21 de enero de 2026 Donar
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El párroco de Adamuz, tras la tragedia ferroviaria: “Jesús, gracias por estar ahí” 

P. Rafael Prados, párroco de Adamuz (Córdoba, España)./ Crédito: Diócesis de Córdoba.

El P. Rafael Prado, párroco de San Andrés Apóstol en la localidad española de Adamuz, ni siquiera podía imaginar lo que se iba a encontrar a la vuelta de la semana de ejercicios espirituales, donde se había propuesto "no perder ni un minuto en el tiempo de oración” y atender las horas litúrgicas “en su momento”. 

“Uno se quiere organizar su vida y Dios te cambia los planes por completo”, reconoce a en conversación con ACI Prensa. Así sucedió cuando el domingo por la tarde (hora de España), se produjo el trágico accidente de tren que se ha cobrado al menos 43 muertos.  

Así, sin quitar importancia al rezo de la liturgia de las horas, el P. Prado explica que “la oración también se hace en medio de la actividad”. Y, en medio del frenesí de aquellas horas de oscuridad y frío, surgió una primera oración de socorro.  

“Lo que te sale en mitad de ese momento de tensión es elevar tus ojos al cielo y pedirle al Señor auxilio y ayuda, ¿no? Y luego bajas de nuevo la mirada a la tierra y te das cuenta de que en las personas que andan corriendo de un lado para otro buscando ayudar está Dios, haciéndose presente y actuando por medio de ellos”. 

El martes, pudo acompañar a los Reyes de España a la zona cero del suceso, donde hasta el momento no se había podido hacer presente. Entonces, su corazón sacerdotal le llevó a “ofrecer un responso por los difuntos y encomendarlos a la misericordia de Dios”.  

“Lo que te sale es mirar al Sagrario con lágrimas en los ojos” 

Pasadas las horas, cuando ya no quedan víctimas en el pueblo de Adamuz y vuelve la vida ordinaria, la oración del P. Prado se traslada a la serenidad del templo, ante el Tabernáculo.  

“Cuando ya te pones delante del Sagrario y ya se ha acabado el ruido, ya se ha acabado la agitación, pues lo que te sale es mirar al Sagrario con lágrimas en los ojos y decirle a Jesús: Gracias por estar ahí, gracias por hacernos cristianos y gracias por marcar el corazón de este pueblo con la parábola del buen samaritano”.  

A pesar de tratarse de uno de los accidentes ferroviarios más trágicos de la historia de España, la acción de gracias también surge por el lugar en que sucedió.  

"Hay que darle gracias a Dios"

Según refiere el párroco, algunos de los vecinos de Adamuz trabajaron en las obras del ferrocarril y le decían: “Gracias a Dios que el accidente ha sido ahí, porque si llega a ser un poco más para atrás o un poco más para adelante, no hubiese habido supervivientes. Más para atrás hay un túnel y más para adelante hay un puente muy alto”.  

"La gente de Adamuz es consciente de que, a pesar de la tragedia, hay que darle gracias a Dios de que haya pasado como ha pasado”, añade. 

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El corazón del párroco de Adamuz está lleno de gratitud “por lo que mi pueblo ha hecho y por cómo ha respondido la Iglesia”, y afronta ahora el día después de la tragedia con sus feligreses. 

“Con el paso del tiempo, estando y hablando con ellos y poniendo sobre todo a Dios en medio, la paz volverá al pueblo y quedará la memoria de los que han fallecido, siempre rezando por ellos. Y el orgullo de haber sabido responder como buenos cristianos en el mismo momento en el que era necesario, sin necesidad de que nadie, ni yo, ni el alcalde, ni ninguna autoridad, diera la voz de alarma. Salió directamente del corazón de cada uno”, especifica.  

“No hemos encontrado ningún rechazo” 

Más allá de la atención material inmediata de las primeras horas, una de las principales labores sacerdotales en una tragedia de estas dimensiones es permanecer presentes para ofrecer la escucha humana y el consuelo espiritual.  

“A través de ese estar, a través de tu mirada, de tu sonrisa, de un abrazo... Que, a través de eso, más que de las palabras, pueda transmitirle el amor que Dios les tiene también en ese momento”, relata el P. Prado.  

Para realizar esa labor en el centro de atención a familiares de las víctimas, la Diócesis de Córdoba destacó en el lugar a un grupo de sacerdotes entre los que se encuentra el P. Manuel Sánchez, que coincide con lo expresado por el párroco de Adamuz: “Lo que menos importa tal vez sea decir una palabra, que también hay que decirla porque la demandan. Pero sobre todo escuchar y que ellos puedan exteriorizar su sufrimiento, sus preguntas. Siempre esperan un apoyo, siempre esperan una palabra de esperanza”. 

P. Manuel Sánchez, sacerdote español destacado para ofrecer atención espiritual a las víctimas del accidente de tren de Adamuz (España). Crédito: Diócesis de Córdoba.

El panorama que se han encontrado a lo largo de las últimas horas se caracteriza por ser “muy duro”, en especial "un sufrimiento muy condensado en un grupo de familia que tiene que asumir una tragedia y afrontar la espera de la identificación”, pues aún hay decenas de desaparecidos, así como de cadáveres sin identificar.  

A pesar de ello, el P. Sánchez afirma a ACI Prensa que “la experiencia que estamos teniendo es muy bonita”, tanto con quienes exteriorizan más su fe, como quienes tal vez no la tengan, pues también agradecen “que le podamos abrir una ventana a la esperanza, tanto de su familiar fallecido, como de ellos mismos. Lo necesita todo ser humano. En este sentido, es realmente admirable, porque no hemos encontrado ningún rechazo”.  

“El sufrimiento, cuando se vive con amor, nos hace crecer” 

Preguntado por si esta ocasión de presencia sacerdotal en mitad del dolor es propicia para crecer como sacerdote, el P. Sánchez comparte que lo vive, “aunque pueda sonar contradictorio, dándole muchas gracias a Dios porque me siento instrumento para que cualquier persona pueda encontrar un poquito de consuelo, o por lo menos confortar ese sufrimiento, desahogarse”.  

“Lo segundo que le agradezco infinitamente es que todo esto cada día me importe más, que me importen más las personas, que me importe más el sufrimiento de las personas. Se lo agradezco al Señor porque ciertamente el sufrimiento, cuando se vive con amor, nos hace crecer absolutamente”, concluye. 

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