7 de enero de 2026 Donar
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SEEK 2026: Famoso sacerdote habla sobre Guadalupe, los milagros eucarísticos y “el lenguaje de la ciencia”

El P. Robert Spitzer, SJ, habla sobre fe, milagros y ciencia en SEEK 2026, el sábado 3 de enero de 2026

Mientras la conferencia SEEK continúa esta semana en Columbus, Ohio (Estados Unidos) —una de tres sedes junto con Denver y Fort Worth—, estudiantes universitarios que eligieron entre decenas de sesiones simultáneas llenaron un aula para escuchar al P. Robert Spitzer, SJ, examinar investigaciones científicas sobre milagros eucarísticos y la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe.

El P. Spitzer, presentador del programa de EWTN “Father Spitzer’s Universe” y fundador del Magis Center, es conocido por abordar cuestiones en la intersección entre fe, razón y ciencia. El Magis Center lanzó MagisAI en 2025, una herramienta de inteligencia artificial diseñada para responder preguntas sobre teología, moral, las Escrituras y la ciencia, un recurso que Spitzer destacó durante su presentación.

“Quiero ser muy claro”, dijo Spitzer al auditorio. “Mi objetivo es ofrecer buenas pruebas científicas de la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía”.

La conferencia se centró en tres milagros eucarísticos: Buenos Aires (1996), Tixtla, México (2006) y Sokółka, Polonia (2008). Cada uno ha sido investigado rigurosamente por científicos independientes, aunque sólo algunos han recibido reconocimiento eclesial local, y ninguno ha sido aprobado formalmente por el Vaticano.

Signos de la Presencia Real

En Buenos Aires, una hostia consagrada que había sido desechada en un candelabro fue posteriormente colocada en agua para disolverse, según el protocolo de la Iglesia. Relatos locales informaron que los fragmentos de la hostia no se disolvieron en el plazo de una semana, como se esperaba, sino que permanecieron en gran medida intactos incluso después de más de tres años. Con el tiempo, apareció en su superficie una extraña sustancia que mostraba características morfológicas propias del músculo cardíaco humano.

El análisis científico, aprobado por el entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio (luego Papa Francisco), involucró posteriormente al doctor Ricardo Castañon Gómez. Él informó que el tejido era, en efecto, músculo cardíaco humano procedente del ventrículo izquierdo y que, sorprendentemente, contenía glóbulos blancos vivos que normalmente morirían en cuestión de horas fuera del cuerpo.

Las muestras fueron enviadas al famoso cardiólogo y patólogo forense doctor Frederick Zugibe, quien confirmó las conclusiones de Castañon Gómez sin saber que procedían de una hostia consagrada.

Cuando se le dijo que provenían de una hostia eucarística, “(Zugibe) dijo que los hallazgos eran científicamente inexplicables”, relató Spitzer.

En Tixtla (México), una hostia consagrada pareció sangrar durante la Misa en 2006. Los investigadores, nuevamente entre ellos el doctor Castañon Gómez, descubrieron tejido cardíaco vivo incrustado en la hostia, del que manaba sangre fresca. El análisis molecular e histológico reveló que el tejido contenía fibras cardíacas y glóbulos blancos que realizaban sus funciones inmunológicas habituales.

Spitzer describió los hallazgos como inequívocos: “Se trataba de tejido cardíaco humano vivo, que producía sangre viva, sin ningún signo de descomposición. Estos fenómenos son desconcertantes desde un punto de vista naturalista”. Un reexamen años más tarde mostró que la hostia seguía exhibiendo signos de vida.

En Sokółka (Polonia), la microscopía electrónica de una hostia que sangró durante la Misa en 2008 reveló supuestamente que las moléculas del pan consagrado y el tejido cardíaco estaban fusionados a nivel microscópico, hasta los filamentos de las miofibrillas. Spitzer subrayó que esto no podía producirse por ningún medio biológico, químico o mecánico conocido por el ser humano.

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“La conclusión a la que llegaron fue impactante”, dijo Spitzer. “Aunque se afirma que estos hallazgos son inexplicables desde un punto de vista natural, su propósito no es forzar la creencia, sino mostrar que la fe y la razón son complementarias”.

“Hablando a una generación científicamente escéptica”

Spitzer habló también de la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe, que se ha conservado durante casi 500 años. Hecha de fibras de agave, que normalmente se descomponen en el transcurso de unas décadas, la imagen nunca se ha agrietado ni desteñido, y sus colores están incrustados en las propias fibras, sin trazos de pincel, imprimaciones ni capas protectoras. “Los colores se comportan ópticamente como las alas de una mariposa, cambiando con los ángulos y la distancia. Ningún pigmento —ni entonces ni ahora— puede explicar esto”, señaló.

Estudios de gran aumento de los ojos de la Virgen habrían revelado reflejos de la escena que tuvo lugar cuando Juan Diego desplegó por primera vez la tilma, incluyendo al propio santo, al obispo Fray Juan de Zumárraga, a un intérprete y a otras personas presentes. Spitzer añadió que las estrellas de su manto corresponden con precisión al cielo nocturno de México el 12 de diciembre de 1531, desde una perspectiva que ningún observador humano podría haber tenido.

Subrayó que estos fenómenos no tienen la intención de coaccionar la fe, sino de mostrar las formas extraordinarias en que Dios puede cruzarse con la experiencia humana. “Parece que Dios está hablando a una generación científicamente escéptica en el propio lenguaje de la ciencia”, dijo a los presentes. “Sin la ciencia moderna, nunca habríamos sabido nada de esto. Y quizá ese sea el punto”.

Pruebas científicas que apuntan a Dios

Hablando con CNA —agencia en inglés de EWTN News—, Spitzer reflexionó sobre el significado más amplio de estos estudios. “Hoy está muy extendida la idea de que la ciencia de algún modo ha refutado a Dios. Nada podría estar más lejos de la verdad. De hecho, hoy hay más pruebas científicas que apuntan a Dios que nunca antes”, afirmó.

Señaló que encuestas recientes indican que el 68% de los jóvenes científicos creen en Dios o en un poder superior, en comparación con alrededor del 15% que se identifica como ateo.

“Debido a la credibilidad de la ciencia hoy, Dios está permitiendo que los descubrimientos científicos abran nuevas puertas a la fe”. El doctor Castañon Gómez, por ejemplo, antiguo ateo, se convirtió al catolicismo tras lo que descubrió en sus estudios.

“No se puede forzar la fe, ni se puede probar de un modo que anule la libertad”, dijo Spitzer. “Pero se puede proporcionar suficiente evidencia para que una persona que quiera creer pueda hacerlo de manera razonable y responsable”.

Spitzer destacó especialmente el ejemplo de San Carlo Acutis, que recopiló en Internet todos los milagros eucarísticos del mundo antes de su muerte en 2006.

“Él nos enseña que la fe y la ciencia no son contradictorias; de hecho, son profundamente compatibles. La ciencia ha hecho que toda esta información sea accesible y convincente, y eso la convierte en una aliada poderosa en la búsqueda de la fe”, afirmó. “La fe y la razón, en última instancia, deben ser coherentes porque proceden de la misma fuente: Dios mismo”.

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En ese sentido, según Spitzer, San Carlo muestra a los jóvenes presentes en SEEK y más allá que “la santidad, el compromiso intelectual y el amor a la Eucaristía pueden —y deben— ir perfectamente de la mano”.

Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa. Publicado originalmente en CNA.

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