el 11 y el 12 de mayo, el ejército birmano impactó dos iglesias en el pueblo de Lungtak, en el estado de Chin, ubicado en el oeste de Myanmar. 

De acuerdo al reporte de la agencia vaticana Fides del 15 de mayo, además de los ataques a las iglesias católica y bautista, cinco viviendas fueron reducidas a escombros, sumiendo a los residentes del pueblo en el terror.

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Fuentes locales señalaron que la iglesia católica afectada está bajo la jurisdicción de la Diócesis de Kalay. El sacerdote local, el P. Titus En Za Khan, logró escapar junto con los fieles y encontrar refugio en los bosques cercanos.

“La violencia sigue afectando a la población civil, sobre todo en el territorio de Sagaing, parte del cual pertenece a la Diócesis de Kalay”, indicó una fuente católica local.

Estos bombardeos ocurren en un contexto de conflicto en curso, donde las fuerzas de resistencia, incluidos grupos étnicos como el Ejército Nacional Chin y el Ejército Revolucionario Zomi, han unido fuerzas contra la junta militar que tomó el poder en 2021. 

En respuesta, el ejército birmano ha intensificado sus operaciones, resultando en ataques indiscriminados contra la población civil en el Estado de Chin, donde la mayoría de la población es cristiana.

La Chin Human Rights Organisation (CHRO), ONG con estatuto consultivo especial ante el Consejo Económico y Social de la ONU, ha advertido sobre una grave crisis humanitaria en la región, mientras la comunidad internacional insta a un cese inmediato de la violencia y a un diálogo inclusivo para resolver el conflicto.

Mientras tanto, los residentes afectados por estos ataques continúan enfrentando una realidad marcada por el miedo y la incertidumbre, con la esperanza de que la paz pueda regresar pronto a sus vidas.

En las últimas semanas, insurgentes provenientes de las regiones de Chin, Magwe y Rakhine han tomado el control de la ciudad de Kyindwe, ubicada en la frontera con India y Bangladesh. 

Esta ciudad, un enclave estratégico vital para la dominación territorial, ha caído en manos de la resistencia, marcando un cambio significativo en el equilibrio de poder en la región, apunta Fides.