Cada día, seminaristas llegados de todos los rincones del mundo salen en bicicleta desde el Seminario Internacional Bidasoa, su hogar a las afueras de Pamplona (España), rumbo a la Universidad de Navarra, donde gracias a una beca reciben una formación completa antes de regresar a sus países.
De América Latina, Europa, África y Asia, los seminaristas conviven y se forman en un ambiente de confianza, libertad y clima familiar en este centro, querido por San Josemaría Escrivá para responder a la llamada de San Juan Pablo II de fundar un seminario ideal donde se reuniera la excelencia.
Fruto de ese deseo nació el Seminario Internacional Bidasoa, erigido por la Santa Sede en 1988 y situado en Cizur Menor (Navarra). Su misión principal es formar a seminaristas enviados por sus obispos para que, tras completar su formación, regresen a sus diócesis de origen y sean ordenados sacerdotes.
“Una experiencia que transforma nuestra vida”
“Mi experiencia aquí en cinco años ha sido muy buena”, comenta a ACI Prensa el seminarista Alexander Binsar, de Indonesia, que se encuentra en su quinto año del Bachillerato en Teología.