15 de enero de 2026 Donar
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Monjes españoles rescatan una receta medieval y elaboran su propia ginebra con hierbas del bosque

Monje recoge enebro de los bosques que rodean el Monasterio de Leyre, en Navarra/ Crédito: Cortesía de Eduardo Oliver

Durante los meses de septiembre y octubre, los monjes benedictinos del Monasterio de San Salvador de Leyre, en Navarra (España), se adentran en el bosque para recoger enebro, el ingrediente esencial de una ginebra que preserva una tradición milenaria.

En las faldas de la sierra de Errando se erige este conjunto monástico del siglo IX, cuna del antiguo reino de Pamplona y uno de los más antiguos de Europa, conocido por su relevancia histórica y patrimonio arquitectónico. 

Monasterio de San Salvador de Leyre, cuna del antiguo reino de Pamplona y uno de los más antiguos de Europa. Crédito: Cortesía de fray Eduardo Oliver

En el interior de sus gruesas paredes habitan 17 monjes españoles que llevan una vida contemplativa, marcada por el silencio y la oración, fieles al célebre ora et labora y siguiendo un carisma centrado en la liturgia, la vida interior y el espíritu de familia.

Entre ellos se encuentra fray Eduardo Oliver, un joven de 30 años que, tras descubrir los primeros destellos de su vocación durante la JMJ de Madrid de 2011, fue conducido por el Señor hasta este monasterio, destinado a convertirse en su hogar. “Vivir aquí fue un deseo que acabó convirtiéndose casi en una necesidad”, cuenta en conversación con ACI Prensa. 

Su jornada arranca a las 5:30 de la mañana y transcurre en torno a la liturgia de las horas, la oración en común, la oración personal y el trabajo. “El monasterio lo atendemos nosotros, nos ocupamos de las necesidades que haya, desde la sastrería, la cocina, la contabilidad,  hasta cuidar a los mayores”, explica. 

Su jornada arranca a las 5:30 de la mañana y transcurre en torno a la liturgia de las horas. Crédito: Cortesía de fray Eduardo Oliver

Recuperar la receta medieval original

Entre sus distintas labores, los monjes decidieron poner de nuevo en marcha una licorería medieval del monasterio, donde se elaboraba el tradicional Licor de San Benito. “Es parte de nuestra tradición y había que seguir reformándola, con la idea de volver a nuestras raíces y esencia”, comenta fray Eduardo.

Durante un año y medio se dedicaron a investigar las recetas medievales que los monjes utilizaban para crear los licores de hierbas con propiedades curativas. “En la desamortización de los monasterios se hicieron inventarios de todo lo que había entonces y también estudiamos todos los volúmenes donde se conservan los tratados de plantas de Santa Hildegarda”, explica fray Eduardo.

Durante un año y medio se dedicaron a investigar las recetas medievales del licor de hierbas. Crédito: Cortesía de fray Eduardo Oliver

El joven monje recuerda cuánto disfrutó de aquella primera etapa de investigación y documentación. “Me encantó descubrir cómo trabajaban los monjes antiguos y, sobre todo, la manera en que todos nos involucramos”, afirma.

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Más allá de la investigación histórica, el proyecto exigió poner en marcha el laboratorio y cumplir con los requisitos sanitarios, así como ocuparse del diseño de las botellas y del etiquetado. 

Imagen del Capitulare de Villis vel Curtis Imperii. Crédito: Cortesía de fray Eduardo Oliver

“La familia se construye día a día y este es un proyecto que nos engloba a todos. Los jóvenes se dedican a la maceración de las hierbas y los mayores se encargan de etiquetar y almacenar las botellas. También es un trabajo muy bonito para los novicios y postulantes: una dinámica en la que cada uno tiene su lugar y todos se integran con naturalidad, desde el más veterano hasta el más joven”, cuenta fray Eduardo.

Los monjes de Leyre lograron recuperar la receta original del licor y encontraron todas las hierbas necesarias para su elaboración en los bosques que rodean al monasterio. Esto se debe, explica fray Eduardo, a un decreto de Carlomagno promulgado en el siglo VIII, el Capitulare de Villis vel Curtis Imperii, una especie de guía administrativa para las fincas del Imperio en la que se establecía qué hierbas debían plantarse en los monasterios.

Los monjes consiguieron recuperar la receta original de la Edad Media. Crédito: fray Eduardo Oliver

El nuevo proyecto de una ginebra artesanal

En el bosque también encontraron enebro, la planta con la que se elabora la ginebra, y entonces decidieron lanzarse a un nuevo proyecto y crear la suya propia. “El proceso es muy artesanal y manual, no está nada industrializado y requiere mucha precisión, desde los gramos que tienes que poner de cada planta, hasta los días que deben macerar”. 

Además, cada planta debe recogerse en un momento específico del año. “El enebro, por ejemplo, se recoge al finalizar el verano, pero hay algunas raíces que se recogen antes de la primavera. Luego hay que tenerlas sumergidas en alcohol, algunas necesitan hasta 30 días de maceración, y cada día vamos dándoles la vuelta, mirando cómo evolucionan. Es un proceso largo, pero también es muy tranquilo, muy contemplativo y recogido, que se presta mucho a nuestra forma de vida”, señala fray Eduardo.

Botella de ginebra "Monasterio de Leyre". Crédito: Cortesía de fray Eduardo Oliver

“A base de prueba y error hemos ido heredando las recetas de unos a otros y cada uno ha puesto su granito de arena. Pero no es una cosa que hemos empezado de cero, sino que hemos recuperado una tradición, somos custodios de un legado”, afirma el monje. 

El lanzamiento de su primera botella de ginebra “Monasterio de Leyre” fue el pasado mes de octubre, coincidiendo con la visita al monasterio de los reyes de España junto a la infanta Leonor. “Siempre vienen a Leyre porque es la cuna de los antiguos reyes de Navarra y aprovechando su visita les regalamos las primeras botellas”, cuenta fray Eduardo.

Desde entonces, la ginebra y el licor de Leyre se comercializan en algunas parroquias y también pueden adquirirse en la tienda del monasterio, que además ofrece visitas guiadas y dispone de hospedaje. “Se trata de ediciones muy limitadas, elaboradas en series pequeñas, porque no están pensadas para una producción masiva; hacerlo supondría renunciar precisamente a lo que somos”, afirma.

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