El Papa León XIV celebró en la basílica de San Pedro una Misa con los cardenales participantes en el Consistorio extraordinario que se concluye este jueves 8 de enero. Lea aquí la homilía completa.
Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios» (1 Gv 4,7).
La liturgia nos propone esta exhortación mientras celebramos el consistorio extraordinario, un momento de gracia en el que expresamos nuestra unión al servicio de la Iglesia.
Como sabemos, la palabra Consistorio, Consistorium, “asamblea”, puede ser leída a la luz de la raíz del verbo consistere, es decir, “detenerse”. En efecto, todos nosotros nos hemos “detenido” para estar aquí; hemos suspendido durante un tiempo nuestras actividades y renunciado a compromisos incluso importantes, para reunirnos y discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo.
Esto es en sí mismo un gesto muy significativo, profético, especialmente en el contexto de la sociedad frenética en la que vivimos. De hecho, recuerda la importancia, en cada trayecto de la vida, de detenerse para orar, escuchar, reflexionar y así volver a enfocar cada vez mejor la mirada en la meta, dirigiendo hacia ella todos los esfuerzos y recursos, para no correr el riesgo de correr a ciegas o dar golpes en el aire, como advierte el apóstol Pablo (cf. 1 Co 9,26).
De hecho, no estamos aquí para promover “agendas” —personales o grupales—, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera «como el cielo se alza por encima de la tierra» (Is 55,9) y que solo puede venir del Señor.