“La paz merece dar la vida”. Con esa convicción, el sacerdote mexicano José Filiberto Velázquez Florencio, también conocido como “Padre Fili”, afirma que continuará su compromiso a favor de la reconciliación y la justicia, aún después de haber sido obligado a abandonar su hogar y comunidad en el estado de Guerrero, tras recibir nuevas amenazas contras su vida por parte del crimen organizado.
Ahora, desde un hogar temporal, el sacerdote de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, confirmó a ACI Prensa este 13 de enero que su salida obedeció a “un riesgo inminente por unas amenazas (…) [tenemos] información de alguien de primera mano, de que buscaban hacerme daño. Ya lo habían intentado sin éxito, pero ahora seguían buscando cómo”.
Señaló que, hasta el último momento, su decisión era “continuar con el riesgo”, convencido de que las medidas de protección que tenía eran “al menos suficientes para mantener la presencia y el trabajo que se venía haciendo”.
El ministerio del P. Velázquez Florencio ha estado profundamente ligado al acompañamiento de víctimas de desplazamiento forzado, familiares de desaparecidos y personas golpeadas por la violencia a través del Centro de Derechos de las Víctimas de Violencia Minerva Bello, del que es director, y la Casa del Peregrino, que brinda albergue a diversas personas necesitadas, entre ellas migrantes y víctimas de violencia.
Desde al menos 2024, el sacerdote tiene protección de autoridades federales como parte del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, sistema gubernamental al que fue incorporado tras agresiones previas.
Sin embargo, dijo que se llegó a la conclusión “de que era mejor salir, bajar el perfil para que disminuyera el riesgo”, impulsado por la preocupación de su obispo, Mons. José de Jesús González Hernández, del clero diocesano y de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).