El Papa León XIV aprobó este 22 de enero el decreto que reconoce el martirio del Siervo de Dios Augusto Ramírez Monasterio, sacerdote franciscano asesinado en Guatemala en 1983, y el milagro atribuido a la intercesión de la Venerable María Ignazia Isacchi, Fundadora de la Congregación de las Ursulinas del Sagrado Corazón de Jesús de Asola, en Italia.
Asesinado en plena calle durante la Guerra Civil
Fray Augusto Ramírez fue visto por última vez mientras intentaba escapar de sus asesinos en una de las calles más concurridas del centro de la Ciudad de Guatemala. Con las manos atadas, clamaba por ayuda mientras esquivaba el tráfico en dirección contraria. Sus desesperados esfuerzos fueron en vano: fue alcanzado por ocho disparos.
El futuro beato se sumaba así a la larga lista de sacerdotes asesinados —aparentemente a manos de las fuerzas de seguridad de Guatemala—, durante la Guerra Civil que duró más de tres décadas, enfrentando a las fuerzas de seguridad oficiales con el clero católico, la guerrilla marxista, los disidentes políticos y los pobres.
Su asesinato fue el culmen de meses de persecución, amenazas de muerte y torturas, por negarse a romper el secreto de confesión después de confesar a Fidel Coroy, miembro del pueblo maya kaqchikel, catequista y reconocido por su implicación en organizaciones campesinas como el Comité de Unidad Campesina y el Ejército Guerrillero de los Pobres.
Los relatos posteriores al asesinato de Fray Augusto demostraron que había sido torturado por sus captores militares, quienes lo desnudaron y lo colgaron de las muñecas, sometiéndolo a palizas y quemaduras y rompiéndoles varias costillas.