Sin embargo, los “Arreglos” no significaron modificaciones a la Constitución de 1917 ni a la “Ley Calles”, sino que establecieron un modus vivendi en el que el gobierno federal se comprometía a no aplicar las leyes para perseguir a los católicos, mientras que los obispos reanudaban el culto y los cristeros deponían las armas.
Pero la persecución estaba lejos de acabar. Escribe Meyer que “para los cristeros, el modus vivendi se convirtió muy pronto en un siniestro modus moriendi, padecido como una prueba peor que la guerra misma y llevado como una cruz, misterio incomprensible al cual se sometían por amor al Papa y a Jesús, Cristo Rey”.
Añade: “Todos los antiguos cristeros dicen: ‘Han muerto más después de los 'arreglos' que durante la guerra’”.
“En la capital de la República se adoptó el partido de asegurar y de repetir que todo había terminado, pero en las memorias de la Secretaría de Guerra aparecen balances de campañas hasta 1941, y los generales discuten el medio o los medios de reducir a los rebeldes, en ocasiones muy peligrosos, acá o allá”, escribe el historiador francomexicano en otra parte del primer tomo de La Cristiada.
Este periodo es considerado comúnmente como la “segunda Cristiada”, pero Meyer precisa que “si la primera etapa (1926-29) de la cristiada era ya una guerra de pobres, la segunda fue una guerra de miserables, sin medios, sin ayudas”.
El largo camino hacia la libertad religiosa en México
No sería hasta 1992 —después de concretadas dos visitas a México del Papa San Juan Pablo II, en 1979 y 1990— que las relaciones entre Iglesia y Estado serían formalmente restablecidas en el país, y una reformada Constitución de 1917 y la nueva y vigente “Ley de asociaciones religiosas y culto público” permitieron que se reconociera la personalidad jurídica de la Iglesia Católica.
Sólo desde entonces, por ejemplo, la Iglesia Católica puede ser dueña de templos en México, pero todos los construidos antes de 1992 —entre ellos la Basílica de Guadalupe— son propiedad de la nación.
Con todo, la ley actual aún prohíbe que tanto asociaciones religiosas como ministros de culto posean o administren “estaciones de radio, televisión o cualquier tipo de telecomunicación”, así como “administrar cualquiera de los medios de comunicación masiva”. De hecho, la norma sólo permite que se realicen “publicaciones impresas de carácter religioso”.
Un llamado de los obispos mexicanos en el centenario
En su más reciente Mensaje al Pueblo de Dios, los obispos mexicanos hicieron un llamado a “honrar la memoria” de la “resistencia cristera”.
Advirtieron que este centenario “no puede ser una mera conmemoración nostálgica. Debe ser un examen de conciencia y un compromiso renovado”.
“Nuestros mártires nos preguntan hoy: ¿Estamos dispuestos a defender nuestra fe con la misma radicalidad? ¿Hemos perdido el sentido de lo sagrado? ¿Nos hemos acomodado a una cultura que quiere relegar la fe al ámbito privado?”.
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