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El Cardenal Roche redobla su apuesta por Traditionis custodes 

El Cardenal Arthur Roche el 7 de diciembre de 2024./ Crédito: Edward Pentin.

En un discurso no pronunciado ante los cardenales la semana pasada, el Cardenal Arthur Roche planeaba expresar su oposición al rito romano tradicional, el cual ve como una concesión que necesita ser finalmente eliminado en favor de la liturgia post-Vaticano II, como expresión única del rito latino. 

En un texto de dos páginas sobre Traditionis custodes (Guardianes de la tradición), el decreto de 2021 del Papa Francisco que restringe la liturgia tradicional preconciliar, el prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos argumentó que sin un “progreso legítimo” en la liturgia, “la Tradición se reduciría a un ‘conjunto de cosas muertas’, no siempre sanas”. 

Sus comentarios iban a formar parte de un debate sobre la liturgia durante el consistorio extraordinario de cardenales de la semana pasada, pero el tema fue omitido por falta de tiempo. El texto del purpurado fue obtenido por la periodista Diane Montagna, quien informó sobre su contenido el 13 de enero. 

Según su discurso previsto, el Cardenal Roche pretendía explicar a los cardenales que la liturgia siempre ha experimentado reformas, y ofreció varios ejemplos de la historia de la Iglesia. 

La liturgia, dijo, "se caracteriza en sí misma por elementos culturales que cambian con el tiempo y el lugar", y su historia es una de "reforma continua en un proceso de desarrollo orgánico". 

Como parte de su argumento, citó las palabras pronunciadas por Benedicto XVI en una audiencia general de 2006, cuando afirmó que la Tradición no es la transmisión de "un conjunto de cosas muertas", sino "el río vivo que nos une a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes". 

El Cardenal Roche afirmó que "la liturgia querida por el Concilio Vaticano II no solo está en plena sintonía con el verdadero significado de la Tradición, sino que constituye una forma singular de ponerse al servicio de la Tradición".  

La Iglesia, sostuvo, siempre ha tenido “esta visión dinámica” de “mantener una tradición sólida” y “abrir camino al progreso legítimo”, y añadió que estas no pueden entenderse como “dos acciones separables”. “El bien primordial de la Iglesia no puede lograrse congelando la división, sino encontrándonos en el compartir lo que no puede sino ser compartido”, escribió el Cardenal Roche. 

El cardenal inglés citó el documento del Papa Francisco “sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios”, Desiderio desideravi, y añadió: “No podemos volver a esa forma ritual que los padres conciliares, cum Petro et sub Petro, sintieron la necesidad de reformar, aprobando, bajo la guía del Espíritu Santo y siguiendo su conciencia de pastores, los principios de los cuales nació la reforma”. 

La unidad, enfatizó el Cardenal Roche, citando además a Francisco, solo puede lograrse con una forma del Rito Romano: la que procedió del Vaticano II. Además, el purpurado sostuvo que permitir la liturgia prerreformada durante los pontificados de Pablo VI y Juan Pablo II fue solo una "concesión" y no una promoción, y reiteró el deseo de Francisco de que la liturgia reformada sea "la única expresión" de la liturgia del Rito Romano. 

Finalizó citando nuevamente Desiderio desideravi, en el que Francisco afirmó que los problemas en torno a la liturgia son "principalmente eclesiológicos", y el Papa expresó su incredulidad de que alguien pudiera reconocer la validez del Concilio y, sin embargo, no aceptar las reformas litúrgicas "derivadas" del Vaticano II. 

Respuestas al Cardenal Roche 

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En respuesta al documento, el sacerdote liturgista John Zuhlsdorf señaló que el cardenal afirmaba erróneamente que la liturgia reformada representa un "desarrollo orgánico". Recordó que el Cardenal Joseph Ratzinger había descrito la reforma litúrgica como una "fabricación, un producto banal del momento”, un rito, escribió el P. Zuhlsdorf, elaborado por comités y "justificado ex post facto apelando a la historia y a la necesidad pastoral". Tal proceso, añadió, "no puede conciliarse fácilmente con la comprensión previa de la Iglesia de la tradición litúrgica como algo recibido, no creado". 

También criticó el documento por "redefinir términos clave como reforma, tradición, unidad y legitimidad, de maneras que predeterminan el resultado". Para el P. Zuhlsdorf, el “alcance, método y aceptación de la reforma” debe ser primero abordado, de lo contrario, las apelaciones a la autoridad y a la unidad cerrarán el debate en lugar de actuar como instrumentos de comunión. 

El comentarista católico Gavin Ashenden dijo que el documento no entregado del Cardenal Roche no se caracterizaba "por un análisis teológico serio, sino por la propaganda", un "acto de partidismo" que intentaba "presentar una versión de la verdad". Al situar el documento en su contexto histórico, Ashenden concluyó que se trataba de un intento de orientar a los cardenales hacia mayores restricciones a la liturgia tradicional, ofreciendo una historia revisionista de la reforma posconciliar. 

Según el comentarista católico Austen Ivereigh, cercano a quienes asesoraron al Papa León XIV, el Santo Padre le había pedido al Cardenal Roche que preparara el documento. "Fue uno de los cuatro cardenales a los que se les pidió que prepararan informes sobre los cuatro temas que León XIV había elegido", escribió Ivereigh en X. 

Los cuatro temas se redujeron a dos al comienzo del consistorio debido a limitaciones de tiempo, pero es probable que la liturgia se trate en un próximo consistorio. El siguiente está programado para finales de junio. 

Aunque todos los debates del consistorio debían mantenerse confidenciales, otros dos discursos, pronunciados ante la asamblea, fueron reportados en los medios italianos y publicados íntegramente por el sitio web Messa in Latino. 

Intervención del Cardenal Fernández 

En su discurso, el Cardenal Víctor Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, habló sobre uno de los dos temas tratados en el consistorio: la exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco de 2013.  

El purpurado argentino argumentó que el documento sigue siendo un texto programático para la Iglesia y no "expiró" con el pontificado anterior, ya que se centraba en proclamar el amor salvador de Dios como algo bello y atractivo, más que como una mera lista de doctrinas o normas morales. 

"A menudo, terminamos hablando de las mismas cuestiones doctrinales, morales, bioéticas y políticas", dijo, añadiendo que esto conlleva riesgos: que el mensaje del Evangelio "no resuene" o que "solo se planteen ciertos temas fuera del contexto más amplio de la enseñanza espiritual y social de la Iglesia". 

Por lo tanto, el Cardenal Fernández derivó del documento de Francisco dos exigencias concretas para la Iglesia: la reforma continua y la purificación continua de la predicación para que prevalezca la verdad del amor infinito de Dios; y que el "llamado a vivir el primer mandamiento del amor fraterno" resuene por encima de todo, especialmente en la enseñanza moral de la Iglesia.  

En relación con el segundo tema del consistorio, “Sínodo y sinodalidad”, el Cardenal Mario Grech, secretario general de la Secretaría del Sínodo, argumentó que el reciente proceso sinodal demostró cómo un estilo de vida eclesial más sinodal podría servir como instrumento eficaz para asistir al ministerio petrino en el discernimiento, sin limitar ni relativizar en modo alguno la primacía papal.  

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Sostuvo que la sinodalidad no es un contrapeso a la primacía, sino una forma en que la función profética del Pueblo de Dios y el discernimiento del colegio episcopal convergen para ofrecer al Papa una ayuda más fiable en la toma de decisiones para toda la Iglesia. 

Un cuarto discurso que llegó a los medios de comunicación, pero que no se pronunció por falta de tiempo, fue el del Cardenal Fabio Baggio, subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.  

Su discurso, destacó la importancia de Praedicate evangelium —el documento de 2021 del Papa Francisco que reforma la Curia Romana— para hacer de la evangelización el centro del gobierno de la Iglesia, cómo descentralizó parte de la toma de decisiones de Roma a los obispos locales y que hizo que la curia fuera más sinodal con énfasis en la escucha y el discernimiento. 

Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa. Publicado originalmente en NCRegister

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