El P. Rafael Prado, párroco de San Andrés Apóstol en la localidad española de Adamuz, ni siquiera podía imaginar lo que se iba a encontrar a la vuelta de la semana de ejercicios espirituales, donde se había propuesto "no perder ni un minuto en el tiempo de oración” y atender las horas litúrgicas “en su momento”.
“Uno se quiere organizar su vida y Dios te cambia los planes por completo”, reconoce a en conversación con ACI Prensa. Así sucedió cuando el domingo por la tarde (hora de España), se produjo el trágico accidente de tren que se ha cobrado al menos 43 muertos.
Así, sin quitar importancia al rezo de la liturgia de las horas, el P. Prado explica que “la oración también se hace en medio de la actividad”. Y, en medio del frenesí de aquellas horas de oscuridad y frío, surgió una primera oración de socorro.
“Lo que te sale en mitad de ese momento de tensión es elevar tus ojos al cielo y pedirle al Señor auxilio y ayuda, ¿no? Y luego bajas de nuevo la mirada a la tierra y te das cuenta de que en las personas que andan corriendo de un lado para otro buscando ayudar está Dios, haciéndose presente y actuando por medio de ellos”.
El martes, pudo acompañar a los Reyes de España a la zona cero del suceso, donde hasta el momento no se había podido hacer presente. Entonces, su corazón sacerdotal le llevó a “ofrecer un responso por los difuntos y encomendarlos a la misericordia de Dios”.