1 de febrero de 2026 Donar
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León XIV nombra al líder de católicos bizantinos como exarca de Grottaferrata, histórica abadía cerca de Roma

Mons. Manuel Nin Güell, nuevo Exarca Apostólico de Grottaferrata/ Crédito: Mauricio Andrade, secretario de Mons. Manuel Nin Güell

El Papa León XIV nombró este sábado a Mons. Manuel Nin Güell como nuevo Exarca Apostólico del Monasterio de Santa María de Grottaferrata, la histórica abadía griega de rito bizantino situada a las puertas de Roma, que se encontraba en sede vacante desde 2013.

Con este nombramiento, el Santo Padre puso fin a trece años de sede vacante en esta circunscripción sujeta a la Santa Sede e impulsó una nueva etapa para uno de los principales centros del catolicismo bizantino en Italia.

El filósofo y escritor Daniele Piccioni describió la decisión como algo más que un simple relevo: “No se trata solo de un relevo en la cúpula, sino de una verdadera ‘sacudida’ profética la que ha dado el Papa León XIV en el corazón de los Castelli Romani”, grupo de municipios italianos de la ciudad de Roma.

Según Piccioni, la Santa Sede buscó “cerrar oficialmente una etapa de incertidumbre para la abadía niliana y proyectarla hacia una nueva primavera espiritual, cultural y diplomática”.

Fundado por San Nilo en el año 1004, el monasterio de Grottaferrata ha sido durante siglos un punto de referencia del rito bizantino en comunión con Roma. Piccioni sostuvo que la decisión papal, en el contexto del milenario de la basílica, apuntó a que el monasterio pasara “de ser un precioso ‘museo de la fe’” a convertirse en “un centro propulsor de la espiritualidad y del diálogo ecuménico en el tercer milenio”.

Retomando una imagen clásica de León XIII, quien definió la abadía como una “joya oriental incrustada en la tiara pontificia”, Piccioni afirmó que León XIV quiso subrayar que esta “no podía seguir siendo un legado silencioso”.

El nombramiento de Mons. Nin, escribió, funciona como un “injerto apostólico” para que este lugar volviera a ser “un centro vivo y pulsante de vida monástica” y “un puente inescindible entre las tradiciones cristianas de Oriente y Occidente”.

Un monje y académico con amplia trayectoria

Mons. Manuel Nin Güell es monje benedictino formado en el Monasterio de Montserrat, en Cataluña. Ha desarrollado una amplia labor académica desde 1996 en diversas universidades pontificias y está especializado en patrología siríaca y griega.

Piccioni subrayó que en él “la sabiduría del monje no queda confinada en los libros, sino que se convierte en una mirada atenta hacia el otro”.

Entre los rasgos más singulares de su perfil, destacó su temprano trabajo con manuscritos siríacos en bibliotecas como la British Library de Londres, donde utilizó de forma pionera ordenadores portátiles para transcribir y traducir textos antiguos. 

Ese trabajo —marcado por la precisión que exige una lengua donde “un solo punto puede cambiar radicalmente el sentido de una palabra”, mostró, según Piccioni, su capacidad de unir rigor filológico e intuición espiritual.

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Durante 17 años fue rector del Pontificio Colegio Griego de Roma, donde formó a decenas de seminaristas del mundo oriental católico. Además, colaboró por más de una década con el diario vaticano L’Osservatore Romano, con artículos apreciados por Benedicto XVI y el Papa Francisco por su capacidad de acercar al público la teología y la liturgia del Oriente cristiano.

Experiencia en diálogo con los ortodoxos

En la década previa, como Exarca Apostólico en Grecia, Mons. Nin desarrolló su ministerio en un contexto mayoritariamente ortodoxo. Piccioni lo describió como un “diplomático de trinchera” que convirtió la frontera con la ortodoxia griega en “un fértil punto de encuentro”.

Su labor pastoral abarcó comunidades de diversas tradiciones orientales, ofreciendo “una verdadera paternidad espiritual y una autoridad diplomática concebida como un abrazo universal”. Bajo su guía, la catedral de la Santísima Trinidad en Atenas se convirtió en “un faro de fe y un refugio para la humanidad herida”.

Para el filósofo, Mons. Nin Güell representó “el hombre de la síntesis”: un monje benedictino y conocedor de Oriente que regresó a las puertas de Roma para custodiar y relanzar esta “joya oriental” de la Iglesia que impulsará la plena comunión entre los cristianos.

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