El Papa León XIV cerró este martes la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, poniendo fin al Año Santo ordinario, un tiempo de gracia que ha invitado a los católicos a la conversión, la reconciliación y la esperanza.
El Pontífice se dirigió en procesión hacia la Puerta Santa mientras se entonaba la antífona O clavis David. Al llegar al umbral, se arrodilló ante la puerta y permaneció unos minutos en oración silenciosa. A continuación, se levantó y empujó él mismo a las 9.41 (hora local) los dos grandes portones de bronce, gesto que marcó de manera visible el final del tiempo jubilar.
"Con ánimo agradecido nos disponemos a cerrar esta Puerta Santa, atravesada por una multitud de fieles, seguros de que el Buen Pastor mantiene siempre abierta la puerta de su corazón para acogernos cada vez que nos sentimos cansados y oprimidos", afirmó el Pontífice en su alocución previa al gesto conclusivo que puso fin a este gran evento eclesial que se inaugura de forma ordinaria cada cuarto de siglo para ofrecer la indulgencia plenaria a los fieles.
Con estas palabras, León XIV subrayó que, aunque el Jubileo ha llegado a su término, la misericordia de Dios permanece siempre abierta para los creyentes.
Antes de empujar los grandes portones, el Santo Padre pronunció en latín la fórmula prevista por el rito, siguiendo la práctica establecida desde 1975 y posteriormente simplificada por San Juan Pablo II durante el Jubileo del año 2000.