El Cardenal Pietro Parolin se encuentra estos días en Bruselas (Bélgica) como enviado del Papa León XIV para conmemorar el octavo centenario de su catedral, desde donde subrayó el gran desafío de la Iglesia Católica en una Europa herida y dividida: no perder “su audacia evangelizadora”.
Durante su homilía en la Misa de apertura de las celebraciones en la Catedral San Miguel y Santa Gúdula el 11 de enero, el cardenal recordó la historia del templo —símbolo del catolicismo belga—, que fue erigido como una capilla dedicada a San Miguel, convirtiéndose más tarde en una iglesia románica y en un templo gótico en el siglo XIII.
El enviado de León XIV señaló que la capital belga recuerda que “Europa nace del encuentro y de la capacidad de mantener unidas las diferencias” y que la Iglesia “no nace de un acto aislado ni de un proyecto cerrado en un instante, sino de una fidelidad que atraviesa las generaciones”.
Además, destacó la actualidad de las palabras de San Juan Pablo II en 1982, cuando invitó a Europa a “abrir sus puertas a Cristo” para que su futuro no quedara “dominado por la incertidumbre y el temor”, sino que se abriera “a una nueva etapa de vida”.
En este sentido, recordó a los “padres” de Europa; Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gasperi, “quienes supieron imaginar el continente no como una mera alianza de intereses, sino como una comunidad fundada en la reconciliación y en la primacía de la persona y del bien común”