El Papa León XIV nombró este sábado a Mons. Manuel Nin Güell como nuevo Exarca Apostólico del Monasterio de Santa María de Grottaferrata, la histórica abadía griega de rito bizantino situada a las puertas de Roma, que se encontraba en sede vacante desde 2013.
Con este nombramiento, el Santo Padre puso fin a trece años de sede vacante en esta circunscripción sujeta a la Santa Sede e impulsó una nueva etapa para uno de los principales centros del catolicismo bizantino en Italia.
El filósofo y escritor Daniele Piccioni describió la decisión como algo más que un simple relevo: “No se trata solo de un relevo en la cúpula, sino de una verdadera ‘sacudida’ profética la que ha dado el Papa León XIV en el corazón de los Castelli Romani”, grupo de municipios italianos de la ciudad de Roma.
Según Piccioni, la Santa Sede buscó “cerrar oficialmente una etapa de incertidumbre para la abadía niliana y proyectarla hacia una nueva primavera espiritual, cultural y diplomática”.
Fundado por San Nilo en el año 1004, el monasterio de Grottaferrata ha sido durante siglos un punto de referencia del rito bizantino en comunión con Roma. Piccioni sostuvo que la decisión papal, en el contexto del milenario de la basílica, apuntó a que el monasterio pasara “de ser un precioso ‘museo de la fe’” a convertirse en “un centro propulsor de la espiritualidad y del diálogo ecuménico en el tercer milenio”.
Retomando una imagen clásica de León XIII, quien definió la abadía como una “joya oriental incrustada en la tiara pontificia”, Piccioni afirmó que León XIV quiso subrayar que esta “no podía seguir siendo un legado silencioso”.