Especialmente durante los meses de primavera y verano, parejas de novios que pronto se darán el “sí quiero” aguardan con paciencia su turno a las puertas del hogar de las Clarisas en Madrid, el Monasterio de la Inmaculada y San Pascual en Madrid (España).
Entre sus manos sujetan un peculiar obsequio: una docena de huevos que entregarán como ofrenda a Santa Clara con la esperanza de asegurarse un día soleado el día de su boda.
Una vez frente al torno, la voz angelical de sor Victoria resuena a través de un telefonillo. Aunque su rostro permanece oculto, su cercanía, delicadeza y el interés con el que se detiene en cada detalle del futuro matrimonio convierten ese instante en un recuerdo imborrable.
En la sala contigua, la Madre Superiora, sor María Jesús, recibe a ACI Prensa con una sonrisa que traspasa la verja que separa a las hermanas clarisas del mundo exterior. “Esta tradición se ha ido pasando de generación en generación. Las madres de los jóvenes que vienen ahora seguramente nos trajeron huevos en su día”, recuerda.